Capitulo 6

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Louis miró a ______ en el asiento del copiloto de su auto en el camino al garage donde estaba estacionado el auto de carreras. Ella se retorció las manos sobre el regazo y él reprimió una sonrisa. Todo esto iba a funcionar.

—Te ves nerviosa. —Giró a uno de los cruces de la autopista que cruzaban Long Island.

—Estoy bien. —Su voz fue firme. Ella estaba todo menos bien.

—¿He mencionado lo mucho que aprecio que hagas esto?

―Si. Un par de veces, pero puedo oírlo otra vez.

Él encendió la radio del auto para aliviar un poco la tensión que sentía. Teniendo a ______ tan cerca, quería llegar a ella, tocarla. Su pálida piel estaba enrojecida y sus manos iban a ser toscas donde obsesivamente se rozaban. Olía como el cielo y se recordó a sí mismo decirle a Walt que no arruinara eso.

―¿Vamos a ser una pareja divertida? ―A él le gustaban aquellas parejas que siempre estaban sonriendo, haciendo algo, no una de esas parejas aburridas que se sentaban en el sofá de la noche del sábado comiendo tazones de helado y viendo tontos programas de televisión. Quería reír y volar a Las Vegas en un momento dado.

—¿Qué quieres decir? —preguntó, ladeando la cabeza hacia él.

—Quiero ambos: alegre y divertido. Nada aburrido ni que recuerde al hombre y a la mujer con la horca.

—¿American Gothic? —preguntó ella con una sonrisa—. Escucha, Louis, solo puedo ser quien soy. Si estoy teniendo un buen momento, lo demuestro. Si no lo estoy... lo sabrás.

Louis salió de la autopista y entró en un camino de entrada cercado. La casa enorme fue lo primero que apareció a la vista, pero con un rápido giro del volante, él tomó un camino lateral a la parte trasera de la propiedad, donde se escondía un garaje de metal detrás de los pinos de gran tamaño. Pisó el acelerador y las rocas salieron proyectadas de debajo de las llantas. El auto salió disparado hacia adelante y él arriesgó una mirada a su pasajero. Ella agarraba el pomo de la puerta y apretaba los dientes.

Él sonrió.

Golpeando en los frenos, detuvo el auto a centímetros de la puerta del garaje. —Ya estamos aquí.

—Iba a decirte que pensaba que eras un buen piloto, pero... —Ella abrió la puerta y salió del auto, hablando todavía—. Ahora creo que eres demasiado confiado e imprudente.

—¿Imprudente? —dijo, ofendido. Se bajó del auto y cerró la puerta.

—Sí. Imprudente. Ese pequeño truco nos podría haber mandado a ambos al hospital, lo que habría logrado unas imágenes muy dulces.

Puso sus ojos en blanco algo que se encontró haciendo más a menudo desde que se mudó con las hermanas Cromwell.

—¿Me estás tomando el pelo? Conduzco autos de carreras para ganarme la vida. Viajar hasta 240 kilómetros por hora no es nada. Relájate, nena.

—¿Nena? —preguntó ella con las cejas levantadas.

—¿Querida?

—______ está bien.

Caminó alrededor del auto y pasó un brazo alrededor de sus hombros. Él sabía que se estaba arriesgando a un codazo en el estómago, pero no pudo evitarlo. Ella se veía perfecta, con su recién esmerilado cabello, suave maquillaje ahumado que evocaba pensamientos de horas de la noche y sábanas enredadas, y un vestido verde ajustado que se ensanchaba por encima de las rodillas. Ella era su pareja ideal y no importa cuán falso era todo esto, se sentía atraído por ella como una polilla a la llama, como un pez al agua y como el hombre a una mujer.

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