final.

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Esta es la parte final y si les soy sincera tomó un rumbo muy distinto al que tenía planeado. La historia es un conjunto de muchas emociones y pensamientos míos. Es más un descargue que otra cosa, pero lo comparto porque sé que no soy la única que en algún momento se sintió como estos personajes.

Mostré tres realidades distintas, de distintas vidas y pensamientos. Así que si en algún momento te sentiste como alguno de ellos quiero que sepas que todos pasamos por momentos malos, pero estos no son para siempre, y estos personajes son la clara representación de eso.

***

¿Alguna vez te has sentido extremadamente feliz, pero, al mismo tiempo, como si tuvieras los minutos contados? ¿No? Entonces déjame que te explique.

Me enamore de un chico, él también se enamoró de mí, pero estar juntos significaba ser los culpables de que alguien la pase mal. Yo no quería eso.

Él tomó sus propias decisiones, y culpo a mi corazón por haber aceptado iniciar una relación aún sabiendo de mis problemas de confianza.

Entendía que Adam terminó con su novia no solo por mi, sino también por ella. Pero de todos modos nada me aseguraba que dentro de un año —o menos tiempo— yo sería la siguiente chica en terminar con el corazón roto a causa del mismo hombre.

Pero es realmente frustrante vivir en la incertidumbre de lo que habría pasado. ¿De que me servía seguir actuando como una idiota con un amor no correspondido cuando ya no existian ataduras que no nos permitieran estar juntos?. Entonces al segundo que la frase "¿Quieres ser mi novia?" salió de sus labios, yo sólo acepté sin pensar en lo que luego pasaría.

El primer es de relación fue increíble, ya sabes, es el punto en el que toda la tensión guardada se descarga porque ahora están juntos y no existen límites que les impidan ser felices. El segundo mes la intensidad disminuyó, pero la relación seguía siendo increíble. El tercer mes fue el problema.

Fue el momento donde si bien ambos sabíamos que nos queríamos, no todo era interesante, entonces comenzamos a pasar menos tiempo juntos.

Adam comenzó a salir más con sus amigos, a bares y boliches. No me consideró una persona celosa pero la inseguridad me volvió maniatica. Revisaba su celular mientras él estaba distraído intentando encontrar algo que lo culpabilizara, siendo consciente de que nunca me dio razones para desconfiar. Me negué varias veces a que me dejara para salir con otras personas, porque necesitaba que se quede a mi lado asegurándome que me quería, él nunca reaccionó mal, solo se reía y aceptaba.

Volvimos a pasar mucho más tiempo juntos y comencé a sentirme agobiada, no aguantaba sus bromas ni sus muestras de afecto. Lo echaba de mi casa o no le hablaba durante horas. Me respetó y dió mi espacio, pero empecé a extrañarlo.

Y así fue un bucle sin fin hasta que cumplimos seis meses juntos. Me estaba volviendo loca.

Sabía que lo quería, realmente era una buena persona y jamás me había hecho sentir mal. Me respetaba, era el hombre perfecto, pero yo no me conformaba.

En ese momento comprendí que las razones de mi actuar no se debían a que necesitaba a otra persona o a Adam, sino que me necesitaba a mi misma.

No desconfiaba de él, desconfiaba de mí, de no ser lo suficientemente linda, buena e inteligente como para que se quede conmigo. No me agobiaba su presencia, sino que me agobiaba pensar que luego de conocerme un poco más, mis defectos serían notables y me dejaría. En ese momento quise tener un amigo o alguien con quien contar solo para sentirme un poco más acompañada, pero la realidad es que no tenía a nadie porque era experta en arruinar relaciones.

Alejaba a la gente cuando comenzaba a sentir que todo era una mentira, que solo estaban conmigo por pena u obligación, esto nunca fue así. Las acciones delatan a las personas, quedarse a altas horas de la madrugada consolandote o acompañándote, defenderte de otras personas sin que se lo pidas, escucharte y ser sinceros contigo porque es la única forma de que puedas ver dónde está el problema y solucionarlo. Esos son actos que una persona no puede obligarse a hacer.

Pase una semana entera ahogándome en soledad con mis sentimientos, viendo la vida perfecta que todos tenían pero yo no. Luego me sentí tremendamente egoísta, porque la vida perfecta no existe. La felicidad es una emoción pasajera, es por eso que se dice que la felicidad son momentos. Nunca vas a estar feliz toda tu vida, como tampoco nunca estarás por siempre triste, todos tenemos altos y bajos, lo importante está en poder superar los problemas y valorar los buenos días.

Entonces caí en cuenta que durante todo este tiempo estuve siendo demasiado egoísta, sacando gente de mi vida sin pensar jamás en cómo se sentirían. Todas eran suposiciones mías, no puedes simplemente huir de tus problemas con los demás, somos personas y tenemos derecho a expresar la forma en la que otros nos hacen sentir. Esta reflexión me llevó a llamar a alguien.

—¿Estás enfadada? —pregunté en el momento que respondió.

—Sabes que no podría.

Así que terminé en una cafetería con Crystal. Al principio la conversación fue superficial hasta que por fin tuve el valor para disculparme por haber desaparecido de su vida cuando teníamos quince años y yo me cambié de colegio, también me disculpé por todo el drama con Adam. Ella solo me sonrió y dijo que "todo pasa por algo". Me escuchó hablar de todas las emociones que me sobrepasaron durante todo este tiempo. Yo la escuché hablar sobre las novedades de su vida y los problemas que tuvo que pasar.

Cuando volví a casa, me sentía ligera, pero sabía que esto no terminaría aquí. El proceso para poder entender a mis sentimientos y a mi iba a ser largo. Sabía que una de las razones por las que arruinaba mis relaciones con las personas eran todas producto de mi cabeza, por lo que antes de terminar lastimando a más y más gente que solo quería ayudarme, pedí una cita con un psicólogo.

Pase por muchas cosas a lo largo de mis diecinueve años que nadie además de un profesional podría entender, necesitaba contar con alguien con quien pudiera hablar sabiendo que no estaría diciendome lo "conveniente" sino lo que verdaderamente me haría avanzar como persona y superar cada una de las cosas que me aterraba.

El segundo paso fue convencerme de que depender de una persona era lo peor que podía hacerle a mi autoestima y mente. Terminé con Adam sintiéndome orgullosa, mis relaciones románticas anteriores siempre terminaban a causa de la otra persona y no por decisión mía, siempre hacía lo que fuera para aferrarme a ellos porque dependía de ellos.

Con el tiempo, pude entenderme y comenzar a quererme cada día un poco más, comprendiendo que todos tienen al menos una persona que los quiere y se preocupa por ellos, siendo consciente de que, si cometía un error, no tenia porque pensar en eso todos los días, todos cometemos errores y eso es lo que nos hace personas. Perdone a aquellos que me habían lastimado sin intenciones de hacerlo, deje de crucificarlos cuando entendí que somos la viva representación del Ying y el Yang y que nadie es la excepción, ni siquiera yo.

Adam y Crystal se quedaron junto a mí, me sostuvieron en mis peores momentos y rompieron la soga cada vez que me cortaba la respiración. Dejaron de ser las manos que me sacaron del agua para convertirse en las personas que me enseñaban a nadar.

Nadie puede respirar por ti.

5 años después, puedo entender esto. He sido la responsable de romperme, pero por esa razón debo ser la responsable de reconstruirme, porque alguien puede ayudarme a poner una pieza en su lugar, pero no será capaz de armar todo el rompecabezas porque solo nosotros nos conocemos de verdad.

Ahora, te digo a ti que estás leyendo. Si eres capaz de alentar a los demás, de ver lo bueno en las personas, de perdonar las malas acciones, ¿que estas esperando para luchar por lo que quieres y perdonarte a ti mismo?


Gracias por leer esto y apoyarme❣

¿Existe un culpable?Donde viven las historias. Descúbrelo ahora