---------------

827 78 11
                                        

Hizashi no estaba en ningún lugar, du ausencia pesaba en el aire, como si todo estuviera un poco más gris. Fui al salón de la clase que le tocaba, no estaba, no contestaba el teléfono, no estaba en los pasillos, ni en la sala de maestros, ni en la azotea, ni en el jardín.

Algo estaba mal.

Fui al baño más cercano, desesperado. Me agaché para mirar debajo de las puertas... y entonces los vi, esas botas negras con rojo que nadie más en este maldito lugar usaría.

Abrí la puerta sin pensarlo.

Shota: - Hiza-

Y me congelé.

Ahí estaba él, tirado en el suelo, sentado contra la pared, con la cabeza recargada hacia un lado. Sus labios estaban partidos, su piel era tan pálida que parecía de papel, de su boca colgaban pétalos, algunos enteros, otros ensangrentados, y a su alrededor... un mar de margaritas marchitas y manchadas de rojo. El vómito seco, la sangre.

Y aún así, sonreía.

Hizashi: - Hola, Shou...

Mi cuerpo se quebró.

Shota: - Hizashi... ¡¿Qué carajos hiciste?! ¡¿Estás bien?!

Caí de rodillas a su lado, sacudiéndolo, sintiendo el temblor en sus brazos, el frío metiéndose en sus huesos.

Shota: - ¡Hizashi!

Él apenas parpadeó.

Hizashi: - Shota... yo... te amo. En serio... te amo... Haría lo que fuera para hacerte feliz...

Shota: - Hizashi...

Mi voz se quebró. Lo tomé entre mis brazos, como si pudiera evitar que se fuera así.

Shota: - Yo... también te amo.

Sus ojos se abrieron un poco más, sorprendidos. Pero ya era tarde, su aliento era corto, forzado, su pecho apenas subía y bajaba. Lo abracé fuerte, con los ojos clavados en él.

No podía perderlo.

No ahora.

No así.

Y entonces lo recordé. Siempre cargaba una pistola pequeña en el bolsillo por "si algo pasaba". Una de esas medidas absurdas contra un quirk que solo Hizashi tomaría por precaución.

Metí la mano en su chaqueta y la encontré.

La tomé, pesaba más de lo que pensaba, el metal estaba frío.

Perfecto. Preciso.

Me senté en el suelo, con él aún en mis brazos, lo tenía recargado contra mi pecho, su cuerpo temblando apenas como si su alma ya se estuviera despidiendo.

Apunté.

Justo al centro de mi pecho.

Justo donde más me dolía.

Shota: - Lo siento, Zashi...

Mis dedos estaban firmes sobre el gatillo.

Shota: - Nunca pude aceptar lo que sentía por ti. Y ahora tú estás sufriendo las consecuencias...

Disparé.

El dolor fue inmediato, un ardor punzante que se extendió por todo mi cuerpo. Caí hacia atrás, pero no solté a Hizashi. Lo abracé con las últimas fuerzas que tenía, presionándolo contra mí, sintiendo su calor desvanecerse, mientras el mío se drenaba en el suelo a su lado.

Sangre, sangre por todas partes, suya, mía.

Quizá esto no era lo que él quería...

Pero era lo único que yo podía hacer.

No podría soportar una vida sin él.

Cerré los ojos con él en mis brazos.

Y no despertaríamos jamás.

Margaritas - ErasermicDonde viven las historias. Descúbrelo ahora