Capítulo 6. Encuentros

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El Civitas Grand Resort era un hotel de cuatro estrellas y diez pisos, con piscina, gimnasio y un restaurante en la planta baja.

En el lobby, varios chakats descansaban estirados sobre sofás diseñados para tauros.

Al acercarse al mostrador, Esteban fue atendido por un chakat de un llamativo pelaje azulado e impecable uniforme marrón. Tras revisar sus documentos, el recepcionista dibujó una amplia sonrisa en su rostro peludo.

—Bienvenido, señor Melinao. Mi nombre es Chakat Bluekast. Estoy a su disposición para lo que necesite.

—¿Eh? Gracias.

—Aquí tiene las llaves de su habitación. Sexto piso.

—Quisiera comer algo antes de subir —dijo Esteban, estimulado por el agradable aroma proveniente del restaurante.

—Por supuesto, pase a nuestro comedor. Encontrará un menú variado.

El humano se apresuró hacia el lugar y se sentó en la primera mesa vacía que encontró. El hambre apremiaba. Pidió al camarero chakat el menú de la tarde y lo devoró con ansias: huevo con tocino, leche y panecillos de kangret. Tras quedar satisfecho, tomó el ascensor a su habitación.

El cuarto era sencillo, acorde con los créditos que había pagado. Tenía una bonita vista a la playa, una cama amplia y un baño cómodo, ideal para una estadía de dos semanas. Acomodó lo poco que traía en el clóset y decidió tomar una ducha.

El agua agradable y refrescante relajó todos sus músculos. Luego de secarse, y como Chakastra ya se ocultaba en el horizonte, decidió irse a dormir. Estaba demasiado cansado como para hacer otra cosa.

El renzar de peluche quedó ahí frente a él, observándolo con su rostro desgastado. En su presencia, el humano se sentía como en casa, aunque se encontrara en cualquier planeta del universo.

***

Chakastra ya se encontraba en lo alto del cielo cuando despertó. Eran las 11 de la mañana, según el horario local. Se levantó rápidamente y echó un vistazo por la ventana. Sobre la bahía, un profundo cielo azul dominaba el panorama. Al otro lado de la calle se extendía la enorme playa que, a esa hora, contaba con un gran número de bañistas.

—Bien, ya que estaré aquí por dos semanas, supongo que podré conocer la ciudad —se dijo, desperezándose.

Tomó una rápida ducha y se puso un atuendo deportivo: shorts, polera sin mangas y sus viejas zapatillas para correr. Bajó al restaurante del hotel y desayunó tranquilamente. A esa hora no había mucha gente allí.

De pronto, un mensaje llegó a su PADD:

Señor Melinao. Soy Bluekast. Preséntese en recepción, por favor.

Curioso, se levantó y se dirigió al lobby. Al llegar, el chakat lo esperaba tras el mostrador.

—Buenos días, señor Melinao. Afortunadamente envié el mensaje a tiempo. Creí que ya no se encontraba en el hotel.

—Bueno, ahora planeaba ir a la playa. ¿Pasa algo, shir?

—En la oficina contigua lo espera una persona.

—¿A mí?

—Sí. Preguntó por usted.

—Hmmm... Tal vez sean de la universidad —dijo el humano, pensando en voz alta.

—Vaya y averígüelo —sugirió Bluekast con una sonrisa.

—Claro, con permiso.

A unos metros del mostrador había una pequeña oficina con la puerta cerrada. Cuando Esteban dio unos golpecitos, una suave voz se escuchó desde el interior.

Atardecer en AmistadDonde viven las historias. Descúbrelo ahora