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— tu madre me odia — Mandinha reprochó sentada desde la cama, estábamos en mi casa ya en Mar del Plata, Mandinha se había negado en un principio en venir, pero la convencí diciéndole que después le pagaba un viaje para que pueda visitar a su familia y después vacaciones en Paris con las amigas, se iría unos días antes de año nuevo.
— ella todavía está enojada — susurre, mi mamá jamás superaría a Maia, o como siempre le dije, Xiomi.
— ¿con? ¿con qué te hubieses ido sin despedirte? — preguntó confundida.
— sí — respondi saliendo de mí habitación y yendo hasta el baño para poder bañarme, pero en cuanto pasé por el living escuché la voz de mi mamá, estaba enojada hablando por teléfono, no le presté atención hasta que escuché que dijo su nombre.
— es que Mai... esta acá... llegó como si nada... no, no me digas que no me enoje... estoy re caliente... no Mai... a ver mi vida... ¿sí?... Eso me hizo sentir feliz... estoy muy feliz... ya me alégraste el día mi vida... sí... ¿con Juani?... bueno... cuídate muchísimo corazón, tene cuidado, portate muy bien... nos vemos... no puedo esperar volver a verte... te quiero más... sí chau... no te prometo nada eh... chau linda — me metí al baño con una sonrisa tonta.
Hace banda no se de ella, siempre la stalkeo por Instagram o Twitter, esta muy activa por ahí, desde la última vez que la vi creció demasiado, es una mujer posta muy linda, tanto sentil como físicamente.
Su pelo es rubio oscuro, con mechitas naturales rubias, tiene unas increíbles ondas naturales hermosas, la última vez que la vi tenía el pelo por casi la cintura, sus rasgos son finos, tiene unos hermosos ojos verdes que me matan, posta, su piel es un poquito más oscura que la mía, y en verano siempre que se bronceaba me volvía loco.
Sonreí nostalgicamente y busqué en mi celular la galería de fotos de los dos juntos, la extrañaba un montón, ella fue mi primer amor, mi primer todo y es demasiado difícil no escribirle, no llamarla, no hablarle, no tener contacto con ella básicamente.
— Emiliano — la voz de mí mamá me sacó de la nube de pedos en la que estaba.
— ¿qué pasa vieja? — pregunté desde el baño, ella había golpeado la puerta. Estaba posta demasiado enojada, solo me dice Emiliano cuando esta re caliente y odio que mi vieja estuviera tan enojada conmigo.
— necesito hablar con vos — pidió, note que su voz era mucho más seria que otras veces, y entendí que quiere hablar sobre Maia y Mandinha.
— me baño y hablamos — escuché como suspiraba y soltaba un "sí" antes de escuchar sus pasos alejarse.
Me desvesti, abrí la ducha y esperé a que el agua se calentará mientras me veía en el espejo y como por décima vez en lo que va del mes me puse a pensar en cuanto la extraño, en lo mucho que me hace falta, en su sonrisa, en sus hermosos ojos verdes, en sus chistes sobre cualquier cosa que ve, su risa, sus caricias, sus mimos, como me hacía sentir único, feliz, contento, me hacía sentir como vivir sobre una nube. Me arrepiento cada día de haberle hecho lo que le hice, pero todo tuvo una razón, todo fue por algo, fue lo mejor para los dos, no podía dejarla seguirme, no podía hacer que dejara a un costado sus sueños por el mío, era demasiado egoísta de mi parte, ella siempre se merecerá el mundo entero, y si yo tengo que dar un paso al costado, lo voy a dar solo para que ella sea feliz y triunfe lo más que pueda.
— amor — escuché la voz de Mandinha mientras tocaba la puerta suavemente.
— ¿qué pasó? — pregunté mientras me metía a la ducha y empezaba a sentir el agua sobre mi cara. No puedo seguir así, pensado en ella constantemente, esta mal tanto para mí y para mi mujer, estoy con ella por algo.
Para olvidar a Xiomira.
— ¿te puedo acompañar? — preguntó abriendo la puerta. Comúnmente abría dicho que sí, hubiéramos garchado y todo tranqui, pero hoy no, no tengo ganas, de mi cabeza no sale Maia.
— hoy no Mandinha, estoy re cansado — le dije sin mirarla, había corrido la cortina y me veía expectante, no quise girar a ver su cara de enojo, porque seguro era esa.
— como tú digas — la cortina cayó nuevamente en su lugar y ella salió rápidamente del baño. Suspire cansado.
[•••]
— Emiliano, anda y comprame pan y mayonesa — pidió mi vieja, estábamos sentados con mi hermano y mi viejo delante del asado charlando.
— voy — me levanté de la repocera y entré a mi casa, Mandinha estaba sentada con cara de culo en el sillón con el celular en mano.
— ¿vas a salir? — preguntó en cuanto escuchó mis pasos, yo asenti y pasé hasta la cocina donde mi vieja para agarrar la plata y el bolso.
— trae lo que necesites, si te alcanza una gaseosa y algunas cervezas — le sonreí y agarré la plata y el bolso — anda al Sambueza, es más barato — asenti y salí de la cocina, Mandinha ya no estaba en el living.
Salí de la casa y apenas cerré el portón escuché su tan conocida risa, miré hacia su tan ya familiar casa y ahí estaba ella, bajando unas maletas de un auto negro mientras se reía con un tipo ¿Maia tiene novio?
Me giré bruscamente intentando ocultar las ganas de pegarle a algo, me tranquilice como pude y comencé a caminar en dirección al kiosko y hacerme el boludo para que no me vean cuando escuchó como me llaman.
— EEE DIBU — la tan conocida voz de Juan, el hermano de Maia me frena, me giró esperando encontrarme con su tan hermosa sonrisa esperando verme para salir corriendo hasta donde estoy y abrazarnos como solíamos hacer siempre, pero ya no estaba, ni el chabon con el que estaba, en su lugar estaban Juan y Ramón, el viejo de Maia y los pibes.
— ehhh, Juani, don Doskas — los saludé con la mano a cada uno sonriendo. Aunque haya dejado a su hermana e hija destrozada me siguen queriendo y preocupándose por mí, porque todos en su familia son muy buenos, igual que ella.
— ¿cómo estás, hijo? ¿cómo te está yendo? — Don Doskas preguntó dejándome notar su interés en mí. Siempre igual. Jamás me voy a cansar de decir que amo a su familia.
— re bien, no se si se enteró que estoy ahora como préstamo en el Getafe C. F. por toda la temporada y después vuelvo al Arsenal — comenté alegre, ellos me miraron sonrientes.
— siempre supe que ibas a triunfar, sos muy bueno, estoy orgulloso de vos — Ramon me palmeo el hombro sonriendome. Una sonrisa sincera se aproximó y lo abracé, es un increíble hombre, me hubiera encantado seguir llamándolo suegro.
— gracias don Doskas, gracias — le dije sinceramente, este hombre me vio crecer, vivía en su casa, siempre iban a mis partidos, bueno, aprovechaban de verme a mí, porque Benja jugaba conmigo.
— PAPÁ, NECESITAMOS AYUDAA — se escuchó su grito desde adentro de la casa, tragué grueso apenas la escuché, saber que esta noche nos vamos a ver, y vamos a compartir mesa me pone muy nervioso y ansioso, necesito verla, tocarla, besarla.
No, no puedo pensar eso, estoy con Mandinha, Maia es algo del pasado, y yo priorice su futuro, conmigo ella no hubiera logrado lo que ha logrado hasta ahora, y se que es muy talentosa como para desperdiciar todo eso por irse a la siga mía.
— YA VOY — gritó de nuevo don Doskas, me miró y sonrió — nos vemos esta noche hijo — me volvió a palmear el hombro y entró a la casa, donde se escuchaba la típica música que le gusta a don Doskas.
— ojo con mi hermana — me advirtió serio Juan, asenti y él igual — no quiero que te acerques a ella, cada uno tiene su pareja y rehizo su vida, no quiero que ella se vuelva a sentir mal por culpa tuya. Ninguno de mis hermanos nos olvidamos, y aunque mi viejo parezca lo más piola con vos, él tampoco se olvida — me advirtió, y aunque me dolió saber que ella ya tenía pareja nuevamente, me prometí no volver a hablarle y tratar de bloquear todos mis sentimientos. — Nos vemos esta noche, Dibu. Felicitaciones por tus logros — me sonrió, golpeo mi hombro y entró a la casa.
Yo suspire y me pasé las manos por el pelo, me di media vuelta y seguí camino al kiosco.