Doceava Carta:

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Doceava Carta:
Hola Alex.
Prefiero que mi enfermedad se quede en el anonimato. No es que no confie en ti, es solo que no le veo mucho el caso a que sepas mi estado de salud, ni yo misma deseo saberlo; mejor continuemos con nuestra amistad, como cualquier persona, finge que no nos conocimos en estas circunstancias, fingiendo es la única manera de no sentirme depresiva, fingiendo que tengo oportunidad de vivir es la única forma de sentirme... viva.
Pasando a lo otro, *incerte risa burlona* lamento arruinar tu coqueteo, sólo te fui sincera. Tu hermano es atractivo, claro que si, pero mi corazón por alguna razón, solo se descontrola cuando veo tus cartas es sus manos, cuando llegan a mi regazo, cuando las abro, cuando las leo, cuando me escribes, solo cuando de ti se trata es que me permito sentir como niña de doce años: puberta y enamorada.

De: Alex
Para: Alex
Dirección: Habitación 567 del quinto piso.

Termina de escribir la pelirroja. A pesar de su aspecto cansado y pálido, su sonrisa nunca abandonaba su rostro, mucho menos esa pequeña luz que reflejaban siempre sus ojos. Toda ella era un rayo de esperanza, de vida, porque sí, aunque suene irónico sabiendo su historia, Alex siempre desprendía vida.

Esa mañana por la puerta de la habitación 186 del segundo piso, en el hospital "Esperanza" de San Fernando, entraba un muy sonriente Walter Coleman, uno de los favoritos entre los huéspedes del hospital; doctor estrella, persona modelo, envidia de los chicos y hombre inalcanzable para la comunidad femenina. El chico era atractivo, Alex tenía que aceptarlo; pero sin imaginarlo, su corazón pertenecía indudablemente a alguien que ni siquiera conocía, no podía evitarlo, serle fiel a la letra de un chico desconocido, era su pasión.

–Buenos días, bonita.–fue el saludo que habitualmente usaba el doctor Walter para dirigirse a Alex Janssen; la chica enferma de la habitación 186, y aquella que había logrado hacer que su amargado y testarudo hermano, sonríera. Tal vez es por eso que empleaba un mejor trato hacia ella, tal vez es por eso que había empezado a llamarla "bonita" sin importarle cualquier norma que pudiera prohibirselo, tal vez es por eso y no por lastima.

–Buenos días, doctor.–responde la pelirroja.
Walter sabía de la belleza de la chica, su melena roja con largos rizos siempre la caracterizarían, claro está, pero aún sin ellos, aún sí llegasen a desaparecer... ella seguiría luciendo hermosa, de eso estaba seguro. Hace un extraño sonido de negación con su boca.

–Nada de "doctor", ¿cuántas veces te lo he dicho ya, Alex?–ella agacha la mirada, apenada, y sus mejillas se cubren de un rojo intenso, casi de la misma tonalidad que su cabello, lo cual, ya era decir demasiado.

–Lo siento. Buenos días... Walter.–se corrigue. Era extraño para ella llamara a su doctor sólo por su nombre, no sentía que la confianza que se tenían fuera tan lejos. Ahora comprendía porque Alex sí que lo llamaba por su nombre, pues eran hermanos, pero ¿ella?, ¿quién demonios podría ser ella para tomarse ese atrevimiento?, aunque, al fin y al cabo había sido él quien le había hecho tal petición.

–No te preocupes, bonita. ¿Cómo te sientes el día de hoy?–la chica levanta la cabeza al instante, con una brillante sonrisa plantada en su rostro, o al menos eso pensaba ella, pues Walter como médico y como persona se daba cuenta de la lucha que esta chica hacía cada día.

—Mucho mejor, doc..Walter, Walter, me siento mejor.–se corrigue instantáneamente. El hombre que cuidaba de la salud de la chica no se sentía totalmente convencido con las palabras de la pelirroja, así que prefirió irse por su chequeo diario.

—Esta bien, aún así veré si tienes algún problema.–ella asiente sin protestar. La chica sabía que no servía de nada negarse, sus chequeos siempre solían ser interesantes, pero desde que había recibido la primera carta de Alex se habían hecho mucho más, pues disfrutaba de hacerle preguntas a su doctor sobre su hermano.

El médico se acercó a su paciente, pero antes de tomar su brazo se detuvo, con la mirada fija en el regazo de la chica, más específicamente en lo que sus blanquecinas manos sostenían.
Alex siguió la mirada de Walter, y hasta donde se había detenido, sonrío felizmente al notar que paraban en la doblades de la hoja blanca que sostenía con fuerza.
El doctor eleva una de sus pobladas cejas.

—¿Algo nuevo para el correo?–pregunta Walter, bromeando. La chica asiente sin borrar la sonrisa de su pálido rostro.

—Recién la termine.–responde sin deseos de esconder su emoción. El médico asiente con una sonrisa igualmente genuina. Se había hecho costumbre el estar asiendo de cartero, en especial si eso significaba ser espectador en la linda historia de su hermano menor.

—Perfecto, solo termino aquí y voy directo a su habitación. ¿Te parece bien?–igualmente emocionada asiente. Estuvo esperándolo toda la mañana, que tanto era algunos minutos más.
Empezaron los chequeos tradicionales, la presión, el latido de su corazón, su vista... todo parecía normal, bueno, normal para la condición de la paciente, asi que al terminar, el doctor no tuvo más remedio que fingir satisfacción aún cuando sé dio cuenta de que había empeorado en comparación con la semana pasada, tal vez no para alarmarse pero si para darle realidad a lo que podría llegar a pasar.

—¿Y?, estoy mejor, ¿verdad Walter?

—Eh... claro, sigue esforzandote bonita, que quiero verte pronto salir de aquí.

—Por supuesto, pero no pienses que cuando salga me olvidaré de ti, al fin de cuentas eres mi doctor y...–la muchacha decide callar, le daba un poco de pena decir en voz alta el loco pensamiento, tal vez fuese tonto sabiendo que Walter no entendería con que motivo soltaba aquello, igual, no es que fuera algo atrevido; para nada.

—¿Y?–curosea el hombre frente a ella.

—Y... y eres el hermano de Alex–suelta nerviosa, tal vez si pudieran estar en su mente sabrían lo difícil que ha sido para ella decir eso, algo que para los demás puede ser tan casual como tomar café por las mañanas, para ella... para ella lo era todo.

Una risa jovial es soltada por él. Le parecía tierna la forma en que esos dos estaban tratándose, parecía algo tan puro que no pudo evitar sentir algo de envidia, pues, a su edad, aún no encontraba a su Julieta.
Julieta... así era como Alex la llamaba, no sabia si era por lo extraño de la coincidencia o el hecho de que realmente quería hacerse de cuento y pensaba tener su romance o tragedia. Eso era lo que le atemorizada más a Walter, el ver como ambos se aferran uno con el otro, el ser el único en saber la condición de ambos; amaba a su hermano, y haría cualquier cosa para que este fuera feliz y estuviese sano, pero, sin poder evitarlo, el pensamiento que siempre le albergaba su mente era el si está historia, la historia de su hermano y la pelirroja, la historia de Alex con Alex tendrá un "final feliz" o solo el final.

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⏰ Última actualización: Nov 28, 2021 ⏰

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