12. Esfuerzo

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La guerra, la fría, oscura y tenebrosa idea de tener que ir a luchar y probablemente morir solo por que los grandes reyes se llevan mal.

A todos le aterra la idea de morirse de forma cruel y violenta solo por que su líder o rey lo ordenaba, bueno, casi a todos.

Una pequeña fracción de la población del Imperio de Midgar sueña con llegar a ser un gran y letal guerrero o guerrera, luchar en nombre de los Dioses y de su patria, pero claro, un simple sueño de niños, una vez que creces, te das cuenta de que la vida no es tan fácil.

Solo un 69% soldados regresaban con vida de las actuales "exploraciones", la mayoría regresaba con múltiples traumas. Algo tenebroso, tomando en cuenta de que en Midgar, un 70% son entrenados arduamente, otro 29% serían los llamados... "carne de cañón", mientras el 1% son hijos de nobles o de peces gordos que quieran "Descubrir que se siente ser un héroe".

"Estupideces, estupideces de niños pequeños que aún no saben lo que es trabajar y ganarse la vida. "

"¿Soldado? Em... ¿Por qué no mejor te vuelves herrero, como lo fue tu padre..."

"Niño, eso es suicidio."

"Ni puedes mover una espada y ya quieres ser soldado, no me hagas reír"

"No, no creo que sea lo tuyo."

Comentarios de ese tipo llegaban todos los días, las personas simplemente no podían aceptar que el quería ser soldado.

Desde niño tuvo esa ilusión, cuando su padre "Marcus Worden" un famosos herrero falleció, todos esperaban que el sugiera su legado en la herrería.

Pero... No, a él no le interesaba la herrería, es verdad que siempre veía a su padre cuando hacía armas o las vendía, pero no era por que quisiera aprender a hacerlas, más bien... Quería portarlas, cuando le digo a sus padres ellos comenzaron a reír, era normal, un niño de 8 años queriendo ser soldado, era un sueño absurdo que se iría con el tiempo... O tal vez no.

Kortric Worden, 17 años.

Ocupación: Vagabundo

"Mierda, mierda, mierda... Llegare tarde."

Murmuraba un joven. El tenía la piel oscura y cabello negro, además de unos ojos marrones, una persona común y corriente.

El chico iba corriendo, de lejos se notaba su apuro.

"¡Mocoso! ¡Mira por dónde vas!"

"Lo lamento, Señor!"

Seguía y seguía corriendo, llegó hasta fuera de la ciudad, el bosque de Los cantares.

El joven tomó aire, luego de eso, miró para todas direcciones, estaba buscando algo... O a alguien.

"Llegas tarde"

Se escucho la voz de lo que parecía ser una chica.

"Si... Lo lamento mucho."

Cuando el joven volteo, vio a una mujer en sus veintitantos años, tenía una mascara blanca, ropa algo olgada y una armadura que apenas cubría partes vitales. Lo que más llamaba la atención de ella era su espada, una hermosa pieza de arte, su hoja parecía hecha de un material muy caro, además de tener runas y un pequeño rubí incrustado.

"Niño, siempre llegas tarde, si quieres ser un soldado, mínimo se disciplinado."

"Si, prometo que la próxima..."

Sus palabras fueron cortadas por una sensación de frío en su cuello, rápidamente entendió, era una espada, la espada de su maestra.

"Además de disciplina

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