Al día siguiente se despertó sobre la cama; ni siquiera se había quitado la ropa. Se despabiló un momento y miró su PADD.
—Ya es mediodía —murmuró.
Se desvistió y se introdujo a la regadera. Pese a lo ocurrido la noche anterior, sentía el cuerpo liviano. No había náuseas ni rastros de algún dolor físico.
Tras secarse y vestirse con atuendo deportivo, miró un instante por la ventana. Afuera bullía de vida como siempre. Chakastra, el mar azul y la playa llena de bañistas lo invitaban a abandonar su habitación.
Pero el temor seguía allí. A ratos lo paralizaba.
"¿Será seguro salir? Si me encuentro de nuevo con ese skunktaur o con ese tal Brend, ¿debería ir a la policía? La hermana de Regthar es policía. ¿Y si le cuento todo?"
Miró la diadema encima de la mesita de noche. Y también al peluche. Eran Vroeg y Regthar hablándole.
"También hay gente buena aquí", pensó.
Suspiró profundo y salió del cuarto rumbo a la playa. Al pasar por el lobby vio a Bluekast atendiendo a unos pasajeros. Lo saludó de mano y el chakat asintió moviendo las orejas. Cruzó la costanera y sus pies hicieron contacto con la arena. Se puso sus audífonos a todo volumen y trató de relajarse con unos minutos de trote.
Esperaba que Vroeg estuviera en el lugar de siempre a esa hora.
Tras ejercitarse por varios minutos pasó junto al montículo de arena, pero el lugar estaba vacío. Vroeg aún no había llegado. Decidió seguir trotando hasta el otro extremo de la bahía para darle tiempo.
Tras varios minutos volvió a pasar frente al montículo. Seguía vacío. Se detuvo para tomar aire. Cerró los ojos un momento al escuchar una de sus canciones favoritas por los auriculares.
—¡¡¡Bu!!! ¡¡Grrrrr!!
—¡¡¡Mierda!!! ¡¡¿Qué rayos?!!
—Ja, ja, ja, ja... ¡¡Debiste ver tu cara, muchacho!! —dijo de pronto una voz conocida.
—¡Vroeg! ¡Cómo te atreves! ¡¿Por qué me asustas de esa forma?! —exclamó Esteban ofuscado. Pero la mofeta no paraba de reír.
—¡¿Acaso estás demente?! —insistió.
—¿Por qué lo preguntas si ya estás convencido de que sí? Ja, ja, ja.
—¡Sí lo estás!
—Dime, ¿por qué tenías los ojos cerrados? ¿Tratabas de meditar? Porque si es así, lo hacías muy mal, hijo.
—¡No! ¡No estaba meditando! Solo quería... ¡Bah! Olvídalo —gruñó con rabia el muchacho.
—La vida sorprende igual que ese susto. Lo importante es cómo reaccionas. De verdad tu cara se veía muy graciosa.
—Vroeg, ya basta. No estoy de humor para bromas.
—¿Por qué? ¿Ocurrió algo?
El muchacho le lanzó una mirada cargada de ansiedad.
—A ver, calma, hijo. ¿Te parece bien si caminamos un rato?
—¿Caminar? Pensé que no hacías más que echar tu perezoso trasero en ese montículo de arena.
—¿Oh, eso crees?
Esteban, al percatarse de la rudeza de sus palabras, bajó la mirada.
—Perdona... Es que... no tuve una buena noche... perdón.
Vroeg, al notar tristeza en su mirada, se apresuró a decir:
—Me parece que es necesario que caminemos. Si no estás cansado después del trote, claro.
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Atardecer en Amistad
Khoa học viễn tưởngAtardecer en Amistad narra la historia de Esteban Melinao, un joven ingeniero que arriba a Chakona huyendo de un pasado tormentoso. Nacido en la Unión Sudamericana y marcado por el apellido de un padre terrorista, Esteban busca en este nuevo mundo u...
