-¡¡¡RIIIIIIIIIIIINNNGG!!! ¡¡RIIIIIINNNGG!!-
-Ahh-
-¡¡RIIIIIIIIIIINNGG!!¡¡RIIIIIIIIINNGG!!
-¡AGG!- Levanté la mirada •Puff las ocho de la mañana• Parpadeé, tanteando con mis manos di al interruptor, quité la alarma del móvil y me levante. La cabeza me daba vueltas pero aun así tenía que asistir a una reunión y debía arreglarme. Me quité el pijama y me dispuse a entrar en la ducha cuando escuche ruidos en la entrada. Parándome agudicé el oído.
– ¿Dónde está? – inquirió una voz masculina.
– En su cuarto, creo que acaba de despertarse.- oí responder a Mindy.
– Déjame pasar. -Solicitó apremiante la voz masculina. Anude una toalla a mi torso desnudo y me dispuse a tener que enfrentarme a alguien que, aunque me sonaba, no lograba reconocer.
-Leah tengo que hablar contigo de lo que pasó anoche. -Insistió un chico de pelo castaño y apariencia de enclenque, mientras abría la puerta de mi habitación.
-Muy bien, pasa.-Le conteste indicando el borde de la cama, donde nos sentamos los dos.- ¿Qué pasó anoche que es tan urgente?-
-No me digas “qué pasó” porque lo sabes perfectamente.-dijo ceñudo.
-Ummm….-Rasqué mi sien intentando recordar- No sé de qué me estás hablando-
-¡Te liaste conmigo, me prometiste más en mi coche, me dejaste en pelotas y te fuiste corriendo con mi ropa!- escupió de sopetón, frunciendo el ceño y pareciendo muy irritado.
-Ja,ja,ja,ja,ja,ja,ja,ja,ja,ja,ja,ja,ja,ja,ja,ja,ja. – estallé en un ataque de risas- Bien, ahora lo recuerdo.- Tape mi regazo con la toalla y levantándome con cuidado llamé a Mindy para que se llevase a este desagradable espécimen. La noche pasada me lié con él por pesado y porque estaba muy borracha, además, no me arrepiento de quitarle la ropa y dejarle en cueros. La verdad que esto último lo hice por una apuesta con Mindy, pero eso, ya es otra historia.
-Muy bien, Rikki fuera de nuestra casa.-Ordenó Mindy dándose aires de suficiencia. El chaval resignado me echo una última mirada y se fue teatralmente “con el rabo entre las piernas”. -¿Te vas a duchar?-
-Sí, como ya sabrás tengo una cita en media hora, asique, no me distraigas.-Dije mientras sonreía ampliamente a mi amiga que correspondió con otra sonrisa y dejo el cuarto cantando alegremente. •Uff…esta tía nunca tiene resaca• Desaté la toalla y finalmente me duché. Un rato después me encontraba en el armario, una extensa habitación que moldeamos con largos percheros, distintos armarios y zapateros. •Dios hay tanta ropa… ¿Qué me pongo?•La larga batalla de las mujeres y el armario, el dilema del día, como queremos vernos y como queremos que nos vean.
-¡Dios que me pongo!- grite desesperada en la inmensidad del armario. Mindy entró con una sonrisa en la cara, acompañada de su pijama de conejitos rosas y gran determinación, pasó por mi lado y sacó un vestido azul cielo, unos botines blancos y unos pendientes de plata.
-¿Qué te parece esto?- dijo mostrándome el conjunto.
-¡Eso es perfecto! Gracias, cari.- Deposité un casto beso en su mejilla y empecé a vestirme. Una vez hube acabado empecé a alisar mi pelo, mientras Mindy me daba el desayuno en pequeñas porciones. A tan solo cinco minutos logré lavarme los dientes y salir del apartamento con una amistosa despedida. A grandes zancadas, llegué al ascensor y subí hasta el último piso donde me esperaba el atractivo “dios griego” Julián. Los nervios recorrían mi cuerpo, con cada piso que subía mas nerviosa estaba, me temblaban las piernas, me sudaban las manos y con frecuencia me miraba al espejo del ascensor para ver si mi maquillaje seguía en su sitio. Al abrirse las puertas mi corazón se detuvo un breve instante, me recorrió un escalofrió por la espalda, mi sudor se volvió frío y mi respiración acelerada. •Esto no es normal, no lo es• Mi mente bullía con el miedo y realmente no sabía qué hacer, notaba mi corazón en la garganta, agarrado como un niño que teme caerse. Mis músculos se bloquearon y no dieron señales de volver a responder, quedándome así en un completo estado de shock.
-Hola.- dijo Rikki con una sonrisa de desalmado.- Te estaba esperando, zorra embustera.- Me agarro de los hombros empezando a empujarme al interior del ascensor.
-Suéltame, por favor, suéltame-suplique.
-Sí, suplica muñeca, suplica, nadie vendrá en tu ayuda.-Mi cuerpo choco con el espejo del ascensor, Rikki aplasto su enclenque cuerpo contra el mío y fortaleciendo su agarre coloco mis manos a ambos lados de mi cabeza, aprovechando mi debilidad se inclinó y empezó a besar mi cuello con insistencia, rozaba su cuerpo con el mío y gemía como una hiena que se alimenta.- Ahora te voy a follar guarra, ¿no querías jugar? Pues juguemos.- dijo mientras que atrapaba mis muñecas con su mano izquierda, separaba mis piernas con su rodilla y bajaba su mano lentamente por mi cuerpo hasta llegar a mi glúteo, empezó a subir hacia mi sexo, pero hice lo único que se me vino a la mente.
-¡SOCORRO! ¡AYUDA! ¡POR FAVOR QUE ALGUIEN ME AYUDE!- Grité Rikki alarmado soltó su agarre, aproveché su descuido y le di un golpe en su entre pierna. Su enclenque cuerpo cayó al suelo y me dispuse a salir del ascensor, cuando, me atrapo del brazo e intentó jalarme de nuevo al interior del ascensor. Una puerta se abrió, de la nada apareció el hombre más respetable de todo el edificio y le asesto un puñetazo a Rikki en la sien. Me sujeto en brazos y lo último que recuerdo es su dulce voz reclamándome: -Leah ¿estás bien?, Leah por favor no te vayas, ¡Leah!-
****
Cuando volví a abrir los ojos me encontraba recostada en un cómodo sillón color beis, en un gran apartamento de paredes blancas decoradas con cuadros de vividos colores, grandes estanterías, una gran mesa de conferencias con nueve sillas a juego y una gran pantalla de televisión.
-Lleváoslo – Exigió Julián que pocos segundos después se hallaba dentro de la estancia observándome. -¿Estás bien? ¿Te quieres ir? Si estas insegura acerca de estar conmigo lo entenderé, no te preocupes.- Levantó las manos y se sentó al lado de mis pies mientras me observaba como si tuviese miedo de realizar algún brusco movimiento.- ¿Quieres té?- cuestionó con humildad. Asentí y con un chasquear de dedos apareció un sirviente con un tila tibia en una taza •Umm… Huele tan bien• . Miré la taza y al hombre todavía en shock e intenté que mis músculos funcionaran para coger la tila y llevarla a mis labios. Una vez di el primer sorbo empecé a llorar, las lágrimas caían como un torrente de mis ojos y los gemidos salían de mi garganta sin control. Julián, en un acto de bondad, levantándome de mi asiento me depositó en su regazo y me meció mientras con respiración entrecortada me dijo: – No te preocupes, el peligro ya pasó, ahora estás bien, conmigo estás bien. ¿Quieres quedarte conmigo unos días?-
Le miré sorprendida, mi llanto empezó a cesar hasta haber solo silencio. Un silencio en el que nos miramos a los ojos en reconocimiento en lo que a partir de ahora podría suceder.Continuará…
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Una historia para psicópatas.
Mystery / ThrillerUna historia llena de dramas y más cosas raras...Todavía no sé el final ni yo misma así que ya veremos cómo avanza.