☀︎

20 1 0
                                    

¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.


Muchas veces se miraba al espejo en busca de algún factor bueno que pudiese tener y poder depender de aquel para ser si mismo en su día a día, el no tener que buscar alguna aprobación externa la cual pudiese afectarle o hacerle daño de forma repentina o a largo plazo, a decir verdad no lo sabía. Más de una vez buscó algún rasgo favorecible, algún lado importante, pero ya sabía que aquello no podría ser posible estando como estaba.

Reposó sus manos en el lavamanos que permencía en frente suyo, mirando aquella blanquecina superficie de cerámica de una forma un tanto definida y sin gracia, una mirada apagada que no expresaba nada más que decepción. ¿Decepción de qué? Se podría preguntar fácilmente, de igual forma la respuesta se podría dar fácilmente, pues era bastante obvia si se miraba de forma sincera y retórica.

Abrió la canilla y empezó a lavar sus manos, importándole poco si ya lo había hecho veces anteriores, esta vez apretujando sus manos de una forma más repentina y fuerte, dejando marcas de sus uñas clavadas en la piel sensible que traía en la zona mojada.

Sin previo aviso solo sentía como sus ojos empezaban a aguarse con el paso del tiempo, resguardando lágrimas y lágrimas que pronto serían derramadas a la par que el chorro de agua salía desprendida de la canilla, perdiéndose en la zona inundada del fregadero. Era tan malditamente egoísta de su parte ponerse a pensar de aquella forma, ¿en serio creía que no merecía aquello? Su fama escolar demuestra que no, y el simple hecho de estar rodeado de gente ya le demuestra de por si la verdadera respuesta ante cada una de sus preguntas estúpidas y para nada intrigantes. Como odiaba encontrarse en aquella situación, como odiaba solo estar respirando mientras había gente que había sufrido por su culpa y con el constante trauma que posiblemente les dejó.

—Malditamente egoísta, eso es lo que eres, siquiera sabes porque estás parado aquí viviendo o el dónde. —

Dejó de lavar sus manos, apagando el grifo y así permitiendo que el llanto fuese audible en todo el baño en el que se encontraba, permitiendo que el eco de su voz de hiciese presente y rebotara en las paredes de la diminuta habitación de higiene que contenía uno.

Miró sus mangas, estas se encontraban completamente mojadas ante la falta de que hayan sido subidas en los momentos en los que se hayaba armando aquel propio drama para si y para el espejo. Miró su abdomen, su camisa se encontraba mojada de igual forma, al igual que casi todo el baño. Vaya que siquiera para mantener una limpieza digna podía andar sirviendo. Todo aquello solo lo frustraba cada vez más de una manera que no llegaba a comprender en lo más mínimo, ¿por qué justo allí se encontraba teniendo esos pensamientos? Solo quería llorar, y lo encontraba haciendo.

Ya dando por concluido su ilógico sentir, el cual esperaba poder hacer luego en una zona como la seguridad de su habitación, decidió limpiar todo aquello. Abrió la puerta del baño con todo el cuidado y silencio del mundo, sin querer encontrarse a nadie o algo que pudiese verlo en aquel estado, pues explicar sería un total fracaso y muy posiblemente lograría romperse con solo mirar los ojos de un segundo.

Oh, DearDonde viven las historias. Descúbrelo ahora