El frío del ocaso anunciaba la noche y la nieve caía, bailando al compás del viento y congelando todo lo que tocaba a su paso y el mundo se inundaba de esa luz naranja que se extendía hasta el horizonte.
La oscuridad se alzaba trayendo consigo criaturas que para la mayoría eran mito, más no para Mael, él las conocía muy bien, y sabía que eran tan terroríficas como contaban las antiguas leyendas, pero que también se les podía matar, y para eso había sido forjado.
Ya que si se usa el arma correcta hasta el diablo puede sangrar, y todo lo que está hecho de carne, y sangre y hueso puede morir.
—¿Sabes por que estás aquí verdad?.
Preguntó el hombre trajeado que estaba sentado en un sillón sosteniendo un notario entre sus manos y mirándolo cautelosamente.
—Si lo sé, ve al grano que tengo asuntos más importantes.
El hombre suspiró y escribió en el tablón de notas.
—No has mostrado mucho avance en tu comportamiento y habilidades sociales por lo que veo.
A Mael le estresaban este tipo de reuniones donde otra persona se dedicaba a juzgar su comportamiento y su forma de ser como si ellos fueran perfectos, sin embrago todos tenían que pasar por los chequeos psicológicos de rutina y los de él se habían incrementado desde un altercado que tuvo con uno de sus compañeros donde lo mandó directo al hospital.
Al parecer aunque fuera Comandante de todos los escuadrones no tenía la suficiente autoridad para hacer un par de cosas y eso lo desesperaba, no le gustaba que nadie le estuviera dando órdenes.
—Verás, especialmente hoy tengo una misión de alto rango, pero eso probablemente ya lo sabías y por eso te enviaron a evaluarme, así que o lo haces rápido o te vas a la mierda.
—Este tipo de actitudes solo logran atrazarte.
—Acostúmbrate—se levantó de su asiento—porque un día voy a estar al mando te guste o no, y ahora tengo cosas más importantes que sentarme a verte la cara.
Caminó hacia la puerta y la abrió violentamente dejando al psicólogo solo en su habitación.
Se aventuró a través de lo pasillos y corredores apresuradamente prestando atención a su reloj y llegó hasta la cámara de armamento donde el escuadrón alfa ya se estaba alistando.
—Llegas tarde—comentó Malik a su lado el cual se estaba ajustando la correa de su funda de armamentos en el pecho, el resplandor del filo de los cuchillos llegaba hasta la vista periférica de Mael, en especial el karambit, ese dichoso cuchillo curvo que solo cristo sabía cuantas criaturas había mutilado y asesinado con el desde el momento en que decidió hacerlo su arma favorita.
—¿Está listo el escuadrón?—preguntó Mael con un tinte de irritación en la voz.
—Relájate hombre –respondió Malik y palmeó su hombro—no tengo que ser adivino para saber que tuviste una cita con el loquero.
El loquero, pensó Mael y tomo un suspiro profundo llenándose de paciencia, Malik casi se hizo en los pantalones el día que lo habían obligado a asistir a esas sesiones bajo los argumentos de su poco control de la ira.
No se caracterizaba por ser una persona impulsiva pero últimamente todo lo estresaba, todo rebasaba esa delgada línea que lo separaba de ser un hombre racional a querer arrancar la garganta de todo aquel que estuviera en su camino, siempre había algunos días al mes que lo hacían sentirse de esa manera, como si fuera una bestia salvaje y no un ser humano con la habilidad de razonar.
—Todo está listo—agregó Malik—todos los miembros están informados del plan de ataque y hace dos horas terminamos de hacer el último reconocimiento del área para buscar salidas, entradas y rutas de escape.
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Una historia de Sangre y Furia
RandomMael perdió a su familia a una edad temprana a manos de las criaturas de la noche a las cuales ha jurado destruir, y ha sido creado y fungido como uno de los mayores caza vampiros de esta era, tarea que cumple al pie de la letra hasta el día que con...