Un día como cualquiera, pudo haber sido como los anteriores sólo que este sabia a tristeza. Con las maletas en la puerta Louis observó por última vez su cuarto. Sintió una mano apoyarse en su hombro.
- Tranquilo, nada de aquí se irá. Antes de que nos vayamos quiero enseñarte algo.
Caminando a paso lento, Santa se dirigió a su oficina en la parte de abajo, como era de esperarse era un día informal, no tenía que estar siempre en el taller, así que vestía una simple camisa de algodón grande y unos pantalones cafés, con las habituales botas.
En cambio, Louis ya estaba con su nueva ropa de ciudad, pantalón marrón y una larga gabardina gris. Steffi dijo que así se vestían en Escocia. Su padre lo dejaría cerca de la estación en Glasgow y tomaría el tren hasta llegar a Leeds.
- Toma asiento hijo. Quiero que sepas que todo esto es para que tengas una vida grande. Aquí no conseguirás mucho, un gran logro conlleva un gran sacrificio. Espero que algún día me perdones por hacerte esto.
Louis no sabía que decir, claramente no odiaba a su padre por mandarlo a otro lugar del mundo, pero quizá las cosas pudieron ser diferentes o pudieron salir mejor. Negó repetidamente.
- En absoluto papá, es solo que no estoy al cien con la decisión, pero ya todo está hecho, ¿no?
Santa asintió, se recargó en su silla y sacó una caja aterciopelada color azul de su cajón.
- Toma esto, quizá quieras abrirlo cuando ya estes ahí. Será un pequeño recordatorio de tu vida aquí.
Al tomarlo, notó que estaba pesado. Lo aferró a su pecho y corrió para abrazar a su padre.
- Te quiero mucho papá, gracias por todo.
***
Antes del atardecer, después de despedirse de sus amigos más cercanos corrió al lago, esta sería la última vez que vería este lugar. Respiró fuerte, olía a bosque y canela. La producción de dulces en el taller estaría empezando. A unos metros Santa lo esperaba en el trineo, estaba de espaldas.
Cerro los ojos. Sentía emociones oprimidas, y todas se iban a su garganta y estómago. Louis antes de irse quería estar tranquilo, nada de lágrimas ni tristeza. Su cabeza seguía dando vueltas y no podía concentrarse en calmar todo su interior.
Al volver a inhalar fuerte sintió el olor a pino y vainilla. Ese olor que jamás olvidaría. Harry.
Hizo puños sus manos en sus bolsillos, podía sentir su mirada. Después de echarle un último vistazo al lago y el atardecer, se giró por completo. Y ahí estaba, al inicio del bosque, con la camisa media abierta y remangada a los codos, el cabello alborotado. Tenía aspecto de haberse peleado con un oso.
Pero lo que no sabía es que Harry no había podido estar tranquilo desde ese baile de Invierno. Uno que se quedaría guardado en su memoria hasta el día que dejara de respirar.
Le estaba costando trabajo detenerse y no ir tras Louis, pero su amor por él era más grande, tenía que dejarlo ir. Era verdad lo que le había dicho. Louis no pertenecía ahí.
La tensión entre ellos no les permitía separar miradas. A Louis le dolía más el que Harry no fuera a despedirse que lo que le había dicho semanas atrás.
Apretó el obsequio de Harry con su mano izquierda, era ahora o nunca. Rompió el contacto agachándose y sobre la nieve dejó la pequeña cajita, junto a unas rosas de Navidad que apenas están abiertas.
Con mucha fuerza de voluntad caminó al trineo y no volvió a ver atrás.
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Polaris °larry
RomanceLa inocente amistad de ambos niños despertó un amor que no sabían si era correspondido. Pero todo lo que pasaría podría ser una nueva oportunidad para ellos. En donde Harry es un elfo del Polo Norte y Louis un humano. Louis se enamora de un elfo y...
