Toda la auto determinación de Kendra colisiona con sus sentimientos cuando se ve envuelta en una espiral decadente de deseo, pasión y amor.
Ella esconde un lado que no puede mostrarle a cualquiera y aunque su vida parezca perfecta, no lo es.
Nunca h...
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Esa noche fue de una decepción a otra.
Kendra se veía radiante y me descubrí sonriendo con su peculiar modo que tenía para seguir el juego de las cosas que decía. Estaba nervioso por como reaccionaria a la noche anterior, pero ni siquiera la mencionó, era como si no me recordara o simplemente, no quería hacerlo.
Es que... Kendra era graciosa, cínica, desinhibida. Demasiado autentica para ser verdad.
Y yo sabía que ella estaba ahí por mi apariencia, el dinero de mi familia o mis habilidades en la cama. Siempre era así con las mujeres y había aprendido a aceptarlo.
Pero con Kendra, no parecía haber nada detrás de sus intenciones.
A Kendra no le interesaba aparentar, no tenía esa necesidad. Lo que había frente a mí, era lo que había. Una chica libre, sin compromisos y sin ataduras de ningún tipo. Su fortaleza radicaba en que ella sabía lo que era y se aceptaba.
Sin aparentar castidad, sin intereses de por medio.
Ella quería lo que quería, e iba por ello. Admiré su postura frente a la realidad.
No perdía el tiempo quejándose de sus penurias ni de lo bien o mal que la hubiera tratado la vida. Sabía que tenía una posición acomodada económica y socialmente y no le importaba que los demás lo supieran. No le importaba que la tildaran de cínica o fácil.
Al final, dijo: "Yo seguiré siendo Kendra y todos los demás seguirán queriendo ser yo"
Y me gustó sentir la paz con la que decía eso.
Ella estaba en paz y la transmitía y sin darme cuenta, me descubrí hablando de mil cosas con ella. Las horas habían pasado y solo nos reíamos y charlábamos de cualquier cosa. Los temas fluyeron rápido y sin objeciones.
La noche cayó junto con una briza fresca y suave. El aroma salado del mar envolvía el aire y se respiraba húmedo y fresco. El cielo era más oscuro que otras noches y las estrellas ni siquiera se notaban, pero las luces de los cruceros, los hoteles y los bares se reflejaban intensos sobre las apacibles aguas de la playa.