Contigo, mano a mano busquemos otros prados y otros ríos, otros valles floridos y sombríos, dónde descanse, y siempre pueda verte ante los ojos míos, sin miedo y sobresalto de perderte.
– Garcilazo de las Vega
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La presencia de Wei Wuxian se siente como si fuera la calidez del sol encarnada.
Hace que el corazón inerte de Hua Cheng produzca algo parecido al latido del corazón de un ser humano.
Aún cuando el suyo no bombee sangre realmente.
Pero Hua Cheng siente calidez y algo más cuando está con el discípulo principal Jiang.
Es curioso.
Como un simple mortal le puede provocar todas esas sensaciones.
Hua Cheng piensa en esa vez que tuvieron un almuerzo en el prado al que fueron la primera vez que se conocieron.
Cómo la cintura del joven encajaba perfectamente en las manos del Rey Fantasma y como sus labios, mucho más pequeños que los suyos, soltaban suspiros de vez en cuando.
Oh dicha la suya, de ser capaz de oír tal melodía, pues Hua Cheng no podría estar más que encantado con las reacciones del otro.
Pero Hua Cheng sabe que es peligroso, es peligroso enredarse con el joven de carácter brillante, pero el supremo no puede evitarlo, pues al probar los labios del otro, tuvo una probada del paraíso mismo.
Pero Wei Ying cree que beso a Xing Hua, no a Hua Cheng.
No es como si tal trivialidad realmente le importara al Rey Fantasma, si Wei Wuxian piensa que Xing Hua existe, Hua Cheng no es alguien como para corregirlo.
Después de todo, está no es la primera vez que Hua Cheng finge ser alguien más.
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Poco después que terminarán de cenar, Jiang Cheng ya no aguantando la curiosidad junto al enojo reprimido, acorraló a Wei Wuxian en las puertas del comedor.