~Capitulo 4~

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Narrador Omnisciente

Tus ojos se movían rápidamente por la pantalla de tu computadora, absorbiendo cada dato sobre él, cada detalle que podías encontrar en la red: nombre, edad, agencia, escuela, rango...

Suneater.

Ese era el nombre heroico del chico que últimamente ocupaba tus pensamientos más de lo que te gustaría admitir. Se grabó como una marca invisible en tu mente, latiendo al ritmo de tus impulsos.

Cerraste el portátil con un suspiro, te levantaste con lentitud y caminaste hacia tu armario. Al abrirlo, tus ojos se detuvieron un segundo de más sobre tu traje. Por un instante dudaste. Luego, como si tu cuerpo se moviera solo, tomaste la decisión.

Si no podías dejar de pensar en él... entonces míralo una última vez.

Te cambiaste de ropa casi en automático. El uniforme de una sombra. Tomaste tu bebida energizante y le diste un sorbo mientras bajabas a la planta baja. Agarraste las llaves, dejaste las pantuflas y te calzaste con decisión.

—Ya me voy —murmuraste, como si tu casa pudiera responderte.

Saliste con el cubrebocas negro en su lugar, caminando con la cabeza agachada. La gente en la calle te observaba con una mezcla de incomodidad y curiosidad. Los niños señalaban. Los adultos callaban. Nadie te conocía, y aun así, parecía que todos sabían que no pertenecías ahí.

Entonces giraste hacia el primer callejón que encontraste y comenzaste a perderte en las entrañas de la ciudad, entre basura, sombras y cuerpos tirados por el alcohol. Te sentías más cómoda allí, entre lo olvidado. Tokio no tenía secretos para ti.

Cuando llegaste a un área solitaria llena de árboles, bajaste el cubrebocas y suspiraste. La brisa acarició tu rostro como una caricia rara, casi maternal. En ese instante interrumpiste la serena sensación alzando la mano y abriendo un portal. Al atravesarlo, la familiar sensación del salto te envolvió. Apareciste en el séptimo piso de la U.A., de pie sobre el borde angosto de la fachada.

Te aferraste al vidrio y comenzaste a caminar lentamente, con equilibrio felino. Cada paso era una mezcla de riesgo y estrategia.

—Vamos a ver... ¿cuál de estas ventanas da hacia mi chico~?

Seguiste avanzando, los dedos tensos contra el marco, haciendo pequeños ruidos al tocar el cristal. El pasillo dentro del edificio parecía desierto. ¿No había clases?

—Puta... si me vine para nada, juro que me tiro de aquí arriba...

Y justo entonces, el timbre sonó con una violencia ensordecedora. Te sobresaltaste y diste un paso atrás por reflejo. Caíste.

Durante la caída, abriste un portal. El cielo se rompió como papel y tu cuerpo atravesó la grieta hasta aterrizar brutalmente sobre unos arbustos.

—¡Tsk, mierda! —escupiste, molesta.

Desde tu escondite viste a los estudiantes caminar como enjambres, y esperaste... una hora. Silenciosa. Invisible. Pensativa. Cuando por fin todo se despejó, abriste otro portal y regresaste al borde del edificio, esta vez en un ala donde el saliente era más amplio.

Te desplazaste casi reptando, alzando apenas la cabeza para espiar cada salón. Había varios chicos en clases, pero ninguno tenía ese cabello azabache ni esas orejas tan características. La frustración comenzó a acumularse.

—Si ese niño no está acá, me largo. Joder...

Al llegar a la última ventana, te asomaste una vez más. En el interior, Present Mic daba clase con su energía habitual. Tus ojos recorrieron las filas de estudiantes, de arriba a abajo, con fastidio.

𝗞𝗜𝗡𝗧𝗦𝗨𝗚𝗜 [𝑻𝑨𝑴𝑨𝑲𝑰 𝑨𝑴𝑨𝑱𝑰𝑲𝑰 +18]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora