PRÓLOGO.

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Si algo conocía muy bien era el sentimiento de soledad, a pesar de ser buscado por nobles y humildes campesinos él sabía que lo único que buscaban era siempre que los ayudará.

Algunos días le pedían ungüentos para tratar heridas de guerra, otras para elaborar brebajes de amor para asegurar un matrimonio o simplemente para forzar que una persona se quedará a su lado, en el peor de las ocasiones le pedían poderosos venenos (principalmente los nobles) que decían para asesinar de forma discreta a rivales o enemigos que amenazaban sus imperios políticos.

Estaba fastidiado de vivir todos los días lo mismo, despertar por el ruido de su puerta y gritos de personas exigiendo que cumpliera un pedido, el dinero dejó de importarle, las personas que, por desgracia, eran los destinatarios de las malas intenciones de sus clientes dejaron de importarle si vivían o morían. Con los años se dió cuenta que no importara lo que hiciera siempre habría alguien que cegado por la codicia buscaba solo su propio beneficio...

Pero nada podía hacer, el poder y las riquezas no eran indispensables para el, cosas mundanas carecían de valor, lo único que realmente quería era poder ser libre, ser solamente él mismo y poder al fin descansar.

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