Park Misa, mujer de casi 40 años o también definida reiteradamente como 'mi madre', iba de un lado para otro, arreglando su vestido de las bienvenidas, arreglando nuestra casa, arreglando su peinado, intentando arreglarme a mí también...
-¡Mamá! Por favor, para de andar tan frenéticamente, que mi cuello sufre de seguirte con tanta rapidez. Aparte son gente que se van a ir dentro de tres meses, tú lo sabes, yo lo sé, Min lo sabe...
Le regalé una mirada a nuestro viejo perro, Min, un Golden Retriever de pelo largo marrón y bastante... Poco enérgico. Ahora se encontraba tumbado en su enorme cama (un regalo de mi parte, porque mi chico solo se merece lo mejor) mordisqueando con pereza su deshilachado juguete de turno. Comencé a mandarle decenas de besitos a distancia, provocando que su cola menease de un lado a otro.
Volví la mirada a la revista que tenía en las manos. Con el desenfrenado vaivén de mi progenitora por toda la casa, no daba prestado la suficiente atención como para leer cómo alguna chica famosa de Estados Unidos tenía estrías.
-A ti sí que debería regañarte, Jimin. Sabes que vienen hoy los nuevos vecinos y estás con... Eso-paró de andar, dándole un descanso a mi cabecita de su imparable taconeo. Al final acabó suspirando, sentándose en el brazo del sillón en el que estaba cómodamente tirado-. ¿No podrías ponerte algo que no tenga manchones tan antiguos que puedan ser expuestos en un museo de historia?
-Mamá, nunca entendiste mi estilo, es algo con lo que tendré que aprender a vivir-tapé mi cara dramáticamente, soltando un lloriqueo falso. Ella simplemente se rio, acariciando mi pelito.
-Amo tu sentido del humor, Jiminie, pero sabes que esto es importante para mí, ¿por qué no vas a ponerte algo de toda esa ropita preciosa que tienes? Quién sabe, quizás los vecinos tienen un hijo de tu edad al que puedas enamorar.
Me guiñó un ojo, sintiendo cómo mis mejillas se calentaban al instante. Tapé mi cara con las manos, avergonzado.
-¡Ma, por favor, no digas esas cosas! Que me da vergu...
Escuchando un último '¡Ponte guapo!' de parte de mi madre, subí con rapidez las escaleras de mi casa hasta mi habitación, cerrando la puerta tras entrar. Me quité la sudadera que llevaba un estampado de manchas de kétchup, lágrimas invisibles, mocos resecos y tinte de pelo. No podría decirse que fuese la prenda de ropa más fancy, pero servía para muchas situaciones y le había cogido especial cariño.
Me decidí por unos 'Mom' jeans, holgados de azul oscuro, combinándolo con un top blanco de tiras que tenía un dibujito de unas cerezas en el centro. Mucha gente no miraba precisamente con aceptación que un chico, en este caso yo, llevase la ropa que quisiese solo porque fuese creado para un género distinto.
A mi madre le daba igual, me daba consejos de cómo combinar faldas o camisetas e incluso le emocionaba poder comprarme ropita bonita. Cómo quería a mi madre, aunque esa historia es para otro momento. Ahora tenía que estar en el presente, presentarme a los vecinos de turno, que seguramente serán una pareja de 60 años que, por algún motivo completamente desconocido, se irán por donde vinieron, como todas las unidades familiares que decidieron asentarse en aquella casa maldita.
Escuché los gritos de mi madre llamándome. Bajé sin prisa las escaleras. Ella me miró con una sonrisita, acariciándome el pelo con suavidad, su típico gesto de decirme sin palabras que le gustaba cómo iba vestido.
-Pues al final sí que es una pareja, Jimin, ya fui a dejarles la tarta, ve a presentarte.
Fui a la puerta abierta mientras le contestaba.
-Si te digo la verdad, espero que no tengan un niñato como hijo, los anteriores tenían uno y no lo soporta-...
No pude terminar mi frase porque, en aquel momento, salió el chico perfecto. Con una altura de 1,80, el pelo negro y desordenado, que combinaba perfectamente con aquellos ojos oscuros y enormes. Podía distinguir varios piercings que llevaba en su cara, uno en la ceja, algunos en la oreja derecha y uno en el labio.
Con una camiseta blanca, lo combinaba con unos pantalones negros holgados y unas zapatillas de Nike blancas. Los brazos estaban expuestos al sol por la corta longitud de las mangas de aquella camiseta, dejando ver a la perfección diversos tatuajes en aquella parte de su cuerpo. La blancura de la prenda mostraba discretamente un muy buen cuerpo debajo.
Me había quedado con la boca entreabierta y, poco más, sin poder respirar. Había visto un ángel y mi cuerpo no respondía a las órdenes de mi cerebro. ¿Era esto lo que llamaban amor a primera vista?
-Jimin, cielo, cierra la boca que te van a entrar moscas, sé más disimulado...
Me volví a dar cuenta de todo lo que había a mi alrededor. La Tierra estuvo girando durante todo este momento y seguía igual que antes, pero mi mundo había cambiado por completo.
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Boy Next Door || kookmin
FanfictionJimin creció en la Avenida 46 y, durante toda su vida, cada familia que se mudaba a la casa de al lado, nunca duraban más de un año. Tras ya 18 años de personas que iban y venían, Jimin no estaba precisamente encantado con la presencia de aquel enor...