➳ La Noticia

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Navier pov.

— Su majestad...

La Condesa Joubert me miró con tristeza, había estado intentando llamar mi atención desde hace algunos minutos. Yo, por supuesto la escuché, pero no quería responder por que sabía a que punto llegaría esa conversación.

Todo había pasado tan rápido: la llamada urgente del sacerdote, alfas, betas, omegas, destinados.

Claro que ya tenía conocimiento de esto, no era la primera vez que pasaba y tampoco iba a ser la última. Por ejemplo, el padre de Sovieshu, un alfa con muchas amantes omegas; al parecer todas sus destinadas. Lo que, en mi opinión, era una patraña. Ese hombre era un mujeriego, y con el mayor respeto que se le puede tener a un ex-emperador, que en paz descanse, debo decir que no me sorprendería que eso tan solo haya sido un engaño para tener y marcar a tantas mujeres. La única excepción había sido la emperatriz, que obviamente y por costumbre, era una alfa.

Pero tal vez hoy, cambie mi opinión acerca de eso.

Naturalmente cuando me divorcié, perdí cualquier obligación, responsabilidad y privilegio como emperatriz del Imperio de Oriente. Y asimismo, adquirí las de Occidente.

Hasta hace una semana.

Heinrey irrumpió mi habitación en medio de la noche, muy alterado. Después en medio de balbuceos, le ordenó a mis damas de compañia que me vistieran lo mas rápido posible. Ellas acataron la orden y cuando terminaron, Heinrey me tomo del brazo y me llevo a rastras hacía afuera, ignorando mis gritos preguntando que pasaba.

Al salir, pude ver a Lady Krista y al Duque Ergi, igual de confundidos que yo. Estaban parados al lado de dos hombres encapuchados vestidos de negro, y cuando llegamos hasta ellos, antes de que cualquiera de los tres pudiera pronunciar palabra, Heinrey nos ordeno que nos tomaramos de las manos, formando un circulo junto con aquellos hombres. Después, una luz nos rodeo para abrir paso a la oscuridad.

Magos. Pensé entonces.

Sabía la existencia de la magia de teletransportación, pero solo se usaba en ocasiones muy especificas y no muchos tenían el poder de ejecutarla. Era casi prohibida, por lo que estaba sorprendida.

Sentí como el suelo se desvaneció, para segundos después volver a regenerarse, sin embargo ahora el panorama era distinto. Y yo lo reconocí perfectamente.

El gran salón, en el castillo del Imperio de Oriente.

Entonces pude ver Sovieshu y a Rashta y quise devolver mi cena. ¿Qué hacemos aquí?

Sovieshu tenía el mismo semblante que Heinrey, Rashta, la misma confusión que la mia. No sabia que estaba pasando, pero definitivamente quería una explicación. Entonces una luz apareció a dos metros de nosotros, para abrir paso a otro mago encapuchado y a su lado, el Gran Duque Kaufman.

El de inmediato se dirigió a Sovieshu, y, entre preocupado, sorprendido y enojado, le susurro algo al oído a lo que este asintió y Rashta frunció el ceño. Heinrey tambien se acercó y apartó a Rashta con rudeza, ella estaba dispuesta a reclamarle, pero Sovieshu la miro con ojos que claramente decían que se mantuviera callada, asi que no dijo nada.

Los tres comenzaron a hablar con murmullos y Heinrey le hizo una seña al Duque Ergi para que se acercará, lo cual él hizo y cuando Heinrey le susurró algo, el abrió los ojos con sorpresa.

Casi de inmediato el Marqués Karl entro y corrió hacia Rashta para traerla con Krista y conmigo.

— Lady Krista, es un honor conocerla, me hubiera gustado hacerlo en otras circunstancias — dijo el marqués Karl, después, me miró—. Su Majestad Navier, un gusto verla de nuevo. De igual modo, ojalá hubiese sido en otra situación. Pero ahora, necesito que me acompañen.

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⏰ Última actualización: Apr 11, 2023 ⏰

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