La vida suele dar giros inesperados; a veces son tan bruscos que uno queda tambaleando en el borde difuso entre lo que fue y lo que será. En ese vaivén de incertidumbre, la mezcla entre la tristeza, la amargura, el coraje y la confusión me estaba consumiendo poco a poco. La ansiedad crecía en mi interior como una hiedra sin tregua, trepando por cada rincón de mis pensamientos y asfixiando, con una lentitud metódica, cualquier rastro de calma que intentara florecer. Cada vez que cerraba los ojos, el peso de lo desconocido me hundía un poco más, dejándome a merced de una tormenta que apenas comenzaba.
Mientras tanto, en una propiedad de mármol blanco que se alzaba con una elegancia gélida, el aire se sentía denso, impregnado de incienso y el eco de susurros antiguos. Allí se encontraba el matrimonio Park.
Jimin permanecía sentado frente a un gran ventanal, su rostro angelical bañado por la luz mortecina de la tarde. Su belleza era inquietante: su ojo derecho era profundo y oscuro, pero el izquierdo era una esfera blanca, nublada por la ceguera mística y atravesada por una cicatriz vertical que subía hasta la sien, el rastro permanente de un encuentro con el abismo. A su lado, Taehyung observaba el horizonte con una expresión indescifrable; la cicatriz en su mejilla parecía pulsar con cada pensamiento sombrío.
—Siento su energía debilitarse, Taehyung —murmuró Jimin, rompiendo el silencio con una voz que cargaba el peso de mil lamentos—. Mi hermano...él siempre fue el más noble de nosotros. Tenía un corazón demasiado puro para la podredumbre que lo rodeó en ese maldito lugar. Ojalá haya justicia para él después de lo que le arrebataron hace tantos años... esa deuda de sangre aún no se ha pagado.
Taehyung apretó el hombro de su esposo con firmeza, sus ojos fijos en la neblina que empezaba a cubrir el valle.
—La justicia llegará, Minie. Pero el precio será alto, ambos lo sabemos.
De repente, el cuerpo de Jimin se tensó de forma violenta. Su cabeza cayó hacia atrás y su ojo blanco comenzó a brillar con una luz fría y sobrenatural. Acababa de colgar la llamada con Hoseok, pero la conexión con la casona se había vuelto un canal abierto de puro terror.
En la mente de Jimin, las visiones se desplegaron con una crudeza desgarradora. Vio la casona bajo la lluvia ácida en Palgongsan. Entre los troncos podridos de los pinos, un hombre alto de complexión robusta y mirada vacía, observaba las ventanas. era el monstruo de carne y hueso, el asesino que había convertido el sótano en un matadero años atrás. Tenía un cuchillo de acero largo, cuya hoja reflejaba los truenos, y se movía con la paciencia de un depredador que sabe que su presa está atrapada.
Vio a Hoseok desplomado en el pasillo, su mente fragmentada por recuerdos que no eran suyos. A su alrededor, decenas de siluetas de niños pequeños lloraban, señalando el suelo con dedos de ceniza. «¡Sáquennos de aquí! ¡Él nos cortó! ¡Él nos dejó en la oscuridad!», gritaban las voces en el oído de Jimin, haciéndole sangrar la nariz por el esfuerzo psíquico.
Vio el libro de cuero que Yoongi sostenía. No contenía palabras, sino que las páginas estaban hechas de piel humana. Cada dibujo de un órgano era un sello roto. Al comprarlo, Yoongi no adquirió una obra de arte, sino que compró su propia sentencia de muerte.
Finalmente, vio a un joven conduciendo a toda velocidad, sorteando la muerte en cada curva. Jungkook. Su aura no era de odio, sino de una protección feroz, un lazo inquebrantable que lo unía a la víctima en la cama de la casona.
Jimin regresó a la realidad con un jadeo, aferrándose desesperadamente a la ropa de Taehyung. Lágrimas de sangre resbalaron por su mejilla cicatrizada.
—Tae, tenemos que irnos ya —logró decir, con la respiración entrecortada—. El hombre está en la puerta, está esperando a que el sótano termine de abrirse. Solo espero que Jungkook llegue pronto para salvar a su padre porque Yoongi no recuerda quién es, y si no lo sacamos de ese lugar, el monstruo lo convertirá en el último dibujo de ese maldito libro.
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PALGONGSAN || Yoonjin || En Proceso
RandomEn un rincón olvidado del bosque, existe una casa marcada por el dolor y los secretos atroces. Allí, el eco de un joven, un alma rota y atrapada en el trauma de su propia muerte, resuena cada noche. Su voz es un susurro desesperado que suplica justi...
