Capítulo 2

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La primera mañana en el nuevo hogar de los hermanos Min, se sintió como como un cubo de hielo, estática, fría y ligeramente desenfocada. La luz en aquel bosque  no iluminaba, sino que revelaba la crudeza de la casona, una estructura que parecía haber sido diseñada para contener el aliento. Yoongi abrió los ojos con el corazón martilleando contra sus costillas; el sabor a hierro y el eco de los gritos de su sueño todavía le quemaban la garganta.

Se incorporó en la cama, sintiendo que el aire de la habitación era demasiado delgado. Con manos que temblaban como hojas secas, alcanzó el frasco de pastillas. El clic de la tapa al abrirse resonó como un disparo en la quietud. Se tragó la dosis sin agua, sintiendo el raspado amargo del químico en su esófago. Era su  lo mismo que siempre,su intento diario de anestesiar una realidad que siempre se sentía a punto de romperse. Aunque el pensaba que todo era real, aunque nadie le creyera.  Bajó las escaleras descalzo, el frío de la madera subiendo por sus piernas.

—¿Hoseok? —llamó. Su voz se perdió en los techos altos, devorada por el vacío—. ¿Hobi? ¿Estás ahí?—.

Llegó a la cocina y lo único que lo recibió fue el zumbido eléctrico del refrigerador. Sobre la mesa, había una nota, que seguramente fue hoseok, obvio.

«Yoon, bajé al pueblo por café y algo que no sepa a cartón. La despensa está más vacía que una tumba. No tardo. Por favor, tómate las pastillas y trata de desayunar algo. Te quiero. Quédate tranquilo, hermano».

Yoongi apretó la nota, sintiendo que el papel se clavaba en su palma. ¿Tranquilo? ¿Cómo podía pedirle eso? ¿Acaso si hermano no sentía cómo las paredes lo observaban? ¿No notaba que el silencio de esa casa no era paz, sino una cárcel para el?

— ¿Por qué me dejas solo cuando sabes que el ruido en mi cabeza es más fuerte que nunca?

Decidió que un baño caliente era la única forma de purgar la sensación de suciedad que le había dejado aquella pesadilla. Subió al segundo piso, entrando al baño que olía a lejía y a un pasado que se negaba a ser borrado. Abrió los grifos de la tina; el agua comenzó a caer con una fuerza violenta, llenando la estancia de un vapor espeso que pronto convirtió el baño en una morgue de cristal empañado.

De pronto, el mundo se rasgó en dos.
Una punzada eléctrica, un dolor tan agudo que pareció un hachazo invisible, le atravesó el cráneo desde la nuca hasta los ojos. Yoongi soltó un grito que se convirtió en un gemido ahogado mientras caía de rodillas sobre el suelo frío. Se presionó las sienes, sintiendo que su cerebro estaba a punto de colapsar bajo una presión insoportable. Otra vez , otra crisis, y está ves no estaba su hermano.

—¿Qué es esto? —jadeó—. ¿Que ocurre? ¿Qué pasó aquí? ¿Por qué no entiendo nada?

Entonces, el zumbido del agua fue devorado por una marea de susurros que brotaban de todas partes.

¿Ya recordaste el sótano, Yoonie?, siseó una voz que parecía salir del mismo espejo.

—¿Dónde escondieron el hacha?, preguntaba otra, cargada de un odio gélido, era una voz masculina.

¡AYÚDANOS! ¡SÁCANOS DE AQUÍ!, chillaba un niño en el fondo de su mente.

 PALGONGSAN || Yoonjin || En Proceso Donde viven las historias. Descúbrelo ahora