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—¿Esto es necesario? —preguntó Tord, su voz cargada de un fastidio que ni intentaba disimular. Estaba a punto de subir al avión rumbo al Reino Unido, Londres. Para su desdicha, su tía vivía allí, precisamente en uno de los barrios más pobres y de seguridad dudosa: Tower Hamlets.

—Lo es. Cuídate mucho, hijo mío —se despidió su madre. Y él, contrario a cualquier gesto de cariño, solo rodó los ojos antes de darse la vuelta y subir al avión.

La azafata lo guio hasta su asiento; al ir en primera clase, la suavidad del cuero, el espacio amplio y la tranquilidad del ambiente casi lo hacían olvidar el motivo de aquel viaje. Sacó su teléfono, se colocó los audífonos y dejó que la música lo acompañara durante el trayecto. Su madre le había advertido que Britney estaría esperándolo en el aeropuerto, lo cual no ayudaba en nada a su humor. ¿Cómo culparlo? Estaba siendo enviado a un sitio que desde el primer momento quería evitar.

El vuelo duraría casi tres horas. Tres horas que, sinceramente, habría preferido gastar en cualquier otra cosa que no fuera avanzar hacia su muy posible futura tumba. Aun así, no podía negar que la vista desde la ventanilla era magnífica: el cielo abierto, las nubes extendiéndose como un manto etéreo. Quizá ir al Reino Unido no sería tan terrible. Al fin y al cabo, era Londres. Y no importaba dónde viviera su tía… nada lo limitaría a explorar la ciudad. ¿Verdad?

[...]

Su expresión de incredulidad y asco no pasó desapercibida al ver a su no tan querida tía Britney. Vestía ropa gastada, con agujeros dispersos; las prendas despedían un olor hediondo, su cabello estaba maltratado y enredado, su piel llevaba manchas de mugre, y sus ojos, rojizos, delataban el efecto de las sustancias que consumía. La dilatación de su pupila era el contraste perfecto con los grisáceos de Tord.

—¿Cómo está mi increíble sobrinito? —canturreó la mujer, acercándose con pasos lentos y extendiendo los brazos para envolverlo en un abrazo. Los ojos de Tord se abrieron como platos.

—Oh… —escapó de su boca con un asco evidente en cuanto sintió los brazos de la mayor rodeándolo, inundando sus fosas nasales con aquel olor insoportable. ¿Cómo, en nombre de todo, la habían dejado entrar allí?—. Yo también estoy… feliz de verte —mintió, separándose con lentitud—. Iré por mi equipaje.

—Claro, querido. Aquí te espero —musitó ella, perdida en su propio mundo, como si viviera un sueño agradable que solo ella podía ver.

Minutos después, Tord regresó con una mochila al hombro y una maleta rodando tras él.

—Vámonos.

El trayecto fue silencioso, incómodo. El joven notaba el cambio del vecindario en cada calle: la suciedad, el hedor, la gente en situación de calle aumentando en número. No era que se viera tan mal… simplemente él no estaba acostumbrado a frecuentar lugares así. Era normal: provenía de una familia acomodada, y pasar de eso a esto… vaya contraste.

Se limitó a mirar el suelo, evitando las miradas y cualquier posible interacción. Tal vez, durante los meses —o el tiempo que fuera necesario quedarse allí—, preferiría permanecer dentro de la casa y no mezclarse con la gente de ese lugar.

Vio cómo su tía se detenía frente a una casa, la abría y entraba sin más. Tord la siguió, en silencio. Ella no se molestó siquiera en voltearse: apenas ingresó, sacó agujas y otros objetos para inyectarse en el brazo. Tord quedó paralizado unos segundos antes de cerrar la puerta y dirigirse a lo que asumía eran las habitaciones. Supo de inmediato cuál era la suya: la de Britney estaba llena de ropa tirada, pequeños sobres con contenido blanco, otros verdes, otros rosados, y un papel marrón delgado que completaba la escena.

Su habitación no estaba mal. Pequeña, estándar, pero claramente abandonada hacía tiempo. La cama estaba tendida, aunque con algunas arrugas, y aunque había algo de mugre y uno que otro sobre por ahí, al menos no era un caos absoluto.

—Esto no está mal… —murmuró.

Dejó ambas maletas sobre la cama, que crujió bajo el peso. Tomó su teléfono y notó que tenía mensajes de su madre.

Madre:

“Olvidé informarte que mañana comenzarás tus estudios. Tu padre y yo no queremos que te atrases, así que encontramos una escuela cercana al vecindario donde se hospeda tu tía. Afortunadamente, asisten en particular, así que no debes preocuparte por el uniforme. Le pedí a Paul que empacara tus cuadernos en la maleta de ruedas. Cuídate, amado hijo mío. La gente allá no es del todo… civilizada, por lo que te pido que ignores sus peticiones. Por favor, Tord, pórtate bien. Te manda besos, mamá. 🩷”

Tord frunció el ceño al leer el mensaje. Al diablo su idea de no interactuar con la gente del vecindario… ¡pero no todo era tan malo! Londres era Londres. Una ciudad hermosa, llena de oportunidades. No pensaba perderse el gusto de explorarla.

 No pensaba perderse el gusto de explorarla

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In Another School || TordTom Donde viven las historias. Descúbrelo ahora