soy solo un perro

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Cuando nací, tenía que pelear con mis hermanos por una dosis de cariño, bueno hasta que conoci a mi ahora dueña.
Ella era especial, sus manos me tomaban con tanto cariño, que aunque me tomara cualquier otro visitante, ninguno tendría esa esencia que ella dejaba en mi.

Pasaba las noches cuidando de su sueño, sentía mi corazón latir, cada vez que ella se movia bajo las sábanas. podía pasar horas solo escuchando su respiración, era tan cálida que me transmitia esa paz nocturna, era magnífico verla descansar sobre su amplia cama y solo con saber que al día siguiente estaría para mi, ese sentimiento de felicidad, otra vez aparecía en mi pecho.
Desde pequeño, siempre fui un cachorro muy amistoso; adoraba morder calcetines o jugar con las cortinas, siempre con la intención de buscar algo para entretener mi superdotada iperactividad. Aún recuerdo cuando ella encontraba tendido en el suelo los restos que dejaban mis tipicos juegos, ella le llama "basura" pero siempre encontraba algo bueno por ahí.
Pasábamos los días yendo a jugar al parque, ella me entendía, con un solo movimiento con mi cola, la sonrisa en sus labios volvía aparecer, pero ¿que pasaba ahora?
Deje que entrara ese amiguito suyo a la casa y todo cambió.
Los días pasaban y nuestra amistad se quedaba atras. Ya no la veía en casa, pasaba los horas frente a la puerta esperando que sus manos me tocaran.
Aun recuerdo aquella tarde de invierno donde me quede fuera de casa y ella se olvido de mi. entre besos y abrazos con aquel chico, la puerta se cerró frente a mis ojos.
Estaba perdido entre la fría lluvia, no tenía donde ir, así que esperé, esperé tanto que la misma lluvia a llevo mis propias lágrimas.
Al día siguiente ahi estaba mi dueña, me tomó en sus brazos y me entró a casa, solo me hablaba y repetía mi nombre, pero era incapaz de decir algo, mi cuerpo estaba débil y me sentía demasiado cansado como para lamer su rostro.
Fue la primera vez que lloró por mi, mi corazón estaba al borde pero resistí, después de un tiempo podía correr y jugar de nuevo. Me sentía en la cima otra vez, ya no me quedaba fuera de casa.
Pero como todo cuento de hadas el mio, tenía las dificultades de una tipica historia romantica, YO SEGUIA SOLO SIENDO SU PERRO...

Un día estaba esperando a que llegara. Cuando de pronto entro en la casa y golpeó la puerta con fuerza, la vi indefensa llorar de rodillas, cerca del sillón. No es más que ese sentimiento que no deja de atormentarla, ¿que puedo hacer? Soy un simple perro.

La tarde llegaba a su fin, seguiamos acomodados cerca del sillón, sus manos acarician mi barriga, y no dejaba de verla, las lágrimas caian por sus mejillas, sus ojos no tenían el brilló que me enamoró, podía notar el daño que le habían causado.
Me entristecia verla así, me sentía sin rumbo, me daba rabia no poder defenderla, no poder decirle cuanto la amo y que me interesa verla sonreír, quisiera que supiera lo importante que me hace sentir, que sin ella, no sería nada, pero algo me lo impedía... malditamente, Seguía siendo un perro.

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