CAPÍTULO 35
AYDA
Frank se fue poco después de nuestra conversación. Sabía que lo había dejado destrozado, porque no hace mucho le había dicho que no había ningún problema entre nosotros. Y, en cierto punto, era así. Es decir, el problema era yo, por típico que sonase. Yo tenía que sanar para poder ofrecerle todo lo que necesitaba y si, por circunstancias de la vida, él en este momento encontraba a alguien más no volvería a inmiscuirme y me cerniría a vivir alejada de él.
Sabía que iba a costar esta separación, sabía que tal vez no conseguiría separarme por completo de lo que él era para mí. Pero necesitaba el tiempo que no me había dado, ni con la muerte de mi padre, ni con la de Eloise. Porque intenté ser la mujer fuerte que me obligaron a ser, sin pensar en cómo me sentía realmente.
Esa noche lloré todo lo que debía llorar. Me deshice en lágrimas y, de madrugada, cuando ya no podía dormir más, decidí dar una vuelta por el edificio. Bajé al trastero, donde sabía que habría varias cosas mías, y al entrar me sorprendí.
Había multitud de cuadros amontonados en la pared, con el primero devolviéndome la mirada. Era un retrato, pero no solo eso, era un retrato de mí. Me acerqué con los ojos llorosos y empecé a pasar los cuadros. Eran preciosos. Cada uno de ellos mostraba una imagen diferente, pero en todas aparecía yo. De la vez que nos acostamos en un campo de flores, de cuando salíamos en bicicleta, un dibujo de él besando mi frente, y multitud de ejemplos más.
Sabía que Frank pintaba, pero nunca lo había visto dibujando algo que no fueran paisajes o casas. Por eso me sorprendía que los únicos dibujos que se salían de lo habitual fuesen con mi imagen. No sabía cómo sentirme ante esta imagen. No sabía siquiera por qué no me había mencionado que estaban aquí, por qué me había privado de todo esto cuando estábamos bien. Ahora que yo la había cagado, encontrarlos era un recordatorio de lo mal que estaba para soltar a un hombre tan especial como Frank.
Me dolía tanto haberle dejado de esta forma. Él no merecía el trato que le había ofrecido, no sabía si él estaba entendiendo las razones por las que yo había decidido esta situación.
Subí con tres de esos cuadros en los brazos. Eran muy especiales para estar cogiendo polvo en un trastero. Como por ejemplo la vez que montamos en bicicleta, cuando yo hacía mucho que no había cogido una y tuvo que ayudarme a mantener el equilibro de nuevo. Cuando tuvimos nuestra primera cita, sentados en un campo de flores, haciendo un picnic. Y la más bonita, nosotros mirándonos a los ojos. No sabía cómo pero había logrado captar la mirada de admiración que siempre le dedicaba, de amor, de tantas cosas que me daba la impresión de sentirlo todo de nuevo, observándolo a él en el cuadro.
Cerré la puerta después de entrar y encendí las luces para ver mejor estas obras de arte. Eran las cuatro de la mañana, pero no pude evitar coger el teléfono y llamarlo con lágrimas en los ojos.
Un tono, dos, tres... Y así hasta que llegó al quinto tono y yo ya estaba neurótica. No sabía qué iba a decirle si contestaba, no iba a volver con él, no ahora al menos. Pero necesitaba hablar sobre lo que había hecho.
—¿Ayda...Qué...?
Su voz sonaba adormilada, probablemente lo había despertado, aunque en estos instantes no me importaba eso.
—¿Ha pasado algo...por qué llamas a estas horas?—escuché cómo se incorporaba en la cama.
—¡No!—dije rápidamente, esperando que no se hubiese levantado corriendo para venir a donde estuviese, como había hecho tantas veces.
—¿Estás llorando...? Ayda, dime qué es lo que ocurre, qué...
—He bajado al trastero...
Soltó un pequeño "Oh" y después de eso se hizo el silencio, él sabía que sus cuadros estaban ahí.
—Son preciosos...todos ellos.—sollocé, pero me sequé las lágrimas, tratando de mantenerme entera.—No sabía que...No sabía que habías empezado a hacer retratos.
Lo escuché suspirar y supuse que se había pasado la mano por el pelo, como siempre solía hacer para aclarar sus ideas.
—Sólo hago retratos tuyos. Las demás personas me parecen insignificantes cuando te tengo a ti.
Fue mi turno de soltar el "Oh", para después dejar que el silencio reinara en la llamada.
—Lo siento, no quería incomodarte. Sé que ahora mismo estamos separados, pero supongo que querías que fuera sincero.
—Sí, perdóname a mí. Me ha pillado desprevenida...
Y volvió el silencio. Sentí las lágrimas volver a mis ojos, porque nunca había pasado esto y en el fondo sabía que era porque nuestra relación estaba rota. Nos habíamos hecho tanto daño ambos, que ahora mismo era difícil volver a ser lo que éramos, por más que pasara el tiempo.
—Ayda, es tarde y tengo que ir a trabajar en unas horas...—decidí interrumpirlo, porque sabía que estaba haciendo las cosas mal.
—Sí, lo sé. Lo siento. Buenas noches. —suspiré, recibiendo otro buenas noches por su parte, pero sin oír cómo la llamada había acabado—¿Frank?
—¿Si, Ayda?
—Sé que no tiene sentido que te diga esto ahora, después de haber destrozado lo que teníamos, pero...Espero que no dudes de que lo que siento por ti es real y que me gustaría que en un futuro... Si la vida nos vuelve a juntar...—un sollozo me arrolló de nuevo.
—Lo sé, ratona. Ahora céntrate en ti, en estar bien, no te preocupes por mí, entiendo por lo que estás pasando.
No puede evitar derramar más lágrimas y fue entonces cuando escuché cómo la llamada se había cortado. Eso hizo que me sintiese peor, porque sabía que Frank odiaba que llorase cuando él no podía estar para mí y consolarme. Sabía que escucharme llorar era una de las cosas más duras que podía hacerle, porque le dolía.
Yo había hecho las cosas tan mal...Había destrozado una boda para conseguir a un hombre que ahora estaba dejando, porque necesitaba estar sola. Y, sin embargo, no sabía si estaba haciendo lo correcto, no sabía si podríamos volver como siempre, no sabía si realmente yo merecía a Frank.
Ahora sólo tocaba esperar que el tiempo curase todas las heridas que yo tenía aun abiertas, y que en ese tiempo Frank siguiera escogiéndome a mí.
ESTÁS LEYENDO
Lo Que Quedó De Nosotros ©
Novela JuvenilUna relación estable, una enfermedad y un viaje. Así describiría yo lo que fue mi vida. Dejé todo, mi chico, mi casa, absolutamente todo por mí mejor amiga sin dudarlo. Así que, cuando volví con el rabo entre las patas, el que ahora era mi exnovio...
