❪ Neteyam ❫
-Toda la energía es un préstamo... que algún día hay que devolver.
❪ 𝘓𝘪𝘦 𝘴𝘪 𝘰𝘦 𝘕𝘦𝘵𝘦𝘺𝘢𝘮𝘶𝘳
𝘕𝘢𝘸𝘮𝘢 𝘴𝘢'𝘯𝘰𝘬𝘶𝘳 𝘮ì𝘧𝘢 𝘰𝘦𝘺ä
𝘈𝘵𝘢𝘯𝘵𝘪 𝘯𝘨𝘢𝘭 𝘮𝘰𝘭𝘶𝘯𝘨𝘦
𝘔𝘪𝘱𝘢 𝘵ì𝘳𝘦𝘺𝘵𝘪, 𝘮𝘪𝘱𝘢 '𝘪𝘵𝘢𝘯𝘵𝘪
𝘓𝘢�...
¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.
Cerré los ojos con fuerza y traté de olvidar la sensación abrumadora que sentía en mi cabeza. Cada vez que abría los ojos podía notar cómo todo me daba vueltas, incluso mi estómago parecía notarlo también. Estaba siendo un mal día, y estaba por ponerse peor.
—¿Preparada?
Abrí los ojos algo molesta y dirigí la vista a mi madre. Cada vez que tenía un mal día sorprendentemente ella estaba presente, como la mensajera que me recordaba que mi vida no podía ser tranquila, ni mucho menos podía descuidar mis obligaciones. Definitivamente llevaba una vida bastante frustrante. Llevaba tres días sin ver a Neteyam, y eso también afectaba a mi humor, el cual empeoraba cada día que añadía a la lista de no haberle visto. Aunque entendía el porqué de su ausencia, ya que Neytiri había vuelto hacía tres días y al parecer los Sully tenían que discutir la mayoría de temas en una especie de reunión familiar. Una demasiado larga para mi gusto.
—Deberías estar feliz, Ngayä, este es uno de los días más importantes de tu vida. Se supone que tendría que ser muy especial y tú pareces tener el ánimo por los suelos —mi madre bufó en mi dirección y se acercó para colocar mi pelo de una forma más ordenada. Daba igual que se lo explicara, ella jamás lo entendería—. Estás preciosa, Ngayä. Hoy no solo enorgullecerás a nuestra familia, sino también a Eywa.
Mi corazón comenzó a latir desbocado y agaché las orejas mientras miraba hacia el exterior.
¿De verdad Eywa se sentiría orgullosa por esto? ¿No puede sentir mi tristeza?
Siempre deseaba que Eywa estuviera de mi parte, ya que mi madre solía decir que ella velaba por todos nosotros. Si lo hacía, ¿eso no significaría que estaría triste por verme sufrir? ¿Podía si quiera Eywa cambiar mi cruel destino?
—¿Alguna vez tuviste dudas? —Me giré hacia mi madre, captando por completo su atención—. Antes de unirte a papá, me refiero.
Su mirada se descolocó por un instante, pero luego se recompuso, mirándome con algo de compresión en sus ojos.
—Me siento pérdida, y-y es como si nadie entendiera cómo me siento. —Una lágrima se escurrió por mis mejillas y mi madre se acercó para abrazarme. Sorprendida, correspondí a su abrazo, tratando de desahogarme con ella, y deseé que ese momento no terminase nunca.
—Claro que te entiendo... —Suspiró con tristeza—. Sé que esto ha sido demasiado para ti, y que tal vez pusimos demasiada presión sobre tus hombros muy pronto, pero... —se separó un poco de mí y me miró acariciando mis mejillas— ya eres una Metkayina, hija, eres de los nuestros. Y sé que parece que nadas a contra corriente ahora, pero te prometo que las cosas se calmarán, y podrás tener una vida tranquila.
Bajé la mirada y tragué con fuerza. Ella no lo entendía; al menos no del todo. No tuvo opciones, no había nada que pudiera perder porque no había nada a lo que se sintiera aferrada. Pero yo sí, tenía a alguien a quien perdería si seguía el destino que mi madre me mostraba, alguien por quien estaba segura de que daría hasta mi vida por verle feliz. A diferencia de ella, a mí me pedían que renunciara a todo por nada.