Después de enviarle el mensaje a Glenn baje a la cocina dónde mis dos hermanos me esperaban con el desayuno preparado. Cada uno sentado en la mesa tomando café con leche, en centro de este hay una pequeña canasta llena de tostadas y medialunas, a los costados mantequilla de nuez y mermelada; como solemos desayunar en las mañanas. Luego de saludarlos me siento en el medio, agarro la taza llena y doy mi primer bocado a la medialuna mientras Alan, el mayor de treinta años, me mira fijamente con intensión de hablarme.
—No te olvides de llevar el inhalador —ordena a lo que asiento. Ahora desvía su mirada hacia Finnick, el menor de los tres de tan solo ocho años— y tú niño apúrate que llegas tarde a clases.
—¿No puedo ir con ustedes?
—Tienes exámenes —digo—. Si te va bien puedes faltar una semana entera.
—¡Kylie! Deja de malcriarlo —dice negando en desaprobación. Una de las características es que él es responsable, en cambio Finn y yo no; sólo nos dejamos llevar por nuestros actos sin pensar en las consecuencias y no nos importa nada. Por eso con el menor me llevo mejor.
—¿Cuántos meses te quedaras? —Finn cuestiona de repente, a lo que me quedo pensando, eso no lo hemos discutido aún. Ya que no tengo intensiones de volver a la ciudad por ciertos problemas familiares.
Había dejado San Francisco de un día para el otro, tome unas vacaciones aprovechando que mi madre se fue a Milán por trabajo y así escapar a este pueblo dónde viven mis dos hermanos que no veía hasta hace nueve meses. Es la primera vez que vengo aquí, la primera vez que viajo sola. Alejarme de la ciudad y disfrutar de la naturaleza como mi padre y mis dos hermanos hicieron hace cinco años, y creo que también me quedaré a vivir aquí. Aunque para eso tenga que abandonar mi primer año en la universidad. De esto, seguramente, mi madre me matará, ya por ser la única hija que queda a su lado después de la separación.
Sin embargo, ya soy mayor de edad y puedo hacer lo que quiera, aun no les dije sobre mi idea de quedarme más de lo acordado. Quizás se alegren o quizás no. Depende como nos llevemos en la convivencia. Si no funciona, tendré que volver a la ciudad y seguir con mi aburrida vida.
—Tres meses —él me mira un tanto triste y se levanta de la mesa sin decir nada—, me voy a cambiar —imito su acto dirigiéndome al baño.
—No te olvides del inhalador—me grita frustrado y bufa.
—Sí, si ya me di cuenta deja de bufar mamá —grito desde las escaleras.
Mientras ellos se dirigen a la salida voy al baño en busca del inhalador que siempre debo tenerlo conmigo en caso que me agarre un ataque de asma, me pongo el suéter gris y las botas negras. Ni siquiera me doy el tiempo de peinarme. Salgo a la sala de estar con la mochila en mi hombro. Ellos ya están esperándome fuera, siempre soy la más lenta de los tres.
—Ya estoy —digo una vez que cierro la puerta y bajo el escalón resbaloso por la lluvia de anoche, atravieso el pequeño camino de piedras hasta unirme con mis hermanos y emprender nuestro camino. Primero al colegio ubicado a dos calles de casa y después al bosque más alejado del pueblo, exactamente a media hora de viaje a pie.
No memoricé las calles, apenas sé ir hasta el colegio y al parque que está al lado. Al bosque fuimos sólo una vez y me había perdido cuando quise perseguir un conejo, allí fue dónde conocí a ese extraño que, por lo que sé, vive ahí entre la nada. Desafortunadamente no pude hablarle, primero porque no me salían las palabras de la boca, segundo él se fue ignorando mi presencia luego del casi el accidente que tuve si no fuera por él que me salvó. Aun así me intrigó saber más de él, por eso en estos días estuve buscando información, recibí respuestas negativas respecto a él, eso incrementó mis ganas de conocerlo.
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Dear stranger
Adventure❝Mi padre siempre me decía que no debo juzgar a las personas a base de comentarios negativos de otros. Siempre seguí ese consejo y gracias a ello, lo conocí❞ daryl dixon fanfic