Desconocido.
Daysi era jodidamente hermosa, el cabello largo siempre ha sido su fuente y las caderas marcadas la hacen ver aún mas sexy. Pero eso no es lo que verdaderamente atrae de ella, también lo es su inteligencia y la manera en que no confía en cualquier persona.
Sonreí sin dejar de mirarla y pensé en que yo seré la próxima persona que ella deposite toda su confianza.
Después de que sus padres estuvieran en su maravilloso paseo por el mar, decidí acercarme un poco a Daisy y empezar con mis planes de atacar.
Ella estaba parada mirando hacia la nada. Tenía las manos sobre las caderas y disfrutaba que el viento volara su cabello.
-¿Llevas rato observándome? -Preguntó y me detuve, no imaginé que se hubiese dado cuenta.
-¿Perdón? -Me hice el desentendido.
-Desde hace un rato me di cuenta de que me observas -Se dió la media vuelta y quedé boquiabierta al ver sus ojos verdes y el brillo perfecto de su rostro-. ¿Se te ofrece algo?
-Eh... Solo...
-Me llamo Daisy -Extendió su mano y la tomé para besarla.
-Es un gusto conocerte -Le dije sin soltar su mano y la sonrisa en su rostro me atrapó, no podía dejar de mirarla sobre todo por aquellos brackets que le pusieron desde hace dos meses.
-¿Entonces? -Preguntó y solté lentamente su mano.
-Iba pasando por aquí y no pude evitar quedarme parado para observarte.
-¿Con qué intenciones? -Levantó una ceja.
Los ojos los sacó de su abuela porque a diferencia de su madre, ella si los tiene un poco rasgados.
-Con la intención de que no te dieras cuenta que me atrapaste con tu belleza -Di un paso hacia atrás y le sonreí como si nunca hubiera visto algo tan perfecto.
-¿Ah si? -el cabello le cubrió el rostro y lo hizo a un lado pasándolo por detrás de sus orejas-. Pues déjame decirte que yo me doy cuenta de todo.
-Si me di cuenta -Lamí mis labios.
-Bueno -Empezó a caminar hacia sus padres-. Me tengo que ir.
-¿A dónde? -Pregunté.
-A mi casa, no tengo permitido salir -Hizo una pequeña risa y se asomaron los hoyuelos que heredó de su padre.
Maldita sea, ¿Por qué la hicieron tan perfecta?
-Entonces, ¿Que haces aquí? -Sentí como el corazón me latía cada vez más rápido y no supe si por los nervios de verla tan atractiva o por miedo a que me descubra.
-Vine a disfrutar del amanecer, es lo único que me gusta del día.
-¿Por qué no puedes salir?
-Estoy castigada... -Frunció el ceño y negó con la cabeza-. No sé por qué estoy respondiendo a cada pregunta tuya.
-Disculpa -Sonreí tratando de mostrarme apenado-. Solo quería hacerte más plática.
Volvió a ver a sus padres y retrocedió unos pasos.
-No tardan en volver, hasta luego.
Empezó a caminar más rápido hacia la mansión que tienen aquí y corrí hasta alcanzarla.
-Te invito a salir -Le dije tratando de llevar su paso.
-¿Qué? ¡Obvio no! -Dijo sin dejar de caminar.
