02

7K 594 160
                                        

⋆✩⋆────*ೃ:.✧✲゚*。⋆─

Carlos Sainz se consideraba a si mismo como una persona razonable y con una mente abierta.

Hace menos de tres meses que había descubierto que era homosexual y decidió decirle a sus padres quienes por cierto no se lo tomaron nada bien, y el a ver que nunca aceptarían quien era decidió mudarse de vecindario.

Conoció a sus vecinos, los Leclerc, unas personas realmente amables con un aspecto ¿raro?.

La verdad es que las palabras sobraban para describir a esa familia que era tan rara pero a la vez tan unida. Hervé fue el primero en darle la bienvenida, invitándolo a una parrilla, donde conoció a su esposa Pascalé y a sus tres hijos, Jules, Charles y arthur.

Cada uno fue bastante amable con él, e incluso Charles lo invito a jugar videojuegos un día que no estuviese ocupado. Carlos no pudo dejar de pensar el bonito chico de cabello castaño y ojos verdes, Charles sin duda era un muchacho bastante enérgico, seguro de sí mismo. Le llamaba muchísimo la atención, pero estaba seguro de que él no era homosexual o estaba interesado en los hombres.

Tres meses después de haberse mudado y de pasar más tiempo con Charles se dió cuenta de lo que quería.

¿En cuanto tiempo te terminas de enamorar de una persona?. Dos días, tres días o cuatro días. Carlos no estaba seguro, pero en esos tres meses que conoció al menor de los leclerc, se dió cuenta de cuáles eran sus sentimientos por el. Quería golpearse por pensar en el chico de diecinueve años, ni siquiera le llegaba a su edad.

Así que, en una mañana tan calurosa, decidió despejar su mente haciendo un poco de ejercicio. Daniel una vez le dijo, "Entre más mamado estás, más gay serás", eso de alguna manera le causaba mucha gracias, su amigo era un estúpido, pero así lo quería.

Daniel era de las pocas personas que lo aceptó por quién era, su amigo también pertenecía a la comunidad LGBT siendo bisexual. Sentía atracción hacia los hombres y las mujeres, jamás vio como algo anormal el hecho de que te gustara alguien de tu mismo género. El mismo lo había dicho.

"Nacimos para amar y ser amados, no para ser juzgados, hombre o mujes todos somos iguales."

Carlos estuvo tan conmovido por esas palabras que terminó todo contacto con sus padres, su papá nunca quiso entenderlo e incluso le buscó una prometida para que lo curára, y obviamente se enfureció mucho con él esa mañana que recibió la llamada.

Pensamiento de mierda, pensaba al recordar como su padre le había dado la noticia sin vergüenza alguna.

Acomodó bien las pesas, siempre se aseguraba de que sus herramientas estuvieran bien colocadas para no sufrir accidentes y no morir por una rueda pesada en la cara. Daba risa, pero de tan solo imaginarlo le temblaba todo el cuerpo de tan solo sentirlo. Calentó sus músculos, para después sentarse en la camilla y empezar a levantar las pesas.

El sudor bajaba por su cuerpo, dejando un efecto perlado al hacerlo, sostenía las pesas con ambas manos sin dejarlas caer, las alzaba arriba y abajo, marcando los biceps de sus brazos. Carlos se mostraba muy concentrado, hasta que de la nada surgió una inquietud.

-¿Por qué siento que me están vigilando?- Detuvo un momento su actividad para revisar las cámaras de seguridad y quedarse mirando ese punto específico.

Se encogió de hombros restándole importancia para después hacer unas cuantas lagartijas y algunos abdominales. Casi siempre era su rutina, hacer ejercicio le sentaba demasiado bien porque se sentía seguro consigo mismo.

-Estúpido calor, de algo sirve perder sudor.- se quitó la camiseta dejando ver su abdomen marcado y su piel bronceada, pasando sus manos por su melena castaña. El sudor bajaba desde su pecho hasta sus bíceps, si alguien tuviera a Carlos Sainz en frente en ese momento, diría que es como un Dios griego.

¡Código Equivocado! [Charlos]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora