A Luz le gustaba su cumpleaños. No es que llegase a los niveles de pasión de mucha gente que veía en internet, que dedicaban una semana entera a celebrarlo y hacían fiestas por todo lo alto. No era esa la razón por la que deseaba que llegase su día. A Luz le gustaba su cumpleaños porque podía reunir a toda la gente que quería con una excusa perfecta. Y porque el día estaba centrado en ella, para qué iba a engañarse. La modestia no la había heredado de su tía Marta, precisamente.
Es por eso que la mañana en la que estrenaba sus 23 años decidió preparar a su familia un desayuno especial: crepes. Era un clásico cuando su padre, su madre o su hermano cumplían, así que ¿por qué no darse ella también el capricho?
El primero en levantarse fue Jon, que llegó justo a tiempo para empezar a comer su ración.
—Buenos días, Luz —saludó—. Muchas felicidades.
—Ya pensaba yo que te ibas a olvidar, enano.
—¿Cómo iba a olvidar el cumpleaños de mi hermana favorita?
La chica, que justo estaba pasando a su lado para servirle un crepe, aprovechó para darle una colleja amistosa.
—Si soy la única que tienes, imbécil —rió.
—Bueno, bueno. Aquí huele a cumpleaños ¿no? —su madre, Silvia, entraba por la puerta. Enseguida fue a abrazar a Luz—. Muchas felicidades, cariño.
—Gracias, mamá.
Su padre, Javier, fue el siguiente en llegar y felicitarla. Como siempre, iba ya vestido con el uniforme de Guardia Civil, pero en esta ocasión llevaba algo en las manos, que le extendió enseguida a su hija.
—¿Y esto? —la chica fingió asombro—. ¿Para mí?
—No, para tu hermano —replicó Javi, sarcástico—. Pues claro que es para ti, hija. ¿Para quién va a ser?
La chica sonrió, agradecida, y comenzó a abrir el paquete. No era precisamente grande, así que la curiosidad de la chica superó al hambre con el que había amanecido. Tras rasgar el papel, encontró una pequeña caja. Al quitar la tapa, miró a sus padres con la boca abierta.
—¿Esto es lo que creo que es? —preguntó, en shock.
—Creímos que ya era hora ¿no? —respondió Silvia. Tanto ella como su marido tenían una sonrisa de oreja a oreja, producida por la felicidad de su hija, y es que no había nada mejor que hacer un regalo y acertar con la elección.
En la caja había unas llaves de un coche. Luz se había sacado el carné hace años, pero usaba únicamente el vehículo de su madre, ya que no conducía muy a menudo.
—Ahora puedes tener más libertad para moverte —añadió su madre—, sobre todo con Ainhoa, por si os apetece salir del pueblo e iros a algún lado a las afueras.
La chica sonrió. Es verdad que no había echado en falta un vehículo propio, pero ahora que sus padres habían mencionado a su novia, había descubierto una necesidad que no sabía que tenía hasta ese momento.
—Muchas gracias —se lanzó a abrazarlos a los dos-. Os quiero mucho.
—Y nosotros a ti, cielo —respondió Silvia.
—Eso sí —comenzó Javi, nada más separarse—. Cuidado con las velocidades y las carreteras por las que os metéis, que ya sabéis que de noche...
—...todos los gatos son pardos —acabó Luz. Su padre no podía evitar sacar el sargento que llevaba en el interior, ni siquiera cuando trataba con su familia. Bueno, en realidad especialmente cuando trataba con su familia—. Ya lo sé, papá, no te preocupes.
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Por ti, siempre (One shot)
FanfictionA Luz le gustaba su cumpleaños. Siempre había disfrutado de la celebración de su día, que solía ser uno de los más especiales del calendario. Pero en aquella ocasión, había algo que lo hacía mucho más especial; o mas bien, alguien: su chica, Ainhoa...