XXVIII✓✓

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Esmeralda pov

Estaba molesta, verdaderamente hirviendo por dentro. La sangre me zumbaba en los oídos mientras los seguía a través del pasillo.

-A la habitación a bañarte -ordenó Damon con un tono firme, intransigente, que no admitía réplicas.

Zafiro, a pesar del fuego rebelde que solía caracterizarla, agachó la cabeza y obedeció de inmediato, escabulléndose hacia su dormitorio.

-¿Y Axel? -pregunté enarcando una ceja, cruzándome de brazos mientras sentía cómo el temblor de la rabia me recorría las manos.

-Afuera, disfrutando del espectáculo -respondió él sin volverse, con una voz cargada de una rabia fría y pálida-. ¿Qué demonios pretendes que haga?

-¿Qué les estás haciendo a mis hijos? -exclamé, dando varios pasos rápidos para acortar la distancia entre los dos-. ¿Cómo es posible que lleves apenas unos días entrenándolos y ya sientan esa fascinación morbosa por ver sangre, por presenciar la violencia más pura? -La voz se me quebró al final y sentí el ardor escocés de las lágrimas agolpándose en mis ojos-. Se están convirtiendo... en unos verdaderos insensibles, Damon. ¡Son solo unos niños!

Damon se detuvo al pie de la gran escalera de madera oscura, se giró despacio y me miró desde su altura, con esos ojos gélidos que parecían desprovistos de cualquier rastro de piedad humana.

-Siempre han tenido el gen asesino corriendo por sus venas, quieras aceptarlo o no -dijo mientras comenzábamos a subir los peldaños escalón por escalón-. Podría jurar que hicieron comentarios sobre sangre y muerte mucho antes de que yo apareciera en sus vidas. Si no aprenden ahora a defenderse, a pelear y a endurecer sus emociones, van a sufrir. El mundo los va a joder, los va a despedazar, y ni tú ni yo estaremos ahí cada segundo para impedirlo. Están pequeños, sí, pero un niño normal nacido en las entrañas de la Bratva es entrenado y alejado del regazo de su madre desde los dos o tres años. Así que agraderías tener un poco de perspectiva y valorar que no los he separado de ti. Además, está bien que empiecen a volverse insensibles; así en el futuro no existirá la duda ni el remordimiento al apretar un gatillo. Formar parte de este mundo es todo menos bueno.

Entró a su habitación y yo me colé detrás de él, cerrando la puerta con un golpe seco que resonó en todo el piso.

-¡Pero están incrementando su instinto! ¡Y a Zafiro le estás alimentando la parte más oscura! -solté con el pecho agitado, incapaz de contener el nudo de horror que me oprimía la garganta-. Por lo que vi... ¡por lo que me dijeron abajo, fue ella la que te pidió que castigaras a esos niños! ¡Hablaban de quemarlos vivos, Damon! ¡Niños! Eso es insano, no está bien bajo ninguna circunstancia.

Damon caminó hacia la enorme cama, quitándose la chaqueta con un movimiento fluido y desabrochándose los primeros botones de la camisa.

-Aclara esa cabeza cargada de paranoia -dijo mirándome fijamente, con una calma espeluznante-. Nadie quemó vivo a nadie. ¿Crees que soy un sádico sin cerebro que va a desperdiciar recursos y vidas de esa manera tan burda?

Me quedé helada en mi sitio, parpadeando para procesar sus palabras.

-¿De qué hablas? Los gritos... la humareda abajo...

-Fue una lección. Una tortura estructurada -explicó con voz pausada, acercándose a mí lentamente-. No los maté. Los niños de los leales a la facción enemiga no murieron quemados; fueron sometidos a marcas de fuego superficiales, a confinamiento en la oscuridad y a un interrogatorio violento para que entiendan dónde radica el verdadero poder. Les enseñé lo que sucede cuando se cruza la línea. La humareda era carne sintética y marcas de pertenencia, dolor real pero no letal. Zafiro pidió sangre y yo le mostré cómo se dobla la voluntad de un enemigo sin necesidad de crear un cadáver que no sirve para nada. ¿Sigue siendo una crueldad? Sí. Pero los niños están vivos. Y aprendieron a temer a mi apellido.

Esmeralda (En Edición)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora