Tu mayor pesadilla se convierte en una latente y constante fantasía.
Una fantasía donde la obscenidad y la lubricidad toman lugar por encima de tus principios.
Kim Taehyung y Jeon Jungkook te enseñarán que las buenas intenciones a veces están disfra...
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Narra T/N.
Taehyung salió de la oficina y yo no tengo la más mínima idea de por qué dijo lo que dijo. Lo único que sé es que estoy experimentando un profundo sentimiento de traición.
¿Cómo pudo decirles a nuestros padres sobre lo nuestro?
Tengo la sensación de que todo a mi alrededor se detuvo y que mis negativos pensamientos dan vueltas por mi cabeza haciéndome marear y querer desvanecerme.
–¿T/N? –Escucho la lejana voz del Señor Min, en forma de eco. –Ni se le ocurra desmayarse, sería el colmo.
Parpadeo un par de veces e intento respirar pero es como si mis pulmones hubieran dejado de funcionar. De pronto siento las manos del señor Min sobre mis hombros, me esta guiando hacia su enorme silla giratoria para sentarme. Se coloca en cuclillas frente a mí mientras toca mi frente y mis mejillas con su pálida mano.
–Quizá no lo haya notado señorita, pero su novio es un patán, debe de ser mas selectiva en sus relaciones.
Trago con dificultad porque mi boca se encuentra seca. –Se... Señor min, lo lamento tanto... –Alcanzo a decir con el poco aliento en mi garganta. –Yo... entenderé si quiere despedirme después de todos los problemas que le causé el día de hoy.
Desde que llegué a mi turno, no hice otra cosa mas que equivocarme en las actividades que el señor Min me encargó, envié mal información a unos clientes, mezcle información en un reporte de ventas e incluso olvidé pedirle la comida al señor Min, razones suficientes para que me llamara eufórico a su oficina para propinarme un merecido regaño.
Pero no lo hizo.
Mi jefe se dio cuenta de mi afligido rostro y la irritación en mis ojos. Cuando me preguntó qué pasaba conmigo fue cuando no pude más y rompí en un angustioso llanto quebrándome ante sus ojos. Pensé que el señor Min terminaría por explotar, pero en su lugar se acercó y me sostuvo en sus brazos para consolarme y tranquilizar mis emociones.
Y lo estaba consiguiendo pues en sus brazos estaba sintiéndome mucho mejor, quizá era lo que me hacía falta, sentir un poco de calor, un poco de comprensión ante mi critica situación.
El señor Min vota un suspiro mientras muerde su mejilla en el interior. –¿Cree que soy un hijo de perra?
Su pregunta me toma por sorpresa e incluso me torno ruborizada. –No.. No señor Min, nunca he pensa..
–¿Entonces por qué piensa que la voy a despedir? Evidentemente usted no estaba en condiciones de venir a trabajar. –Se levanta y nuevamente busca en su cajón un pañuelo para dármelo. –No sé qué problemas tenga, pero le recomiendo que se vaya a su casa e intente arreglarlos, el lunes la veo aquí en su horario normal.
Tras limpiar mis ojos y mi nariz no puedo evitar sentir un poco de asombro por aquellas palabras. El señor Min saca su teléfono del bolsillo de su chaleco de vestir y hace una breve llamada. Mientras tanto yo pienso en lo que posiblemente me espera al llegar a casa.