Capitulo 18

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Narra James

La puerta de la mansión se cerró con un clic suave detrás de su padre, dejándonos solos en el vestíbulo. La luz del candelabro de cristal bañaba todo en tonos dorados, pero ni siquiera eso lograba calmar la tensión que se había instalado en el aire desde que ella abrió la puerta.

La vi llegar hasta mí, con esa mirada fría que nunca antes me había dirigido. Cuando dijo mi apellido en lugar de mi nombre, sentí como si me dieran un golpe en el pecho.

Habíamos pasado meses llamándonos por apodos ridículos, compartiendo secretos bajo las estrellas, reírnos hasta que nos dolían los estómagos -y ahora me trataba como a un vendedor de puerta en puerta.

- "Hannah", lo pronuncí como si fuera una palabra en un idioma que no entendía. Intenté sonreír, pero se me quedó en medio del camino al ver su rostro tan cerrado. Había perdido peso, se notaba en cómo le quedaba grande la playera de Disney que llevaba puesta. Y sus ojos... esos ojos que solían brillar como dos esmeraldas ahora estaban vacíos, como si alguien hubiera apagado la luz de dentro.

Cuando me preguntó por qué acepté, la verdad es que por un momento no supe qué decir. No podía contarle que desde esa noche del baile no había podido dormir más de tres horas seguidas, que cada vez que cerraba los ojos veía su cara rompiéndose en mil pedazos mientras me decía que me fuera. No podía decirle que mi padre me había contado que se había encerrado en su habitación, que no comía nada más bebía un té de frambuesa y que ni siquiera salía al jardín donde solíamos pasar tardes enteras hablando de cualquier cosa.

-"Ojitos de Bosq.... Lo siento Hannah pero por favor necesito una explicación..."- Sentí cómo se me quemaba la garganta al hablar. Había practicado esas palabras miles de veces en el camino hasta aquí, pero ahora que las decía en voz alta, se sintieron débiles, insuficientes. La vi tensarse cuando la llamé por su apodo, y tuve que contener la necesidad de acercarme a ella, de tomar su mano para que dejara de temblar tan levemente.

Cuando ella dijo que no me había pensado ni un solo día, que cada vez que preguntaba si saldría con nosotros, dijera que estaba enferma, sentí como si el suelo se desplomara bajo mis pies. Mentía, lo sabía. Esa conexión que creamos hace tiempo aún existía, podía sentirla vibrando entre nosotros como una cuerda tensa lista para romperse. Pero la dejé seguir hablando, porque ya me había acostumbrado a sus palabras de fuego cuando en realidad estaba herida por dentro.

-"Por qué si aceptaba, estaría de nuevo a tu lado..."- La verdad salió antes de que pudiera contenerme. Vi cómo sus ojos se abrieron de par en par por un instante, como si hubiera dicho algo que no esperaba oír. Pero enseguida volvió a poner esa máscara de indiferencia que me estaba destrozando poco a poco.

Cuando me llamo cobarde, sentí la ira subirme por el cuello. ¿Cómo se atrevía a decirme eso cuando ella era la que se estaba escondiendo, la que no quería hablar de lo que realmente pasó esa noche? Quise gritarle, preguntarle por qué me trataba así, que fue exactamente lo que había visto en el baile o si alguien le contó que Nicolle me estaba besando, por qué no me había dado la oportunidad de explicarle que solo lo hice para olvidar que ella nunca me vería como algo más que un amigo pero que al instante me arrepentí por qué si no es ella, no será nadie más .

Pero antes de que pudiera abrir la boca, se dio la vuelta y subió las escaleras a toda prisa. La puerta de su habitación se cerró con un estruendo que hizo temblar los cristales de los ventanales. Me quedé ahí de pie, escuchando cómo dentro se rompían cosas, cómo ella lloraba a gritos. Quise ir tras ella, pero mis pies no respondían. ¿Qué sentido tenía? Si ni siquiera me dejaba explicarme, o tal vez necesita a alguien que la abrace y le diga que todo va a pasar y podremos ser los mismos de antes.

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⏰ Última actualización: Apr 23 ⏰

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Bajo La Misma Luna ©Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora