Gio se despertó a las ocho y media de la mañana porque se tenía que preparar para el partido, ella jugaba a las once de la mañana, se despertó temprano porque sabía lo mucho que tardaba en prepararse. Se levantó de la cama observando como Germán dormía plácidamente con Miel sobre su pecho, se dirigió al baño, se lavo la cara, los dientes y se hizo una colita ajustada de pelo. Fue hasta la cocina y buscó café para hacerse, todo lo tocaba tímidamente por más de que el chico de rulos le había dicho que busque sin problemas y que, si no encontraba algo, que no dude en pedírselo.
— Fua, pasa re rápido la hora – murmuró viendo que ya eran las nueve y veinte.
Se dirigió a la pieza para buscar su ropa para el partido y se dio cuenta que Germán estaba despierto mirando su teléfono.
— Buen día Ger – saludó Gio — ¿No te patee en la noche no? – preguntó
— Buen día – saludó él — Un poco nomas, entre Miel que se me ponía en la cabeza y vos con tu pijamita dormí muy calentito – confesó e hizo que la chica suelte una risa.
— Yo me voy a cambiar – le avisó la chica
— Bueno, los chicos dijeron que ya venían para irnos todos juntos – avisó.
— Okey – respondió ella y se metió al baño para vestirse.
Una vez vestida salió del baño y fue hacía el comedor, donde estaba Germán preparando un termo con agua caliente junto con un mate y un paquete de yerba, estaba vestido con un buzo marrón un pantalón amarillo pastel y unas zapatillas blancas.
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— Te vestiste más rápido que yo y eso que te levantaste después – le dijo poniéndose junto a él.
Él solo sonrió y siguió sirviendo el agua caliente en el termo, mientras Gio terminaba de arreglar sus cosas sonó el timbre y Germán se dirigió a ver quien era, eran ni más ni menos que los chicos.
— Hola buenas – saludó Tomas.
— Holaa – saludó Rodrigo — ¿Cómo estás prima de mi corazón? – dijo y se dirigió a darle un abrazo a Gio.
— Yo también soy tu primo – le dijo Germán haciéndose el ofendido, Rodrigo se dirigió a él y lo abrazo.
— Mira Gio – le dijo Tomas con una chica al lado — Ella es Mili, mi novia.
— Hola – saludó la rubia con una sonrisa.
— Hola ¿Cómo estás? – la saludó la castaña con un beso en la mejilla.
— Bien – dijo y le volvió a sonreír.
Iván y Santiago solo saludaron con un beso en la mejilla y se unieron a la charla que mantenían.