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Para ellos comenzó como un inocente tarareo por las mañanas, nadie en la tripulación del Sombrero de Paja se alarmó realmente, no tenían ningún motivo para hacerlo. Después de una batalla tan intensa como la que habían tenido contra Arlong y sus Gyojin, el que Luffy estuviera de un especial buen humor no era algo de extrañar, muy por el contrario, su brillante sonrisa y su natural entusiasmo desmedido comenzaban a ser contagiosos, como si su personalidad simplemente se hubiese multiplicado de manera exponencial. Sin embargo, a pesar de que su aumento de energía fue una bomba de adrenalina para todos, llena de promesas sobre alcanzar las aguas más allá del horizonte, y junto a esto, sus más profundos sueños, muy pronto la astuta navegante del Going Merry se dió cuenta de que algo no estaba del todo bien.

Tan astuta como solo ella podía ser, Nami se mantuvo atentamente observando al menor del grupo. Sus canturreos matutinos se habían mantenido durante días, en cada amanecer desde la noche en que Arlong Park había caído, una oscuridad en la que Luffy se había perdido por unos momentos, minutos tan efímeros que simplemente habían pasado desapercibidos, pero para él, habían significado la eternidad misma. Y a pesar de que repetía la melodía hasta que la olvidaba gradualmente durante el transcurso de la mañana, y de sus preparativos para zarpar a su viaje sin retorno por la búsqueda del One Piece, la personalidad vibrante y eufórica del capitán se fue esfumando con el paso de las jornadas, de manera tan gradual que pareció imperceptible. Aún cuando Zoro siempre intentaba tener un ojo sobre el más pequeño, se le había escapado el momento en que todo cambió, de un momento a otro, Luffy dejó de responder a su entorno, completamente desorientado, como si estuviera soñando despierto.

El Luffy que estaba demasiado emocionado al relatar su sueño de ir a la Gran ruta marítima para encontrar el One Piece y convertirse en el Rey de los Piratas, ahora simplemente escuchaba las conversaciones ajenas sin ningún tipo de interés, regresando su mirada hacia el sendero rumbo a lo que quedaba de Arlong Park por mero instinto, como si algo lo hubiese llamado desde allí, como si estuviera tan pendiente de ese llamado que lo esperaba con impaciencia, ignorando todo a su alrededor simplemente para estar alerta cuando volviera a gritar su nombre, solo el suyo.

"Puede que esté tan emocionado por zarpar que no sepa cómo transmitirlo" Fue lo único que Ussop pudo concluir cuando la tripulación se sentó a beber la tarde previa a su embarque, observando cómo, a pesar de que el muchacho de la cicatriz estaba sentado junto a ellos, apenas estaba consciente de la presencia de sus compañeros, mucho más interesado en la oscuridad que se extendía más allá del sendero hacia las ruinas pirata que por lo que sea que estuvieran hablando ellos, aún cuando se trataba de él. Ni siquiera había reaccionado cuando Zoro y Sanji comenzaron a forcejear por una cerveza y esta terminó cayendo sobre su camiseta roja, lo que terminó de preocupar a Nami.

- Zoro, habla con él, eres su primer oficial -Le ordenó la joven al espadachín, quien apartó a Sanji de su cuerpo con uno de sus brazos para observar inexpresivo hacia ella.-

- La última vez que me enviaste a hablar con Luffy literalmente no hablamos -

La navegante rodó los ojos, poniéndolos en blanco por un momento mientras emitía un suave gruñido de frustración.- Dios, tienes cero sensibilidad por lo que podría estar pasando -Sus brazos cruzados sobre su pecho no hicieron más que reafirmar su punto, alguien debía al menos intentar indagar sobre lo que le ocurría al menor de la tripulación, considerando que ella había hecho lo posible por encontrarle sentido a sus cambios de conducta.

- Solo digo que si eso supusiera algún problema nos lo diría, ¿No? -Zoro imitó a Nami, cruzándose de brazos con el ceño fruncido, un poco fastidiado por la situación.

𝙎𝙤𝙣𝙜 𝙤𝙛 𝙩𝙝𝙚 𝙒𝙖𝙫𝙚𝙨 | One Piece live actionDonde viven las historias. Descúbrelo ahora