Capítulo 2. De las mil y un llaves y el vagabundo.

34 2 2
                                    

Desperté, no me acordaba de nada de lo ocurrido, amagada de pies y manos, vendada de los ojos y de la boca, tenía un fuerte dolor de cabeza, fue cuando me acordé de lo sucedido, el dilema ahora era: ¿Dónde estaba?, insistentemente me traté de quitar la venda de los ojos hasta que lo conseguí, al hacerlo vi a mi alrededor 4 paredes, una mesa vieja de madera sobre la cual había un vaso con agua y un plato con sobras, una colcha sobre la cual estaba acostada , y al frente de mí una puerta de la cual asomaba un rayo de sol por debajo de esta, y esa era mi una fuente de luz. Pero lo más impactante que vi fue la sangre ya seca de mí padres en mis manos. Decidí quedarme tranquila y silenciar el miedo que sentía, tratar de portarme bien con ellos para que me dejaran libre, pues nadie pagaría el rescate de una infante huérfana, ya no tenía a nadie, solo a mi tía, pero a ella le importaría más un indulto del valor más insignificante que yo. Así que después de un rato mi curiosidad me mataba, y decidí arrástrame hasta la puerta y pegar mí oreja para tratar de escuchar algo, y escuche a mis paraderos hablar:

- ¡Esta mina no tiene oro! - Dijo uno

- No tiene a ningún pariente interesado en ella, ¡Hay que matarla! Tendré venganza por lo que me hizo su padre. - Exclamó el otro.

- ¡Oigan!, ya matamos a su madre hace un año y ayer justo un año después a su padre, ya le hicimos demasiado daño más de lo que te hizo su padre en tu pierna, mejor hagámosla probar su suerte y torturarla a la vez, pondremos en una caja 1000 llaves, cada una enumerada entre las cuales la 666 será la correcta, tendrá 10 oportunidades y si logra abrir la puerta esta misma estará a su disposición de irse, en caso contrario la mataremos.

Al oír esto un coraje profundo me llenó, apreté mis puños con todas mis fuerzas que mis venas ya se eran notorias, también con un odio inmenso me dije entre mí:

- Malditos ellos también mataron a mi mamá.

Ya no sentía miedo de tener el 1% de vivir, y entre lagrima y lagrima de mi gemir me dormí.

Mi sueño fue raro, estaba en un lugar en medio de nubes blancas con un delicioso aroma, justo al frente de mi había una mujer con vestido azul y blanco, yo no podía hablar, mi asombro era tan grande que solo estaba parada y un calor placentero recorría mi cuerpo casi como una caricia maternal. Lo único que salió de los labios de esa mujer fue:

- Mi hijo fue, es y será tu salvador.

La verdad no entendí estas palabras, solo miré a los lados y cuando me sentí con fuerzas para hablar, desperté, miré a los lados y era de mañana me di cuenta de que era la virgen pero yo solo conocía a la de Guadalupe y de repente una sonrisa brotó de mí, la primera sincera desde hacía mucho tiempo, esto a pesar de que seguía la pesadilla, es ese instante un hombre entró, me agarro violentamente del brazo y me condujo a otro cuarto. Efectivamente, vi sobre una mesa una caja con demasiadas llaves, songo que deberían de haber sido las 1000 que escuché, cada una estaba marcado con un número y me dijeron de forma burlesca las reglas, no era necesario pues ya las sabia, pero solo hacía tiempo para tratar de vivir un poco más y que tal vez se hiciera un nulo esperanzado milagro. Llegó el momento de jugar, llevaba un buen tiempo y no había escogido ninguna llave, solo las revolvía, hasta que un sujeto me tomó bruscamente del pelo y me dijo:

- Apúrate escuintla si no quieres morir directamente.

Yo llorando le respondí:

- Estúpido, no sabes lo que siento, ya sé que de igual manera que mataste a mi padre también lo hiciste con mi madre, y eso te hace un maldito animal sin sentimientos, pero ten en cuenta que hay alguien que te castigará más, y tu martirio será más grande de lo que tú me has hecho y, ¿Sabes cuál será mi mayor placer?, verte sufrir en medio de una ráfaga de fuego y pidiéndome perdón.

En ese momento me dio una cachetada y me dijo:

- ¡Maldita perra!, para que se te quite lo habladora te doy solo una oportunidad. Y quiero que después digas lo mismo.

Caí al suelo con la caja en las manos, y todas las llaves cayeron al suelo. Frente mí quedó una llave la cual tenía grabada la imagen de Jesucristo crucificado sobre un lado y por las siglas JHS, la tomé, brillaba como la plata, y sobre esa vi reflejada una lagrima que me escurría de la mejilla. Entonces me acordé de aquel sueño de la virgen María y dije:

- ¡Escojo esta!

A lo que uno de mis paraderos me preguntó:

- Dime, ¿Qué número es?

Yo respondí:

- ¡Es la 1001!

Una vez dicho esto se echaron a reír y uno me dijo:

- Já, já, já, estúpida y tonta, ni contar sabes solo hay 1000 llaves, haber intenta abrir la puerta con tu llave "1001".

Verdad es que yo merecía reírme más pero la ocasión no era de aprovecharse para tal cosa, entonces decidí armarme de fe e intentar abrir la puerta, acto seguido metí la llave en la chapa y con la más mínima fuérzala giré y se abrió, en mi yació un resplandor de alivio pero a la vez desconcertada, pensé que esta pesadilla había terminado, pero esos canallas me intentaron seguir como arrepintiéndose de su promesa, yo saqué la llave pero se me cayó de las manos y justo al tocar el suelo, de esta brotó una llama blanca con un brillo inmenso que dejó ciegos a mis paraderos e inmediatamente, esta se desvaneció como si el fuego hubiera acabado con ella, por impulso de supervivencia corrí lo más que pude hasta llegar al zócalo, mi recorrido había sido desde la 18 de mayo (Una colonia muy lejana al Zócalo) , estaba agotada me dolían los pies, mis zapatos habían quedado en aquel cuarto, y no quise ir a mi casa pues ahí me agobiarían los recuerdos, decidí dormir bien escondida en el parque en medio de la noche aún en mi insólito insomnio se me acercó un vagabundo quien solo me miró y sacó de un morral una sábana blanca, lo raro era que estaba limpia y para ser de un vagabundo no tenía la facha, de repente habló con una voz dulce y tierna pero a la vez un poco gruesa y me dijo:

- Esto es lo mejor que tengo materialmente, duerme tranquila yo aquí estaré.

La verdad no sentí temor, aquel hombre inspiraba confianza y su mirada limpia me hacía sentir aquel amor maternal que tanta falta me hacía, y sonreí por segunda vez sinceramente y esta vez ya sin estar en medio de una pesadilla. Puedo decir que esa vez dormí tranquila a pesar de lo ocurrido.

HuskyDonde viven las historias. Descúbrelo ahora