siete: si o si

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17 años

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17 años

El sol invernal me molestaba, había corrido las cortinas de mi habitación y eso logró despertarme. Estaba tan frío que ni la luz me convenció para salir de mi cama, estaba cómodo entre las tibias sábanas y la esponjosa almohada que mamá me había comprado la semana pasada.

Era una paz, una tranquilidad amortiguadora.

Hasta que Haerin entró corriendo y se puso a saltar sobre mi cama.

— ¡Es el día, es el día! — gritaba. Se tiró encima de mi y me destapó. Busqué las mantas con mi mano, pero las había apartado hasta dejarlas al borde de la cama. Genial, ahora debía levantarme.

— ¿De qué estás hablando, enana? — le pregunté irritado. Los ojos cafés de Haerin brillaban de excitación, algo lo tenía muy emocionada. Algo quedo no podía recordar.

— ¡Es el día! — repitió. le tiré el cabello y la boté al suelo. Se quejo un buen rato hasta que al fin se quedó callada.

— Ahora que estás calmada y no estás aplastándome, me dirás de qué bendito día estás hablando.

— ¡Es el cumpleaños de Jisung! —exclamó.

Claro, era el cumpleaños de Han. Lo había olvidado por completo. O al menos eso intenté.

— ¿Y por eso me despiertas? — le gruñí. Haerin ya tenía 14 y aun seguía siendo bastante infantil. Hwasa cuidaba de ella como si fuera su hija, Como Ryujin que se había marchado hace ya algunos años a Canadá para estudiar, consolaba su tristeza en velar por la felicidad de Haerin. De cierta manera eso me gustaba, ni Hwasa ni Haerin sufrían, se tenían la una a la otra cuando más se necesitaban.

— Sí, es que ya es un adulto. ¡Ahora es un hombre! — gritó otra vez. Iba a dejarme sordo antes de que yo cumpliera los 18.

— ¿Y que se supone que era antes? —miramos hacía la puerta, donde Jisung se apoyaba en el umbral con los brazos cruzados sobre su pecho. Iba en pijama al igual que Haerin, tenía el cabello despeinado y se notaba de lejos que recién había despertado.

— Eras un hada — le dediqué una sonrisa burlona y él me devolvió una mirada asesina. Tuve una larga discusión con él después de que me regalará a Nana, le expliqué que todos esos años creía que el hada de las galletas me las dejaba frente a mi puerta cada vez que me sentía mal. Le dije que era un acto muy dulce de su parte, pero que no lo hiciera más hasta que se me pasara el enojo por lo de Sparks, que si quería mi perdón unas simples galletas no bastarían. No rechistó y me hizo caso, como todas las cosas que le pedí después de ese día.

— Lo importante es que ahora soy un hombre...

— Y mi chofer — agregué rápidamente. Haerin estalló en carcajadas.

Cuando Jisung fue a dar su examen para conducir, se puso tan nervioso que terminó por atropellar a las ancianas de maniquí que colocaban en la pista, pinchó un neumático y vivió su primer choque en el que destrozó toda la parte delantera del auto. Seguía siendo el mismo desastre como conductor que a los quince años.

marry me | hanknowDonde viven las historias. Descúbrelo ahora