Prologo

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Neumáticos chirriando, miedo, gritos y dolor...mucho dolor. Un dolor que pensé que era el peor que había experimentado, hasta que abrí los ojos y miré en su oscura mirada sin pestañear. Me di cuenta, mientras caía lentamente en la inconsciencia, al mirar fijamente sus ojos sin vida y sus cuerpos destrozados, que estaban muertos, que me los habían arrebatado. No podía moverme, no podía hablar, no podía respirar. Lo único que mi mente podía gritar era: “Por favor, déjame morir con ellos”. Debería haber sabido que no debía esperar ningún indulto de la vida: ahora era el momento de vivir en mi infierno, mi purgatorio...mi penitencia.

LA VIDA DE UN MAFIOSODonde viven las historias. Descúbrelo ahora