Dylan Lumbard.
Restregué mi rostro repetidas veces, mi piel estaba fría y áspera, se sentía como una conversación habitual con Melanie.
Mi cabeza dolía, mi garganta estaba cerrada asfixiando el poco aire que pasaba por mis pulmones.
Mi vínculo con Luke se quebraba más cada día, sentía que estaba sosteniendo una cuerda invisible que quemaba mi piel y destrozaba mi corazón en mil pedazos. Me sentía incompleto, me sentía débil, me sentía culpable.
Como lobos, nuestro principal objetivo era proteger y amar a nuestro beta. La luna lo pondría en nuestro camino, el vínculo se forjaría, y luego ambos lobos debían sostenerlo. Si bien el vínculo con tu mate sería fuerte, nada podía igualar el de tu beta, o así se suponía que debía ser.
Aunque aún era confuso, no soy bueno con la historia. Luke era el historiador de la manada, su conocimiento era admirable. Sabía cada maldita fecha sin pestañear un segundo, gran parte de mi conocimiento se lo debía a él.
El beta es el pilar del alfa, sin ese pilar, el animal se vuelve bestia, los gritos se vuelven aullidos, la luna lloraría cada noche en busca del alma del humano.
El beta nace con ese propósito, servir, proteger, amar, a su alfa. Luke nació con ese propósito impuesto en mi hermano, pero luego renunció a él, y se volvió mi beta. Jamás supe si eso era posible, si acaso las reglas lo permitían, pero solo sucedió, no pude detenerlo, no pude negarme.
Siempre me aterró la idea de que también renunciara a mí, como lo hizo con mi hermano. Pero fue tan leal todo este tiempo, estando a mi lado sin importarle que tan imbecil fuera con él. Cada uno de mis pasos, fueron acompañados de los suyos.
Me sentía fuerte a su lado, me sentía en paz. Sin importar que el mundo se incendiara en llamas y todos gritaran a nuestro alrededor, si Luke estaba a mi lado, todo estaría bien.
Hasta que Matt apareció en mi vida, y su vínculo se forjó jalándome con fuerza. Me nubló completamente.
En toda la historia jamás ha existido un beta que sea el mate de ese alfa. Nunca, es imposible.
Nuestra naturaleza va en contra por completo, se cree que esa manada estaría maldita, que sería castigada por la luna en cada luna llena.
Escuché esa historia cientos de veces contada por mi padre, nunca entendí su afán de incorporarlo en mi, pero tan solo lo escuché cada día.
Podemos vivir sin nuestro mate, hay lobos que jamás encuentran a su compañero de alma. Pero no sin nuestro beta, ya que es quien guía y acompaña al animal, ambos latidos se vuelven uno, ambas voces, como si un mismo lobo los conformara.
Se creía que el lobo que pierde a su mate experimentaría un inexplicable dolor capaz de cegar a la bestia.
Pero el lobo que pierde a su beta, ya no tiene futuro alguno, se perdería por completo en el dolor y el rencor.
Eran historias, no las creía, tampoco las entendía. Mi hermano era quien era esclavo de ellas, fue entrenado desde muy pequeño para ser el alfa, nació siéndolo. Su propósito era seguir el estúpido sistema que nos regía.
Pero yo era libre, se suponía que lo sería. Pero ahora era esclavo de lo que alguna vez debí seguir, de lo que se suponía que debía conocer y estaba tan perdido..
Sentía el peso de Luke yéndose frente a mis ojos, dolía, de una manera que no podía explicar. Casi como si muriera frente a mis ojos y me obligara a mirarlo.
Lo perdía más cada día y no podía frenarlo, no podía cambiar las cosas. Intenté hablar con él, intenté ser dulce, ser rudo, acercarme con un abrazo, con gritos, con lágrimas. Nada tenía sentido, solo se encerraba en el sótano y me ignoraba lo que restaba del día.
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Alfa - Entre el brujo y el lobo
FantasyDeslicé mi mano por el largo de su cuello, su respiración se aceleró y su pecho comenzó a subir y a bajar con desenfreno. Lo miré fijamente perdiéndose más a cada segundo, quería morderlo, quería hacer tantas jodidas cosas. - Mío. - gruñí entre di...
