En la vasta y mística tierra de Daséu, dos reinos se alzan con poder e influencia indiscutible: el Reino de Sonagi en el norte, gobernado por la ilustre familia Min, y el Reino de Dal en el sur, bajo el dominio de la noble familia Jeon. Durante gene...
¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.
Esa noche invernal, la luna llena se alzaba en lo alto del cielo azul oscuro, nublado, con poderío y luminosidad. A pesar de que a su alrededor había una cantidad de nubes grises cargadas, que advertían de la probable llegada de otra tormenta más tarde, el astro nocturno lucía resplandeciente.
—Mira qué hermosa está la luna esta noche, Ri —dijo la rubia, embelesada, con un brillo de asombro y admiración en sus ojos al mirar hacia la brillante luna.
Estaban de camino al lugar donde realizarían el ritual de la petición, cerca de la orilla del río Taeyang.
—Siempre se ve hermosa, Chae. Pero sí, hoy brilla más que otras noches —respondió la mujer de cabello negro, lanzando una mirada de reojo a su amiga.
Después de ese pequeño intercambio, ninguna de las dos volvió a pronunciar palabra. Estaban demasiado concentradas en seguir su camino y generar con el roce de sus abrigos algo de calidez para sus cuerpos, entumecidos por el frío.
El viento helado rozaba sin piedad la piel expuesta de sus rostros, intensificando la sensación gélida. En medio del silencio y la oscuridad de la noche, el sonido de sus pasos sobre la tierra mojada se escuchaba claramente. De vez en cuando, bajaban la canasta que cargaban entre ambas para descansar.
ChaeSoo no era amante del frío, y esa noche particularmente sentía que el frío le calaba hasta los huesos. Soltó un bufido de resignación al recordar cómo, esa misma tarde, cuando una terrible tormenta se desató sobre Sonagi y sus alrededores, había insistido en posponer la ida al río Taeyang. Había acudido a la habitación de invitados donde estaba RiJun para sugerirle que lo dejaran para otro día. Sin embargo, RiJun se negó rotundamente, afirmando que debían ir esa misma noche, sin falta.
ChaeSoo no insistió más, a pesar de saber lo frío que estaría todo esa noche tras la tormenta, y consciente de que sus bajas defensas lo harían aún más difícil para ella.
Mientras caminaban en silencio y en la oscuridad, los pocos kilómetros que faltaban para llegar a la orilla del río, ambas comenzaron a notar los efectos del frío en la piel de sus narices y mejillas, apenas protegidas por bufandas de lana.
Chae tuvo que recordarse mentalmente, una y otra vez, que todo lo que estaban haciendo era por el bienestar de ambos reinos y que debía mantenerse firme hasta el final del ritual. La hora de enfermarse podía llegar mañana, cuando estuviera en cama con su esposo.
Ambas eran conscientes de que, si el plan no funcionaba, estarían perdidas y sin más ideas. Era todo o nada, y tanto Min RiJun como Choi ChaeSoo preferían aferrarse a la fe de que obtendrían un resultado positivo.
Cada una llevaba varios abrigos de lana para protegerse del implacable frío de la medianoche, que se había intensificado aún más debido a la tormenta.
Las mejillas pálidas de RiJun estaban sonrojadas por la baja temperatura, mientras que ChaeSoo sentía su nariz fría e irritada bajo la bufanda.
Ambas soltaron un suspiro de alivio al llegar finalmente a su destino. Dejaron la canasta en el suelo, descansando por unos minutos en medio de la quietud.