02; Ábrela cuando...

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Las dos familias habían pactado una convivencia en la mansión a sugerencia de Paz y Esteban

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Las dos familias habían pactado una convivencia en la mansión a sugerencia de Paz y Esteban. Bosco seguía sin entender que afán tenían los Roble con las fiestas y tampoco comprendía porque a su padre se le pegaron estas mañas; el castaño llegó a la conclusión de que si no lo conociera bastante se molestaría por realizar una fiesta, justo cuando acababan de dejar a su novio en el aeropuerto.

Claramente fue invitado, sería ilógico sino lo fuera, pero él no tenía el ánimo ni el interés para lidiar con los demás nuevamente; Mireya, quien desde el aeropuerto notó el comportamiento del chico, se acercó a él y le ofreció una orden de tacos de canasta, para ella era muy importante lo que ocurriera con el castaño por el simple hecho de que así era para su hijo.

- ¿Quieres comer algo Bosco? Mira, yo te traigo estos taquitos, vienen rellenos de diferentes guisados o al menos que quieras otra cosa...- enunció su suegra, el chico negó rápidamente.

- No tengo hambre, pero muchas gracias señora Mireya - aclaró Bosco con una pequeña sonrisa.

- Nada de señora recuérdalo, Mireya o si lo prefieres, suegra - respondió la rizada con un deje de burla.

El castaño se sonrojó ante la última palabra y no supo que responder, así que simplemente asintió; la mamá de su novio se fue de ahí, no sin antes decirle que cualquier cosa que necesitara siempre estaría ahí para él. Bosco agradeció tímidamente.

El ambiente era muy caótico y el esgrimista observaba a todos con atención, desde una deteriorada silla ubicada en la lejanía, se sentía impotente hasta cierto punto porque parecía que a nadie le importaba Pedro Pablo.

Su padre y Paz platicaban mientras la mujer cargaba a su nueva hermanita, Berenice; los niños jugaban incesantes en el césped sin ninguna clase de remordimiento, se indignó de la velocidad con que parecían olvidar las cosas, pues hasta hace unas horas eran los menos decididos a dejar ir a su novio.

Su abuelo y Doña Lupita tenían una conversación en un rincón del patio, la verdad no quería ni imaginar de que hablaban, el sonrojo de la señora dejaba mucho que desear; su Yaya y Fobo estaban en igual de circunstancias, pero al menos ellos se marcharon tiempo después.

Gala y su cuñado no dejaban de besarse mientras estaban recostados en el césped, estaban dando un espectáculo frente a todos y nadie tenía intención de detenerlos, o quizá aún no se percataban de ello.

Esa fue la gota que derramó el vaso, se levantó de su silla y se dirigió a su habitación, se sentía tan solo ante la falta de su amado que ya no pudo soportarlo más.

Cada persona lidia con el dolor de manera diferente, escaparse y resguardarse en su lugar seguro era la de él, igual nadie debería notar su ausencia en aquel festejo.

(...)

Cuando llegó a su habitación se sentía muy cansado, ingresó cautelosamente como solo él lo hacía y cerró la puerta con seguro, su plan era sencillo: dormiría toda la tarde esperando sentirse menos triste al despertar, dudaba que realmente funcionara.

Mantuvo la mirada hacia el suelo que no se percató de algo importante sobre su cama, solo hasta que su intención de recostarse se vio interrumpida, por fin la vio.

Una caja.

Ahí sobre su cama había una caja, pero no era cualquier caja, era una caja que conocía a la perfección. ¿Cómo no hacerlo? Si era él quien había ayudado a Pedro Pablo a cargarla una infinidad de veces, era la caja de sus pinturas y aerosoles.

Eventualmente eso lo desconcertó más, no entendía que hacía justo en ese lugar y comenzaba a creer que de tanto extrañarlo ya alucinaba; se acercó hacia ella con un poco de temor, no era fan de las sorpresas y está definitivamente era una.

En otras circunstancias se molestaría de que esa sucia caja estuviera sobre sus edredones, pero no en esta, quería entender porque había una caja de su novio en su habitación.

Cuando estuvo a un lado de la cama pudo visualizar mejor aquella caja, hoy se encontraba cerrada y sobre ella había una nota que tenía escrito su nombre con una caligrafía perfecta, Bosco sabía muy bien de quien era aquella letra y se sintió abrumado por un momento; ignoró la caja en ese instante y se dispuso a abrir el sobre:

"Querido Bos:

Sabes que nunca me canso de demostrarte cuanto te quiero, mi intención no es que te asustes, pero déjame hacerlo una vez más. Quizá la escritura no es mucho lo mío, pero haré mi mayor esfuerzo.

Si antes esta caja era muy importante para mí, ahora lo será mucho más. Ábrela con cuidado, pero no te precipites, te conozco Bosco Villa de Cortés, estoy seguro de que con tu terquedad querrás saltarte las reglas, pero por favor no lo hagas, es parte esencial de lo bonito que es esto.

Sin más por el momento espero que esta sorpresa si te guste, o al menos si te molesta ya no estaré ahí para soportar al Bosco gruñón.

Es broma, sabes que te quiero más que nadie, mi Bos.

Con cariño, Pedro Pablo".

Terminó de leer y sonrió, dejó la carta sobre su buró y abrió la caja con el mayor de los cuidados; el interior le sorprendió demasiado.

En esa caja se encontró con una cantidad exuberante de sobres de diferentes colores, mismos que tenían en el exterior diseños particulares; no obstante, había algo en lo que todos eran similares, la frase que había en cada uno:

"Ábrela cuando..."

Bosco estaba muy desconcertado, pero no se adelantó; tomó un sobre blanco que se ubicaba al frente de todos y que tenía escrito algo diferente, esperaba que ese le pudiera responder todas las dudas que tenía justo en ese momento.

Bosco estaba muy desconcertado, pero no se adelantó; tomó un sobre blanco que se ubicaba al frente de todos y que tenía escrito algo diferente, esperaba que ese le pudiera responder todas las dudas que tenía justo en ese momento

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Espero que les este gustando, ya comenzaremos con las cartas ahora sí. Gracias por leer.

- Amerie.

Ábrela cuando... || BOSPADonde viven las historias. Descúbrelo ahora