Los pasillos del estadio estaban llenos de gente. Era la Velada del Año y las luces ya anunciaban que el combate de Carre estaba por comenzar. Elisa caminaba rápido entre los organizadores y streamers invitados, buscando a carre.
Lo encontró en un rincón del vestuario, con las vendas en las manos, mirando al suelo.
—carre... —susurró ella, acercándose—. Tenés que calentar ya.
Carre levantó la mirada, y Eli supo que algo estaba mal. No era miedo por pelear. Era otra cosa. Lo había notado en las últimas semanas. Llamadas no contestadas, mensajes fríos, distancias que antes no existían.
—Tenemos que hablar —dijo él de golpe.
Elisa sintió que el pecho se le apretaba.
—¿Ahora? Antes de pelear...?
—Sí. No puedo más con esto. No estoy bien, Eli. Hace semanas que intento aguantar y solo te arrastro conmigo. Y no quiero lastimarte más.
—Carre, no... —ella intentó tomarle la mano, pero él la apartó con suavidad.
—Te quiero demasiado para que te sigas quedando en este quilombo conmigo. Me estoy rompiendo, Eli. Y sé que si te tengo cerca me quiebro más. Así que... mejor terminemos acá.
Elisa se quedó en silencio.
Los ojos se le llenaron de lágrimas, pero se los tragó. No quería quebrarse justo antes de verlo subir al ring.
—Como quieras, carre. Solo... cuidate. —le dijo, con un nudo en la garganta, y se fue.
Minutos después, las luces se apagaron. Anunciaron su nombre. Carre salió al ring, los guantes puestos, el público gritando. Pero su cabeza estaba en otra parte.
El primer asalto fue parejo. En el segundo, carre peleó con más rabia que técnica. Y en el tercero... el golpe mal dado.
Su puño chocó contra el codo del rival. Sintió el dolor al instante, pero siguió.
Desde la grada, Eli no lo aguantó más. Aunque ya no fueran nada, verlo agarrándose la mano, haciendo gestos de dolor y aun así seguir, le rompió el corazón.
Cuando la pelea terminó, carre se bajó rápido del ring, sin mirar a nadie. En los vestuarios se sacó los guantes, el vendaje estaba manchado de sangre en los nudillos.
Elisa entró sin permiso.
—¿Qué hacés? ¿Estás loco? Tenías la mano rota y seguías.
—Te dije que no te metas, Eli. —intentó responder serio, pero la voz le tembló.
Ella se acercó sin miedo, lo tomó de la camiseta y lo obligó a mirarla.
—¿Y a vos quién te dijo que dejarme afuera te iba a arreglar? Mirate,carre. Te estás rompiendo solo. Y yo sigo acá, boludo. Sigo acá porque te quiero, aunque me eches cien veces.
Carre se quebró.
Las lágrimas se le escaparon, bajó la mirada y murmuró:
—Perdoname. Soy un idiota. Solo tenía miedo de perderte.
—Ya me habías perdido. Pero si querés, podés volver a buscarme.
Carre la abrazó fuerte, apoyó su frente en la de ella.
—Quedate conmigo, Eli. No me eches más.
—Solo si dejás de querer cargar con todo solo.
Él asintió, y por primera vez en mucho tiempo, sonrió.
La Velada continuó, pero para ellos todo el ruido desapareció en ese momento. Y aunque el dolor en la mano seguía, carre entendió que había algo peor que una fractura: perder al amor de tu vida por miedo.
Esa noche, se eligieron de nuevo.
