Sofía se siente asombrada por la historia que Caronte le acababa de relatar, pero también esta curiosa por sus orígenes.
- ¡Vaya! ¿y qué hay de mis sueños? ¿Cómo puedo recordar mi pasado?
Caronte se detiene y se vuelve hacia ella.
-Los sueños son la clave. –dice. –debes descifrar su significado. Y para eso, debes encontrar el rio de la memoria.
- ¿Rio de la memoria? –pregunta Sofía intrigada.
-Así es. –responde Caronte. –se encuentra en el lugar más recóndito del Tártaro y está vigilado por Cerberus, el perro de 3 cabezas que resguarda el lugar y las puertas del inframundo. –tan solo su nombre hacia erizar la piel de la joven mortal.
-Pero, ¿es un rio?
-Digamos que es… una fuente de agua que está protegida en una cárcel de cristal, pero no te confíes, esa cárcel es una trampa mortal incluso para el dios Hades. El caído lo construyó para el Dios y solo él puede atravesarla, y bueno, lo he visto y también se cómo llegar al rio de la memoria.
- ¿Quién es el caído?
-El Dios Hefestos. Creador de las armas divinas, la horca de Hades, el rayo de Zeus y el tridente de Poseidón.
Sofía se siente atraída por el desafío.
- ¿Cómo podemos llegar al rio de la memoria?
-Conozco un camino secreto. –dice Caronte y sonríe. –pero debes confiar en mí y seguir mis instrucciones al pie de la letra. No puedes permitir que Cerberus nos descubra.
Sofía asiente decidida.
-Estoy lista, vamos.
Caronte la guía a través de un laberinto de túneles y pasillos oscuros, evitando las patrullas de muertos y trampas mortales. Finalmente, llegan a una puerta de hierro forjada por Hefestos.
-Esta es la entrada a la cárcel de cristal. –dice Caronte. –pero debemos esperar a que la luna este en la posición correcta para que la puerta se abra.
Sofía mira hacia arriba y mira la luna llena en el cielo, el reflejo de la luz lunar, se concentra en la cerradura y esta se abre sin esfuerzo.
-Vamos. –dice Caronte. –el rio de la memoria nos espera. Iré por delante, morirás si pisas tan solo una de las trampas. –Caronte pone a Sofía detrás suyo para protegerla. –no te despegues de mi mortal. –Sofía asiente con la cabeza.
Tras pasar una serie de trampas, Sofía está agotada, mientras que Caronte el viejo barquero mantiene aún la compostura.
- ¿No estás cansado? –pregunta Sofía mientras intenta recuperar el aliento.
-Los muertos, no nos cansamos mortal. –más delante de ellos una majestuosa puerta de cristal los dividen del rio de la memoria. –hemos llegado, el rio de la memoria está detrás de estas puertas.
-Y no puedes abrirlas ¿o qué?
-Solo un Dios puede abrirlas.
-Todo el viaje para nada. –refunfuña Sofía mientras forcejea para abrir, pero Caronte tenía otro plan en mente.
Con un certero movimiento de su hoz pincha uno de los dedos de Sofía y desliza una gota de sangre por la cerradura, aquella fracción de sangre se desliza hasta ingresar dentro de lo que parecía ser el centro del cerrojo y las puertas se abren con un chirrido abismal que despierta hasta el mismo Cerberus, y con un ladrido espeluznante, el gigante can ingresa en la cárcel de cristal en busca de los intrusos.
-De prisa. –dice Caronte. –adentro, Cerberus dio cuenta de nuestra llegada.
-Pero, ¿Qué pasara contigo?
-Puedo escabullirme en la oscuridad. Ahora entra. –Caronte empuja a Sofía dentro de aquella habitación y cierra las puertas.
Sofía entra en la habitación y se encuentra en un lugar lleno de niebla y vapor. El rio de la memoria brilla con un resplandor etéreo, y Sofía puede sentir su poder llamándola.
De repente, escucha el ladrido de Cerberus y el sonido de las puertas chirriando. Caronte ha cerrado las puertas detrás de ella, y Sofía se da cuenta que está sola.
- ¡Caronte! –grita Sofía, pero no obtiene respuesta.
La joven se acerca al rio de la memoria, sintiendo su poder creciendo dentro de ella. De repente, las visiones comienzan a fluir en su mente: recuerdos de su vida pasada, de su familia, de su amor…
Las visiones de sus vidas anteriores, fluyen a través de ella como corrientes de un rio embravecido, y una bruma de poder envuelven a la joven, y la elevan por los aires, la bruma entra por la boca de Sofía y salen por sus ojos como destellos de luz.
De reina a mendigo, de princesa a plebeya, y finalmente su padre, su origen, el Dios Zeus padre de Perséfone y descendiente directa de Deméter. Mas allá, en su mente, hay un vacío, pero la misma joven socaba en aquel lugar y descubre a la Diosa Perséfone, heredera de Zeus. Y Sofía puede sentir que su cuerpo encarna en la joven y bella Perséfone, y esta, con una dulce voz dice, “somos una sola”. Sofía despierta del trance tosiendo y escupiendo semillas de granada, y se repite a sí misma “Soy Perséfone”.
Sofía se levanta, aun aturdida por la visión, siente una conexión profunda con la diosa y su propio destino.
De repente, escucha un ruido detrás de ella. Se vuelve y ve a Caronte, el barquero, sonriendo con una mirada de satisfacción.
-Lo sabía. –dice Caronte. –Eres la diosa Perséfone. Ahora debes asumir tu destino y reclamar tu lugar en el inframundo.
Sofía se siente abrumada por la responsabilidad, es tan solo una joven ella no sabría cómo gobernar.
-No. –responde Sofía determinante. –quiero vivir en la tierra, no deseo reclamar ni tronos ni puestos y menos en este horrible lugar, además no amo a Hades.
Caronte se inclina ante Sofía.
-Mi señora, lo amara con el tiempo, necesitamos una reina, mi señor la necesita.
-De pie Caronte, no necesito reverencias ni nada de eso, solo quiero ir a casa, no quiero estar más aquí.
-Mi señora, el amo se ha sentido muy solo desde su partida al mundo de los vivos, reconsidere, le suplico.
Una espesa niebla oscura comienza a entrar por todos los recovecos de la habitación y Caronte se postra a los suelos, Hades ha aparecido.
-Como osan venir hasta aquí, gusanos inmundos.
-Mi señor, la culpa es mía. –dice Caronte rogando clemencia hacia su dios. –castígueme, merezco su ira contra mí, pero no lastime a mi señora.
-Osas llamar señora a esta humana miserable.
-Mi señor, ella es la diosa Perséfone, en su forma humana, su esposa.
Hades se acerca a Sofía, su mirada empañada en furia.
- ¿Tú eres la Diosa Perséfone? –pregunta Hades, con su voz llena de incredulidad.
Sofía asiente temblando.
-Sí, mi señor. Pero no quiero ser reina del inframundo. Solo quiero vivir como humana.
Hades se ríe, una risa amarga.
-No puedes escapar de tu destino, Perséfone. Eres mía, y siempre lo serás.
De repente, unos pequeños rayos circundan en la habitación y emerge la majestuosa figura del Dios Zeus, rey de los dioses.
-Hades, no tocaras a mi hija. –dice Zeus, su voz es autoritaria. –Ella tiene derecho a elegir su propio camino.
-Recuerda hermano, tú me la diste para que la tomase por esposa.
-Ella renuncio a vivir como diosa, y huyo al mundo mortal, ella escogió su propio destino.
-Perséfone… ya no me amas, ¿Qué he hecho? Acaso no te he dado todo, no he puesto mis dominios a tus pies, ingrata, y así me pagas.
-No te permito que hables así de mi hija, hermano. –Zeus saca su rayo dispuesto a luchar con su hermano.
-Mi señor. –dice Sofía, refiriéndose a Hades. –no sé qué ha hecho por mí, no recuerdo nada de lo que me dice, solo quiero volver a mi vida mortal, solo eso.
-Pero el profundo amor que te tengo, que hago yo con este vacío mujer, que es como un fuego que quema noche a noche.
-Mi señor, padre déjame hablar con Hades. –Zeus se retira y lo mismo hace Caronte dejando solos a ambos.
-Mi señor. –comienza Sofía. –no recuerdo nada de lo que me dices. No recuerdo nuestro amor, no recuerdo nuestra vida juntos. Solo quiero volver a mi vida mortal, por favor, déjame ir.
Hades se acerca a ella, con una morada llena de dolor.
-No puedes irte Perséfone. Eres mía, mi esposa. Sin ti, el inframundo se desmoronará. –Sofía sacude la cabeza.
-No puedo ser tu reina, Hades. No recuerdo nada. Y aunque lo recordara, no creo que podría amarte como tú quieres.
Hades se sulfura, su rostro contorsionado por la rabia.
- ¡Maldita seas, Perséfone! ¡maldita mil veces por no recordarme! –de repente Hades se detiene, como si se diera cuenta de algo. –Espera. –dice. –hay una forma de que recuerdes. Una forma de que vuelvas a mi. Quédate… por 3 meses hasta que la primavera se haya ido y si en ese mes no logras amarme te dejare libre para que vivas tu vida de mortal.
-De acuerdo, mi señor. –Hades escolta a su reina hasta el castillo.
La propuesta de Hades es tentadora, pero también es un riesgo para Sofía. ¿podrá resistir el encanto y el poder de Hades durante 3 meses? ¿o caerá bajo su hechizo y se quedará junto a él?
Mientras caminan hacia el castillo, Sofía puede sentir la mirada de Hades sobre ella llena de expectativa y deseo. Ella se siente incómoda, pero también curiosa. ¿Qué pasara durante esos meses? ¿Qué secretos descubrirá sobre Hades y sobre si misma?
Al llegar al castillo, Hades la lleva a una habitación llena de flores y velas, con una cama grande y cómoda en el centro.
-Esta es tu habitación. –dice el dios. –aquí estarás segura y cómoda. Y cada dia, te visitare, para que podamos hablar y conocernos mejor.
La joven asiente, sintiendo una mezcla de emociones.
Sofía se siente avergonzada con tan solo el resonar de la voz de imponente Dios, y sus palabras suenan en su cabeza como un eco, “… conocernos mejor”.
-Suena como una cita. –se dice a sí misma. Mira la cama y ve las flores y recuerda la historia que Caronte le había relatado. Luego sobre una pequeña mesa ve grandes y jugosas frutas de Granada, las más dulces de todo el inframundo.
Hades era muy condescendiente con la “nueva” Sofía, pero ella no lograba hallar amor en su corazón para él.
Cierto dia, Sofía, se desplazó a la sala donde yacía el trono de Hades, este estaba sentado con su rostro reposando en su mano derecha como dormido, sus largos y oscuros cabellos cubrían parte de su rostro.
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La Mirada de Persefone
RomanceSofia una joven, abre un portal al inframundo y allí descubrirá sus orígenes divinos, solo el verdadero amor vencerá los obstáculos que se interpongan. No te pierdas esta gran historia de amor y muerte.