CAPÍTULO 35

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"Primero se mueren por ti. Después se quieren morir contigo. Al final te dejan muriendo solo"

Mario Benedetti.

Calypso

Nada se esconde.

Ver a los demás llorar o sufrir nunca me ha importado. Yo soy de las que piensa que cada uno de nosotros merecemos lo que nos pasa. Que somos el producto de nuestros actos o de nuestras decisiones del pasado.

Pero ver a Lexandra Lancier llorar con tanto dolor me está partiendo el alma. La adolescente de dieciocho años no ha dejado de llorar inconsolable esperando que su padre le diga algo que pueda hacerla parar, pero el viejo asqueroso no hace más que mirarla con una sádica sonrisa en la cara.

Su hermano intenta calmarla, pero sin éxito.

—¿Por qué nunca me has amado, papá? ¿Por qué siempre soy la que tiene que ser sacrificada y dejar de lado? —Hyperion no se molesta en contestar.

—¿Vas a decir algo papá? —abla Lykos harto de su silencio— ¿No ves en qué estado está por tu silencio?

—No tengo nada que decir —sigue con las manos en sus bolsillos.

—¿Seguro? —Lykos deja a su hermana acostada para acercarse a su padre —¿No nos vas a decirme nada sobre lo que acaba de soltar mi hermana?

Me acerco y tomo el lugar que ocupaba mi novio hace un rato. Acaricio el cabello de la mujercita que suelta lágrimas con los ojos cerrados.

—Ella está exagerando como siempre —resta importancia.

—Entonces, ¿Tú dices que todo lo que ha dicho es mentira?

No sé dónde Lykos quiere llegar con su interrogatorio, pero parece que está funcionando. Hyperion no deja de soltar balbuceos como niño asustado.

—Ya te lo he dicho, no tengo nada que decir.

—Creo que estoy sobrando aquí —miro Lykos —te veo afuera.

Me da un asentimiento de cabeza. Creo que es mi presencia la causa del silencio de Hyperion. Espero que hable con su hijo cuando salga.

—En realidad sí, tengo algo que decirte —me paro ya en la puerta picada por la curiosidad— ¿Tu novia te ha contado sobre nuestro encuentro el otro día en mi cuarto de hotel?

Pregunta a su hijo con sus ojos puestos sobre mí. Lo odio. Sea lo que hace lo está haciendo a propósito y quiere meterle ideas a su hijo.

—¿De qué está hablando mi padre, Calypso? —deja de mirar a su padre y se enfoca en mí.

—Nada importante, te lo prometo.

—¡Vaya! —se acomoda la chaqueta— ya sabía yo que eras una mujer fría y dura, pero ¿Una hermana sin corazón? Jamás me lo hubiera imaginado de tu parte, mi reina.

—¡Deje de llamarme así! Yo no soy su nada, señor. —mi reacción lo hace soltar una carcajada.

—¿Hermana? —Volteamos todos al escuchar la voz de Lexandra— ¿Qué está diciendo, Lykos?

LA RULETA NEGRA [+21] EN EDICIÓN Donde viven las historias. Descúbrelo ahora