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—¿Oíste eso? Escuche el rumor de que Itadori va a tener un bebé.

—Claro que si, hasta su aroma natural ha cambiado en tan poco tiempo, si que es un tonto.

Murmuraban sin cesar por los pasillos, observando cautelosos como Yuji caminaba tranquilamente a la par de sus mejores amigos, sin detenerse a pensar en lo que podrían opinar los demás.

Era su vida, y no tenía porque rendirle cuentas a nadie.

Pero era humano admitir que tenía temor de lo que pudiera suceder el día de mañana.
Ya había pasado un mes desde que la noticia llegó a su vida, y si hacía cuentas, llevaba dos meses de embarazo. Hace dos días que se enteró de tan inesperada noticia, y no existía un solo momento en el que la incertidumbre no lo atacara repentinamente.

Primeramente, tenía la leve sospecha de que su hermano, Sukuna, ya estaba al tanto de embarazo justo antes de que él, si quiera supiera que lo estaba. Alegaba y se quejaba diciendo que su agudo sentido del olfato estaba muy por encima del resto.

Un simple "hueles diferente, mocoso", bastó para entender que no podría ocultarlo por mucho tiempo.
Él nunca decía nada, pero sabía que las miradas que le echaba no eran normales.

Tiempo decisivo en que podría tener la oportunidad de quedarse en su hogar, o salir por la puerta si su hermano decidía echarlo por su irresponsabilidad.

Fushiguro nunca diría nada, él menos. Pero era más que claro, que con solo verlo huir de repente para ir al baño, algo estaba pasando.

Este mes podría considerarse un total martirio. Los ascos no abandonaban su sistema, a menos de que oliera gengibre, o tomara un vaso de jugo de limon de un solo golpe.

Recordaba con sumo detalle la vez en la que las arcadas lo atacaron justo en medio de su clase de arte, tan ensimismado en terminar su trabajo, pero fue demasiado tarde cuando se percató que la nauseas lo harían devolver bilis.

Salió corriendo de la clase del profesor Kento, y no le importó si todos en el aula lo miraba como un bicho rato. Desean descargar todo lo que su estómago tenía adentro, no importa en qué lugar fuera.

Y por supuesto, fue así como los rumores comenzaron a correr, pero no les dio importancia.

No se olvidaba de los mareos, que aunque sabía que podía controlarlos, seguían siendo muy intensos, más cuando estaba concentrado. Pero su mayor problema eran los antojos.

Una noche, Fushiguro lo atrapó devorando una caja completa de pastelitos de chocolate cubiertos con mayonesa. Si, un asco total. Se tranquilizaba oliendo fragancias más delicadas, tales como las notas florales o cítricos, pero estaba totalmente vetado comer carne de cerdo o algo que llevara mucho condimento.

Podría decir que era un embarazado anónimo viviendo una tranquila vida de universitario, hasta que todos sus planes se vinieron abajo una tarde que regresaba de la escuela.

—Suku-nii, Fushiguro, adivinen lo que hice hoy en clase de arte. —Un alegre Yuji abría la puerta de su hogar con motivación, cargando en el hombro su mochila, y en sus manos, un lienzo colorido y casi fresco por lo reciente que había sido realizado.

Un silencio frío lo golpeó repentinamente, más no le dio importancia. Estaba apunto de decir algo más, cuando de pronto escucho la grave voz de su hermano romper el ambiente.

—Eres malo para mentir, mocoso.



Dijo su hermano, quien lo recibía sentado pulcramente sobre el sillón de la sala de estar. Yuji tuvo un mal presentimiento cuando escuchó su voz. Notando como en su mano, sostenía la prueba de embarazo que tan recelosamente, había guardado de uno de sus cajones.

Conquistando a ese Omega.Donde viven las historias. Descúbrelo ahora