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Su hermano ya estaba al tanto de su condición, y el Omega anónimo que se ocultaba en su habitación llorando por "amor y prejuicio" , y que devoraba doritos con chocolate, había salido a la luz.

Dos meses habían pasado, cumpliendo por supuesto, el primer trimestre de embarazo, y la barriga de un despistado Yuji, por fin se revelaba ante el publico.

Todos en la universidad se enteraron, y fue la bomba por días. Ahora, lejos de hablar a sus espaldas y decir cosas donde no pudiera escucharlas, lo hacían de frente, y con todo el afán de oféndelo. Algunos le sugirieron que dejara la escuela, y buscara un trabajo de medio tiempo, ya que su futuro había sido arruinado.

Los más osados se atrevieron a decirle que lo mejor era interrumpir el embarazo, ya que todo por lo que había trabajado, se iría por el caño.

Se molestó y lo dejo en evidencia, ya que no necesitaba sus comentarios mal intencionados, menos de gente que en primer lugar, no le darían ni un peso para la manutención de un bebé del que claramente, deseaba hacerse responsable.

Si antes sentía pena por su pequeño y abultado vientre, ahora lo llevaba con orgullo por todo el campus, sintiendo las miradas de asombro y curiosidad de todos. Siguió estudiando y trabajado en sus proyectos, cosa que también fue aplaudida por sus amigos cercanos, y alguno docentes, –Como el profesor de artes, Kento–, quienes lo impulsaban a continuar con la carrera.

Dos mese habían sido suficientes para entender que ahora más que nunca, deseaba tener a ese bebé. Empezó a hablarle y a susurrar palabras amorosas cuando nadie lo escuchaba. Acariciaba su vientre y colocaba audiolibros en secreto, solo para que su bebé escuchara las maravillas de la lectura.

El primer trimestre pasaba, y con esto, también venían más visitas a su médico.

Las primeras consultas prenatales fueron monitoreadas gracias a un buen obstetra, amigo de la familia. –De Sukuna, en realidad–, quien atendía a Yuji cuando tenía sus dudas al respecto.

Se informaba a través de libros de paternidad especializados en los omegas varones, y por internet, absorbiendo la mayor cantidad de conocimientos que pudiera chupar. No tenía un nombre en mente, pero si solía referirse a su bebé como "semillita" o "pequeña luz". Lo hacía a solas, ya que le avergonzaba ser descubierto por su familia.

Con el pasar de las semanas, y mucha ayuda, acondicionó de a poco una de las habitaciones para darle la bienvenida a su pequeña luz. Su cuñado le ayudó a pintar las paredes de un brillante color amarillo, y Sukuna, al ser un alfa fuerte, construyó una cuna grande y espaciosa para que su bebé estuviera cómodo en ella.

Fue un trabajo en equipo, y eso le brindó más confianza y seguridad.

Todo marchaba bien, a excepción de los antojos y los terribles cambios de humor. El otro día lloró gracias a que su hermano y Megumi prepararon macarrones con queso, y no le dejaron echarle atún enlatado al guiso.

Al igual que otro día, donde salió a pasear por el vecindario sin compañía de nadie, para tomar el sol y verse un más resplandeciente, –ya que había escuchado que los rayos solares iluminaban a los embarazados–, escuchó a sus vecinas cuchichear a sus espaldas, diciendo que era algo inaudito que un joven con un futuro tan prometedor, hubiera arruinado su vida gracias a un embarazo inesperado.

No les tomó importancia al principio. Claro, que cuando llego al súper mercado a hacer una compra de último momento, fue recibido por miradas acusatorias y palabras algo fuera de lugar.

No sabía porque eso lo hizo sentirse tan mal. Por unos momentos se sintió perdido y abatido por la gran cantidad de personas que lo miraban con lastima... incluso con molestia. Como si fuera una peste que estuviese a punto de propagarse.

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⏰ Última actualización: Oct 13, 2024 ⏰

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Conquistando a ese Omega.Donde viven las historias. Descúbrelo ahora