Un apoyo diferente en Singapur.

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La noche en Singapur había caído con un peso sobre los hombros de Checo y Franco. Ambos sabían que la clasificación no había sido lo que esperaban, y la frustración aún se sentía en el ambiente. No era la primera vez que enfrentaban malos resultados, pero esta vez, la decepción parecía más profunda, como si cada error en la pista los hubiera afectado de manera personal.

Checo estaba recostado en la cama de su habitación de hotel, mirando al techo, intentando dejar atrás el mal día. A pesar de todo, no podía evitar pensar en Franco. Sabía que el joven piloto también estaría molesto, y por alguna razón, eso lo hacía querer buscarlo. Pero antes de que pudiera hacer algo, escuchó una suave llamada a la puerta.

—¿Checo? —la voz de Franco sonaba al otro lado, cautelosa, pero con una nota de necesidad que no pasó desapercibida para Checo.

Se levantó rápidamente y abrió la puerta para encontrar a Franco, aún con la ropa de calle, sus ojos oscuros mirándolo con algo más que simple frustración. Había una mezcla de deseo, una búsqueda de consuelo que iba más allá de las palabras.

—¿Puedo pasar? —preguntó Franco, su tono más bajo de lo habitual.

Checo simplemente asintió, dándole espacio para entrar. Franco caminó hacia el centro de la habitación, observando cómo Checo cerraba la puerta detrás de él. Ambos sabían por qué estaban allí. No había necesidad de palabras.

Checo se acercó lentamente, su mirada fija en Franco. La distancia entre ellos se redujo rápidamente cuando Franco extendió una mano, tocando suavemente el pecho de Checo. Ese simple contacto parecía desencadenar algo en ambos. Franco levantó la mirada, buscando una señal, y Checo se la dio con una sonrisa torcida.

—Sabía que vendrías —murmuró Checo, su voz ronca.

—Necesitaba verte... estar contigo —respondió Franco, acercándose más hasta que sus cuerpos se rozaron.

Sin más preámbulos, Franco llevó sus manos al torso de Checo, levantando su camiseta con urgencia pero con un toque tierno. Cuando la prenda cayó al suelo, el pecho firme y trabajado de Checo quedó al descubierto, y Franco no pudo evitar mirarlo con una mezcla de admiración y deseo.

—Esos malos días parecen ser mejores contigo —bromeó Checo, tratando de romper un poco la tensión.

Pero Franco no respondió con palabras. En cambio, bajó la cabeza, acercando sus labios al pecho de Checo. Sus labios rozaron suavemente la piel bronceada, besando delicadamente primero, antes de lamer con más intención, centrándose en los pezones duros de Checo. Franco tomó uno entre sus labios, chupando con intensidad, mientras su lengua jugaba suavemente alrededor. Checo cerró los ojos, dejando escapar un suave suspiro. El placer lo recorrió con rapidez, y no pudo evitar una risa baja y sarcástica.

—Veo que estás haciendo buen uso de lo que dijiste en esa entrevista —comentó Checo, refiriéndose a una ocasión en la que Franco, en medio de bromas, había mostrado su habilidad para doblar la lengua en forma de "taquito". —Dijiste que podías hacer más cosas, ¿no?

Franco levantó la vista, sonriendo traviesamente mientras sus labios seguían pegados a la piel de Checo.

—¿Quieres que te lo demuestre? —respondió Franco con una mirada que dejaba claro que estaba dispuesto a cumplir esa promesa.

Checo soltó una suave risa, aún más encendido por el descaro del comentario.

—Eso quiero ver.

Franco no necesitó más invitación. Bajó lentamente por el cuerpo de Checo, sus labios trazando un camino caliente por su abdomen, mientras sus manos desabrochaban con habilidad el pantalón del mexicano. Con cada segundo que pasaba, la habitación se llenaba de una tensión palpable. Franco, con un movimiento hábil, se arrodilló entre las piernas de Checo, listo para cumplir con su promesa.

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⏰ Última actualización: Oct 08, 2024 ⏰

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