Capítulo 8

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Tony estaba de un humor que rayaba en lo intolerable, y todos a su alrededor lo sabían. Los empleados, los asistentes, incluso los fotógrafos que lo perseguían cada vez que salía de su oficina mantenían su distancia. Sabían que acercarse demasiado significaba enfrentarse a un Tony lleno de sarcasmo afilado, y eso nadie lo quería.

Desde el secuestro, su humor no había mejorado ni un ápice. Tony siempre había sido conocido por su arrogancia, pero esta vez había algo más: una oscuridad palpable, una irritación constante que lo hacía prácticamente insoportable. Y el nuevo guardaespaldas no ayudaba en absoluto. Ni siquiera recordaba su nombre, y eso no le importaba. Lo único que sabía es que desde el primer día, ese tipo había hecho comentarios coquetos que Tony había ignorado. Pero cuando se volvió demasiado insistente, Tony lo había despedido en medio de gritos.

—¡Lárgate de mi vista! —le había gritado—. ¡No necesito a un incompetente detrás de mí!

El guardaespaldas, con una sonrisa forzada, había hecho una reverencia irónica antes de marcharse. Pero, como era costumbre últimamente, Pepper había intervenido, con su calma habitual y su lógica aplastante.

—Aún estamos buscando a alguien adecuado, Tony —le dijo, cruzándose de brazos—. Fury está ayudando, pero estos procesos llevan tiempo. Además, no puedes simplemente echar a todo el mundo.

Tony había fruncido el ceño, su mandíbula apretada. No le importaba lo que Pepper dijera ni lo que Fury hiciera. Lo único que quería, lo único que deseaba, era a James de vuelta. Pero James se había ido. Había desaparecido de su vida después de rescatarlo, después de esa noche en el motel. Tony había esperado que volviera, que hubiera alguna señal de que lo que habían compartido significaba algo, pero todo lo que recibió fue silencio.

Ese silencio lo carcomía. No porque estuviera solo, sino porque sabía que la única persona que quería a su lado se había ido sin una explicación.

Por eso, cuando la Met Gala llegó, Tony no tenía el menor interés en asistir. Pero la presión de los medios y los compromisos públicos lo obligaron a vestirse con uno de sus impecables trajes, y fingir una sonrisa frente a las cámaras. La gala estaba llena de celebridades, figuras influyentes, y gente que lo admiraba. Pero nada de eso importaba.

El salón estaba lleno, pero la opulencia y el brillo lo ahogaban. El bullicio de la gente, los flashes de las cámaras, las risas falsas, todo le resultaba insoportable. Así que, como lo había hecho tantas veces antes, decidió escabullirse, desaparecer de esa falsa perfección por un rato.

Sin que nadie lo notara, se dirigió a uno de los balcones del edificio, alejándose del ruido y la atención. Cerró la puerta de cristal detrás de él y respiró hondo, sintiendo cómo el aire fresco de la noche lo envolvía.

Por primera vez en toda la noche, se sintió un poco en paz.

Caminó lentamente hasta la baranda del balcón, observando la ciudad iluminada abajo. Las luces de Nueva York parpadeaban como estrellas artificiales, pero no le traían consuelo. No podía dejar de pensar en James, en la última vez que lo había visto, en cómo se había sentido seguro en sus brazos, como si nada pudiera herirlo mientras él estuviera allí.

Pero ahora… James no estaba.

Cerró los ojos y apoyó ambas manos en la baranda, respirando profundamente. ¿Qué más podía hacer? Había intentado seguir adelante, había intentado ser fuerte, pero el vacío que sentía desde que James se fue solo crecía cada día más.

Abrió los ojos y miró hacia abajo. El tráfico de la ciudad parecía lejano, como si estuviera en otro mundo. Los ruidos de los autos, las voces de las personas, todo se fundía en un murmullo distante. Se subió a la baranda, con los pies sobre el borde de metal. El viento lo envolvía, y por un segundo, se sintió casi… libre.

Bajo su protección; WinterIron.Donde viven las historias. Descúbrelo ahora