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Capítulo 23: Sin sentido.

Yoongi se sentía extraño, como si una sombra invisible lo envolviera. Había algo que no estaba bien. Su lobo, ese instinto innato que lo conectaba con su lado más primitivo, había estado inquieto y agitado durante todo el día, lanzando señales que él prefería no escuchar. Pero Yoongi, ansioso por alejarse un poco de la rutina y la carga que llevaba sobre sus hombros, decidió ignorarlo.

"Solo será una noche", se dijo a sí mismo, tratando de convencerse de que no pasaría nada malo.

Y sin embargo, en medio de esa incomodidad difusa, había algo que lo sostenía. Desde que Jimin había llegado, podía sentirse más tranquilo. La casa, que antes parecía demasiado grande y silenciosa, ahora respiraba distinto. Jihoo tenía salud, dormía bien, comía con apetito, y sus balbuceos llenaban los rincones con una alegría que no se podía fingir. Yena, por su parte, volvía a parecer esa niña risueña que siempre había sido, con sus cuentos inventados, sus preguntas curiosas y esa forma de mirar a Jimin como si fuera parte de un cuento que ella misma había escrito.

Sus hijos estaban en casa, cuidados, y con amor. Y eso, más que cualquier logro profesional, más que cualquier trato cerrado, era lo que realmente importaba. Yoongi lo sabía. Lo sentía en el pecho cada vez que los veía juntos, cada vez que Jimin se agachaba para acomodar una manta, para responder una pregunta, para sostener una emoción sin palabras.

Él también necesitaba un respiro. No solo físico, sino emocional. Un espacio donde no tuviera que ser el alfa fuerte, el padre impecable, el empresario infalible. Un lugar donde pudiera simplemente ser. Y aunque su lobo seguía inquieto, aunque la sombra no se disipaba del todo, había algo en la presencia de Jimin que lo anclaba. Que le decía, sin decirlo, que por ahora, estaba bien.

Las luces del pub parpadeaban en sincronía con la música estridente que llenaba el lugar. Las paredes, apenas visibles a través del humo que flotaba en el aire, estaban decoradas con neones y carteles brillantes que anunciaban distintos espectáculos para esa noche. Cada bocanada de aire que inhalaba estaba impregnada de alcohol y perfumes intensos, creando un ambiente que lo mareaba un poco. No era su tipo de lugar, lo sabía, pero Namjoon y Hoseok lo habían arrastrado hasta allí con la promesa de una noche diferente. Ahora, sentado en una de las mesas, Yoongi se sentía fuera de lugar, como si no encajara en ese escenario de risas ruidosas y hombres que miraban con ansia el escenario principal.

Hoseok parecía más animado de lo habitual, riendo a carcajadas y bromeando con Namjoon, mientras que Joon ya había traído un par de copas y las dejó sobre la mesa con una sonrisa.

—Vamos, Yoongi, relájate un poco— le dijo Namjoon, empujándole una copa. —No es tan malo, solo estamos aquí para pasar un buen rato.

Yoongi suspiró, tomando la copa con una mano temblorosa. El líquido dorado se movía lentamente en el vaso, reflejando las luces del lugar. Dio un pequeño sorbo, sintiendo el calor del alcohol quemar su garganta, y no pudo evitar hacer una mueca. No estaba acostumbrado a beber así, y mucho menos en un lugar como este. Observó cómo sus amigos se servían más, llevándose las copas a los labios y bebiendo de un solo trago. Parecía que ambos tenían planes de desinhibirse por completo esa noche, algo que Yoongi no estaba seguro de poder conseguir.

A medida que el alcohol comenzaba a fluir por sus venas, Yoongi miró a su alrededor, intentando comprender qué lo incomodaba tanto. Fue entonces cuando notó que la mayoría de los presentes eran hombres, y el ambiente tenía un aire cargado de expectativa, como si todos estuvieran esperando que algo sucediera. No fue hasta que las luces del escenario principal se encendieron que entendió en qué tipo de lugar había terminado.

I LOVE YOU, BOY | YOONMIN [COMPLETA]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora