PARTE 2

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Los primeros meses de vida de Jane fueron un torbellino de amor y aprendizaje. Jennie y Lisa se turnaban para cuidarla, para alimentarla, para cantarle canciones de cuna. Era un amor incondicional, un amor que las llenaba de una felicidad inmensa.

—Lisa, mira cómo sonríe—dijo Jennie, con los ojos llenos de ternura—. Es tan hermosa.

—Sí, es tan hermosa—confirmó Lisa, con una sonrisa radiante.

Jane crecía día a día, llenando sus vidas de alegría y color. Era un regalo de la vida, un sueño hecho realidad.

El tiempo pasaba, y Jane se convertía en una niña traviesa y curiosa. Jennie y Lisa la llenaban de amor y atención, la llevaban a parques, a museos, a la playa. Era un amor que no tenía límites, un amor que las unía aún más.

—Lisa, ¿crees que Jane se parece a mí?— preguntó Jennie, con un tono divertido.

—Claro que sí, mi amor. Ella tiene tus ojos, tu sonrisa, tu carácter—dijo Lisa, con una sonrisa traviesa en su rostro.

— Eres una mentirosa. Jane es idéntica a ti. Tiene tu pelo negro, tus ojos oscuros, tu sonrisa pícara—exclamó Jennie, riéndose mientras abrazaba a Lisa.

Lisa se acercó a Jennie, susurrando en su oído:—Tal vez un poco de las dos. Pero lo que importa es que es nuestra hija, la hija de nuestro amor.

Jennie sonrió, con el corazón lleno de felicidad. Jane era su hija, la hija de su amor, el fruto de un sueño que se había hecho realidad.

Un día, mientras Jennie y Lisa jugaban con Jane en el jardín, un fuerte dolor invadió el cuerpo de Jennie.

—Lili... no me siento bien—dijo Jennie, con la voz entrecortada.

—¿Jennie?, ¿qué ocurre?—preguntó Lisa, con una mirada preocupada.

—Lisa, no me siento bien. Me duele mucho la cabeza—respondió Jennie, con la voz entrecortada por el dolor.

—Nini, ¿qué pasa? ¿Quieres que llame a un médico?—preguntó Lisa, con una mirada preocupada.

—No, espera. Es solo un dolor de cabeza. Al rato ya se me pasará—respondió Jennie segura de sus palabras, con la cara pálida y el sudor en la frente.

Lisa, con un corazón lleno de preocupación, la ayudó a sentarse en el sofá.

—Jennie, no te preocupes. Te voy a preparar un té caliente y te daré algunos analgésicos. Tal vez te ayude a sentirte mejor.

Jennie asintió con la cabeza, con una sonrisa débil—. Gracias, Lili. Te amo.

Lisa besó su frente mientras se dirigía a la cocina. Mientras preparaba el té, no podía dejar de sentir una punzada de miedo. El dolor de Jennie era intenso, y no parecía normal.

—Jennie, ¿estás segura de que no quieres que llame a un médico?— preguntó Lisa, con un tono preocupado.

—Lisa, no te preocupes. Es solo un dolor de cabeza. Se pasará—balbuceó Jennie, con la voz débil por el dolor.

Lisa, con el corazón lleno de dudas, le llevó el té y algunos analgésicos a Jennie—. Toma, mi amor. Tal vez te ayude a sentirte mejor.

—Gracias, Lisa.

Lisa se sentó a su lado, mientras dejaba un beso en su frente—. Y, ¿te sientes mejor?

—No, Lisa. El dolor es peor. Creo que necesito ir al hospital—dijo, con la mirada perdida en el vacío.

—Jennie, no te preocupes. Te voy a llevar al hospital. Todo va a estar bien—mencionó Lisa, con la voz llena de miedo.

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Dos Corazones, Un Destino - JENLISADonde viven las historias. Descúbrelo ahora