Narra Hannah
El camino al bosque se sintió más oscuro y amenazante con cada kilómetro que recorríamos. Sentada en la parte trasera de la patrulla, podía ver la expresión concentrada de Natalie al volante. No paraba de mirar su teléfono, repasando algo en un mapa que había descargado y tomando notas rápidas en su libreta. A mi lado, Roger no dejaba de mirarla, como si en su prima hubiera encontrado una fuerza que él mismo no se atrevía a admitir que necesitaba.
Finalmente, Natalie rompió el silencio.
—He estado estudiando estos rituales desde hace tiempo. Las marcas que describieron en la cueva indican un tipo específico de invocación, algo que requiere sacrificios… —murmuró, y su voz se endureció—. Si mis sospechas son correctas, no tenemos mucho tiempo. Es posible que el espíritu que han invocado tenga control sobre cualquiera que entre en el bosque, especialmente los más jóvenes. Debemos estar atentos a cualquier cosa fuera de lo común.
—¿A qué te refieres con fuera de lo común? —preguntó Roger, su voz temblando.
—A cualquier cosa —respondió Natalie con seriedad—. Susurros, sombras, cambios en el clima… incluso personas actuando de manera extraña, como el hombre en la comisaría.
El bosque nos recibió con una frialdad inquietante. Los oficiales y nosotros avanzamos en silencio, con Natalie al frente, guiando cada paso. Al poco tiempo de adentrarnos en el sendero, noté algo raro en el suelo. Eran huellas pequeñas, como si varios niños hubieran pasado por ahí, arrastrando los pies. Natalie y yo nos arrodillamos para examinarlas.
—No son recientes —dijo ella, observando las pisadas—. Pero van en la misma dirección a la que vamos nosotros.
Al seguir el rastro, llegamos hasta un claro donde el suelo estaba cubierto de restos extraños: plumas, ramas rotas, trozos de cuerda… y, lo peor de todo, un trozo de tela. Lo reconocí al instante; era parte de la camiseta que Alice llevaba cuando la vi por última vez.
—Aquí estuvieron —dije, sintiendo el estómago revolverse. Sabía que debía mantener la calma, pero la desesperación amenazaba con apoderarse de mí.
—Están más cerca de lo que pensaba —dijo Natalie, con los ojos fríos y calculadores.
De repente, un sonido susurrante comenzó a rodearnos, como si las voces del bosque se volvieran susurrantes y cargadas de dolor. Uno de los oficiales se detuvo, mirando a su alrededor con evidente nerviosismo. Natalie le hizo un gesto de calma, pero sus ojos reflejaban preocupación.
—Es parte del ritual, una especie de defensa —explicó, apretando los puños—. Están intentando confundirnos.
Roger avanzó, su expresión decidida.
—No voy a detenerme hasta encontrar a Alice y Zack —dijo, y su voz, aunque temblorosa, sonaba resuelta.
Nos adentramos aún más, hasta que encontramos algo que nos heló la sangre: un árbol gigantesco con marcas talladas en la corteza, los mismos símbolos que habían descrito Zack y Alice. Pero esta vez, alguien había dejado algo clavado en el tronco: una pequeña muñeca de trapo. Al verla, Natalie dio un paso atrás, como si hubiera recibido una descarga eléctrica.
—Esto… esto no es solo un ritual —dijo en voz baja, sus ojos llenos de horror—. Es una ofrenda. Y significa que algo o alguien ya está reclamando sus vidas.
—¡No! —gritó Roger, arrancando la muñeca con desesperación.
Pero, al hacerlo, el susurro se convirtió en un grito ensordecedor. Las sombras alrededor parecieron moverse, y la temperatura bajó drásticamente. Uno de los oficiales retrocedió, su rostro pálido, pero Natalie, con más calma de la que sentía, agarró su linterna y proyectó su luz directamente sobre las marcas.
—¡Quédense juntos! —ordenó, su voz fuerte y autoritaria—. No dejen que el miedo los separe.
El grupo obedeció, aunque la tensión era evidente en todos. Natalie comenzó a murmurar algo en un idioma que no reconocía, y las sombras parecieron retroceder un poco. En medio de ese caos, escuchamos un débil gemido que venía desde lo profundo del bosque, un sonido que todos reconocimos: era Alice.
—¡Por aquí! —gritó Roger, echando a correr en dirección al sonido.
Sin pensarlo, todos lo seguimos. Corriendo entre árboles, esquivando ramas y raíces, llegamos a la entrada de otra cueva, una más profunda y oscura que la anterior. Roger se detuvo en seco, respirando con dificultad, y miró a Natalie, quien asintió con una mirada de aprobación.
—Tenemos que entrar —dijo, su tono decidido—. Es ahora o nunca.
Sin más demora, todos nos adentramos en la cueva, iluminados solo por las linternas y la determinación de salvar a nuestros amigos. Los susurros se hicieron más intensos, y sentí como si el propio bosque intentara retenernos, pero la presencia de Natalie, con su fuerza inexplicable y su conocimiento de lo que enfrentábamos, nos dio el impulso necesario para avanzar.
La cueva nos llevó a una cámara aún más profunda, donde el suelo estaba cubierto de velas apagadas, dispuestas en un círculo inquietante. En el centro, rodeados por símbolos y figuras extrañas, estaban Alice y Zack, inconscientes, pero vivos. La visión de ellos me llenó de una mezcla de alivio y miedo.
Natalie avanzó hasta el círculo y, con un movimiento decidido, comenzó a romperlo, arrasando las velas y borrando los símbolos en el suelo. Los susurros se intensificaron, y sentí como si el aire en la cueva se espesara.
Pero no me importó. Me lancé hacia Alice, sacudiéndola suavemente.
—¡Alice, despierta! —le susurré, rogando que respondiera.
Después de unos segundos eternos, los ojos de Alice se abrieron lentamente, enfocándose en mí. Una mezcla de confusión y alivio cruzó su rostro antes de que se volviera hacia Zack, quien también comenzaba a despertar.
—Están… están aquí —murmuró Alice, mirándonos a todos con una mezcla de incredulidad y gratitud.
Natalie nos miró, con una leve sonrisa que indicaba que el peligro estaba lejos de haber terminado.
—Tenemos que salir de aquí —dijo, su voz llena de urgencia—. Ahora.
Con cada paso que dábamos fuera de la cueva, los susurros se desvanecían, hasta que finalmente, el bosque quedó en silencio. Habíamos logrado rescatar a Alice y Zack, pero una sensación de inquietud persistía en todos nosotros. Sabíamos que, aunque habíamos ganado esta batalla, la oscuridad en ese bosque no se rendiría tan fácilmente.
Sin embargo, estábamos juntos, y ahora sabíamos que no enfrentaríamos esa oscuridad solos.
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Ciudad Enigma ( Completa)
Misterio / SuspensoDos protagonistas, ambos completamente diferentes deberán resolver el misterio que inquieta a su ciudad pero en este camino surgirán sentimientos encontrados entre ellos , será el destino o una simple atracción ¿ Que pasará?..
