Continuación:
En un pequeño pueblo rodeado de montañas, donde el aire era fresco y la vida parecía tranquila, Yoriichi había construido una nueva fachada para su vida. Cambió su apellido y borró su rastro como si nunca hubiera existido. La gente del lugar lo veía como un hombre amable y reservado, siempre acompañado de su "esposa", Michikatsu. Nadie sospechaba lo que ocurría detrás de las puertas de su acogedora casa.
Michikatsu, ahora convertido en una sombra de lo que alguna vez fue, se movía por el hogar con una obediencia impecable. Usaba ropa ancha y ligera, casi siempre de tonos pálidos, para ocultar las marcas que cubrían su cuerpo: moretones en sus brazos, mordidas en su cuello y costillas adoloridas por los golpes. Siempre tenía una sonrisa fingida en su rostro, pero sus ojos vacíos delataban su verdadera realidad.
—Michikatsu, el té, por favor, —pidió Yoriichi desde la sala, su tono suave pero cargado de autoridad.
—Claro, querido, —respondió Michikatsu con una voz apenas audible, moviéndose rápidamente hacia la cocina para cumplir con la orden.
Cada movimiento estaba calculado, cada palabra cuidadosamente escogida. Sabía que cualquier error, por pequeño que fuera, podía tener consecuencias dolorosas. Yoriichi había dejado claro desde el principio que "portarse bien" era la única manera de evitar el castigo.
A pesar de todo, cuando salían juntos al pueblo, Michikatsu se transformaba en una figura cálida y amable, especialmente con los niños que siempre se le acercaban. Ellos lo adoraban por su dulzura y paciencia, y Michikatsu les devolvía las sonrisas con una ternura ensayada. Pero en el fondo, lo hacía solo para mantener las apariencias.
—¡Señora Michikatsu, mire lo que hice! —gritó una niña mientras le mostraba un dibujo que había hecho en el suelo con tiza.
—Es hermoso, pequeña, —respondió él, agachándose para mirar el dibujo con más detalle. Sus dedos temblaron levemente al tocar la cabeza de la niña, pero logró disimularlo. —Tienes mucho talento.
Desde lejos, Yoriichi observaba todo con una sonrisa satisfecha. Le gustaba que los demás vieran a Michikatsu como la "esposa perfecta", alguien dócil, amable y encantador. Para él, esa era la vida ideal: un lugar apartado donde nadie cuestionara su relación, donde pudiera tener todo bajo control.
Cuando volvían a casa, Michikatsu retomaba sus labores domésticas con una precisión casi mecánica. Limpiaba, cocinaba y organizaba todo como le gustaba a Yoriichi, asegurándose de que no hubiera nada fuera de lugar. Sus manos a menudo temblaban mientras trabajaba, pero nunca se detenía. Sabía que cualquier descuido podría desatar la ira de su esposo.
Una noche, mientras preparaba la cena, Michikatsu dejó caer accidentalmente un vaso que se rompió en mil pedazos. Su respiración se detuvo, y un frío recorrió su espalda.
—Michikatsu, ¿qué fue eso? —preguntó Yoriichi desde el otro lado de la casa, su voz tranquila pero con un filo amenazante.
—L-lo siento... fue un accidente, —respondió Michikatsu rápidamente, agachándose para recoger los pedazos con manos temblorosas.
Yoriichi apareció en la puerta de la cocina, observándolo con una expresión neutral. Sin decir una palabra, se acercó y tomó el rostro de Michikatsu entre sus manos, obligándolo a mirarlo a los ojos.
—Sabes que no tolero los errores, ¿verdad? —dijo, su tono suave pero cargado de advertencia.
Michikatsu asintió, con lágrimas empezando a acumularse en sus ojos.
—Lo siento... no volverá a pasar, —murmuró.
Yoriichi sonrió y lo soltó, pero el daño ya estaba hecho. Michikatsu sabía que, más tarde, pagaría por ese pequeño error.
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𝗩𝗜𝗢𝗟𝗘𝗡𝗧𝗢𝗠𝗘𝗧𝗥𝗢 -𝗧𝘀𝘂𝗴𝗶𝗸𝘂𝗻𝗶'𝘀 𝗯𝗿𝗼𝘁𝗵𝗲𝗿𝘀-
RomanceMe dio ganas de hacerlo ATENCION LA HISTORIA NO SERÁ CORTA LOS CAPÍTULOS VARÍAN DE 1000 A 2000 PALABRAS - +18 - pensamientos suicidas - odio propio - autolesiones entre otros DISFRUTEN 🤭
